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Escalona y la brújula política

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29/09/2011

Isidro Peñasco

Para actuar en política se requiere un instrumento: la brújula. Esta es –naturalmente- intelectual, metafísica y es uno de los principales instrumentos que debe tener y dominar un político. Sin ella está perdido. Si carece de ella, cuando los pueblos a los que quiere encabezar o dirigir anden por un lado, el político andará por otro, perdido en la selva confusa, complicada, enredada de cada momento político en una sociedad. Sin brújula.

Esta “olfato” (que así también la llaman a la brújula) tiene finos componentes y requiere cuidado y mantención. Uno de ellos es la capacidad de observar la realidad que debe tener el político. Es decir ver las cosas como son, no como el quisiera verlas.

En un caso extremo puede ser que el político este profundamente equivocado de profesión. Me refiero a que sea una persona ambiciosa que quiere ganarse la vida bien y tener mucho dinero y figurar; que lo amen por sus funciones; que lo admiren y ha puesto a la política como medio para obtener esas ventajas.

A ese tipo de personas se las denomina “oportunistas” en el lenguaje político. Esas personas tienen una brújula, solo que ella no funciona para visualizar la orientación que siguen los pueblos o la sociedad donde actúa el político, sino que está ajustada para indicarle al susodicho político oportunista, de que lado sopla el viento de las oportunidades de ganar dinero; ser famoso, que lo amen y que lo admiren. Este tipo de político es un sustituto, un farsante de la política, uno que representa un papel y que no hace política en el fondo, no ejerce la profesión, sino que la usa para sus fines personales. Es muy común entre la numerosa fauna de personas que dicen que son “políticos” y son en el fondo los que desprestigian a esa actividad en general porque las personas muy luego se dan cuenta de que la brújula que los guía no es el bien común, los asuntos generales de la sociedad, sino que sus asuntos personales

Este tipo de actividad tiene visos, apariencias, de ser actividad política, pero en el fondo no lo es. Es una actvidad comercial como cualquiera, ya que el político lo que hace es “venderse” para ganar plata y que lo admiren.

Todo este largo preámbulo para hablar de los políticos de la Concertación de Partidos por la Democracia que han llegado a tener un recor de baja en la estimación de los votantes en Chile: un 17%. Es la misma coalición  que obtenía votaciones de un 60% en los noventa y nunca bajó de un 50% en las presidenciales.

¿Que les ocurrió?

¡Perdieron la brújula!. Se les arruinó, esta defectuosa o lo que es mas grave: es que nunca fue una brújula política, mas bien fue una oportunista.

Esta terrible sospecha nos asaltó, como un aire maligno, cuando leímos una carta o artículo que escribió el ex alto dirigente del PS y Senador Camilo Escalona a sus congéneres del Partido Socialista de Chile. Este es el texto:

 

“¡¡Basta!!. Por Camilo Escalona Medina. Senador

Basta ya de protagonismos irresponsables. Esa nociva distorsión en los valores debe cesar cuanto antes.

Basta de autodestrucción. Por momentos, pareciera que se contrató una empresa de demoliciones para ejecutar la insólita tarea de echar abajo la Concertación de Partidos por la Democracia.

Resulta increíble que quienes han sido parte de ella como parlamentarios, ministros, subsecretarios, embajadores, intendentes y otros funcionarios de alto nivel se concierten entre sí para realizar el propósito de embestir, hasta desplomar, la alianza política bajo la que se cobijaron y que les permitió llegar a sus elevadas investiduras y estándares de vida.

Es inexplicable la amnesia o la doble conducta para desdoblarse, desde el amor más incondicional hasta el odio más frenético. No es creíble. Esa conducta es lo que siembra y acentúa la desconfianza y el descrédito de la política.

Los ciudadanos no encuentran una explicación coherente, salvo una desmedida búsqueda de popularidad, amparada o motivada por el péndulo terrible de las encuestas. Sin embargo, más parece inseguridad en el proyecto en el que participaron y debilidad de las convicciones personales.

