Viernes, 20 Octubre 2017

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Este Chile no pasa agosto

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Salvador Muñoz K. – Presidente del Partido de Izquierda (PAIZ)

Nunca había vivido algo como lo ocurrido este 4 de agosto. Fue un día definitivamente histórico. No recuerdo haberme sentido tan orgulloso de mi pueblo con algo en lo que pudiera participar. Me enorgullece la resistencia Mapuche, los logros de la Unidad Popular, la resistencia a la dictadura, y muchas otras cosas que no viví y que forman parte de nuestra historia. Pero esto es incomparable.

El 4 de agosto Chile despertó. La siesta fue larga, pero terminó. Lo del jueves no fue algo espontáneo como muchos quieren mostrar. Fue la explosión contra una suma de injusticias, desigualdades, atropellos y humillaciones que simplemente nos aburrieron. No las aguantamos más. Se acabó. Hace veinte años que nos prometieron un cambio y nunca llegó. Hoy, el pueblo chileno decidió recuperar su soberanía secuestrada. Cuando creamos el Partido de Izquierda (PAIZ) en noviembre de 2009, nunca imaginé que todas las reivindicaciones de nuestra Declaración de Principios, todas, iban a ser acogidas por el pueblo de Chile en tan poco tiempo. No porque seamos mayoritarios, ni grandes, ni poderosos. Sino porque vemos la realidad con lucidez y nuestra interpretación de lo que ocurre es adecuada. Ese es nuestro modesto granito de arena.

La respuesta del gobierno a lo ocurrido ayer es la muestra más clara de la incapacidad que tienen la actual institucionalidad y sus actores de darle una salida a lo que estamos viviendo. Apagan fuego con bencina. Piensan que con más represión nos vamos a desmovilizar. Flaco favor se hacen.

Las herramientas que les otorga la actual institucionalidad como la negociación entre cuatro paredes y los maquillajes gatopardísticos que permiten que todo siga igual están obsoletos.

El pueblo chileno reclamó ayer por su soberanía secuestrada. Se aburrió que Alianza y Concertación le sigan regalando las riquezas del país a un puñado de empresarios. Nos aburrimos de endeudarnos millonariamente por una educación que no educa en nada ni a nadie. Nos aburrimos de ver cómo regalan las riquezas que nos pertenecen a todos y con las cuales podríamos tener educación, salud y previsión de calidad, solo para que unos pocos privilegiados se enriquezcan. Nos aburrimos de prestar nuestra representación. El pueblo de Chile terminó por entender que sólo él puede representarse a sí mismo.

Algunos dicen que si los cientos de miles que ayer protestamos somos coherentes con nuestra crítica debemos inscribirnos en la próxima elección y hacer valer nuestro voto.

Pero, ¿vale algo nuestro voto con esta institucionalidad?

¿De qué sirve si las únicas dos opciones permitidas son la Alianza y la Concertación y ambas no son sino dos formas de lo mismo? Por supuesto que el voto es una herramienta fundamental de la democracia y debe ser un derecho irrenunciable. Sin embargo, eso es así cuando el voto decide algo. Este sistema político te hace votar para confirmar lo que ya fue decidido. Los problemas del sistema político son estructurales. Por tanto, sus transformaciones también deben serlo.

Este viejo Chile patriarcal, elitista, autoritario, oligárquico, centralista y discriminador no pasará agosto. La única salida a esta crisis terminal de la institucionalidad pinochetista y de esta forma de convivencia oligárquica y patriarcal es refundando un nuevo país, una nueva República.

Chile clama por una Nueva Constitución elaborada, por una Asamblea Constituyente. ¿Cuántos 4 de agosto más se necesitan para que lo entiendan?

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