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No están solos

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24/09/2011

Néstor Jorquera – Presidente de la Confederación Minera de Chile (CONFEMIN)

Hace un tiempo la ministra del trabajo Sra. Evelyn Matthei anunciaba y denunciaba, con mucha fuerza, que las Isapres pasaban un momento de crisis económica debido a la irresponsabilidad de trabajadores y médicos, que hacían un mal uso de las licencias médicas.

Eso llevó a que una significativa cantidad de licencias médicas les fuesen negadas a trabajadores enfermos que las necesitaban en toda justicia.

La Sra. Ministra también hablaba del aumento de los precios de planes de salud de las Isapres y de lo justo que era revisar los planes para que las Isapres no colapsaran y siguieran cumpliendo con su cometido. Así se aceptó que las aseguradoras privadas de la salud subieran arbitrariamente los precios de sus planes, sin consultarles a sus afiliados, y por lo tanto hubo que demandarlas a la justicia por lo que conviene calificar de abusos.

El Estado y los gobiernos de turno parten de la base que la salud es un bien de consumo, y por consiguiente que puede y debe estar en el mercado, transarse como una mercancía cualquiera para lucrar con ella a costa de la salud de la clase obrera y del conjunto del pueblo de Chile.

Habida cuenta de los resultados económicos de las Isapres y de sus extravagantes ganancias, uno no sabe si  felicitar a los que lucran con la salud y a los que los protegen, o quejarse en las Naciones Unidas por crimen contra la Humanidad. Todo depende si uno se sitúa en el campo de los abusadores o en el campo de las víctimas.

Estas gigantescas ganancias que genera la salud, las gigantescas ganancias que generan la banca y el retail, son apropiadas por un pequeño grupo de privilegiados, que son los mismos que hacen su agosto en la educación y otros sectores de la economía. Grupos empresariales protegidos por la justicia, por el gobierno, por el Estado y toda su estructura, especialmente por un Congreso que carece de toda representatividad y de toda legitimidad, porque está compuesto por parlamentarios designados a dedo. Un dedo binominal, -o simplemente un dedo-, como el que designó en su día a un Schilling, y otro día a un Larraín o a una Ena von Baer.

Lo que está ocurriendo en nuestro país en estos días es la prueba de que el pueblo se cansó de un exceso de abusos y promesas falsas. Los Estudiantes están en la calle reclamando sus derechos, y la pregunta que tenemos que hacernos es:

¿Cuando los trabajadores nos pondremos de pie y saldremos a la calle a reclamar?

No hace falta ser economista ni venir de Harvard para saber que todas las ganancias que obtienen estos  usureros han salido de nuestro trabajo. Nosotros pagamos la salud, nosotros pagamos la educación de nuestros hijos, nosotros nos endeudamos para suplir nuestras necesidades. Por lo tanto no podemos seguir impávidos, como si no pasara nada. Tenemos que salir con mucha fuerza a proteger a los Estudiantes, a apoyarlos, a ayudarlos. No podemos permitir que el gobierno juegue con ellos: por una parte los llama a dialogar y por la otra igual manda sus proyectos propios al parlamento, a espaldas de ellos.

Tenemos que unirnos, trabajadores y Estudiantes. Unidos podemos lograr cambiar la historia de este país.

Politika

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