He llegado a esta conclusión al observar, desde hace ya varios años, el comportamiento errático de muchos en política; el tener una opinión un día y, al siguiente, otra completamente distinta. Me causa perplejidad la satisfacción frente a la propia incoherencia o, lisa y llanamente, ante el oportunismo. De esa conducta es imposible que pueda surgir una convocatoria que dignifique la política y entregue confianza a los ciudadanos y ciudadanas.

Basta ya de protagonismos irresponsables. Esa nociva distorsión en los valores debe cesar cuanto antes.

"Si en la encuesta de hoy, la Concertación tiene apoyo, entonces me declaro concertacionista. Si aquella que se publique mañana indica que los vientos soplan en sentido contrario, entonces, no queda otra, soy anti-concertacionista".

Por ese camino, el descrédito será definitivo.

Basta ya de zigzagueos, repongamos las convicciones (¡sic!).

La costumbre de ir tras una popularidad fácil, según las mediciones de opinión, será fatal. Así no se construye un proyecto de país que sea posible.

Hay que decir basta a esa conducta errática e inconducente. Hay que retomar propósitos compartidos y objetivos comunes, que es lo que da sentido a una propuesta de país, que fue, precisamente, lo que nos dio mística y unidad.

Basta de filtraciones para desprestigiar desde el anonimato. Hay que retomar una ética de esfuerzos comunes, en que la tarea de uno sea la tarea de todos.

El tiempo se acabó. Basta de demoler, llegó la hora de reconstruir.”

Hasta aquí la carta.

El “Pathos” de la misma es mas bien grandilocuente. Escalona se debió sentir como Zeus desde el Olimpo lanzando sus rayos de condena a los hormigueantes humanos en el llano. Ordena Escalona: ¡Basta!, comanda, “basta de demoler, llegó la hora de construir.”

Bueno habría que recordarle que para Perogrulladas ya tenemos suficiente con las del Presidente en ejercicio y otros corifeos. ¿Que otra cosas pueden hacer los partidos y sus dirigentes y militantes que afanrse constantemente en “construir”?. Casi ninguna...si son políticos. Que si son oportunistas. Bueno, en ese caso canta un gallo distinto y puede que hasta sea sensato demoler lo que no sirve para reemplazarlo por algo distinto. Como quien dice este escenario, este circo, estos payasos ya no hacen reir a nadie. No encantan a nadie. Hay que reemplazarlos ya que “la alianza política bajo la que se cobijaron y que les permitió llegar a sus elevadas investiduras y estándares de vida”...

Escalona es responsable de todo. Fue el factotum del PS. Es el quien formó a la camada de dirigentes que hoy siguen haciendo lo que hicieron siempre: poner la política al servicio de sus asuntos personales que si así no fuera no tendrían los “estándares de vida” que menciona  el senador socialista.

Desde otra esquina. La exigencia del senador a sus conmilitantes se refiere a la estructura, al marco institucional, al aparato de la Concertación. Escalona no discute si Chile debe darse otra constitución política. No anima a ponerse creativo y ver que se debe cambiar en Chile. No apunta a un programa político. “Así no se construye un proyecto de país que sea posible...”, dice y revela involuntariamente su creencia firme y que ha comandado toda su actividad. “la política es el arte de lo posible y lo que es posible lo dice la derecha...”. Es que no puede porque nunca lo tuvo ese programa, ni el ni la Concertación. Fuera –claro- de cuidar y mantener el aparato tramposo que dejó Pinochet asesorado por el malogrado senador Guzmán y sus “boys” de la UDI.

¿Es este signo, un anuncio de que la Concertación se hundirá con la bandera del oportunismo al tope?

Los griegos aseguraban que “los dioses ciegan a los que estrán perdidos”.

¿Estará “perdida” la Concertación que desde su esquina solo se escuchan “cartas” y filípicas al estilo de esta de Escalona?.

Lo que es autocritica; discusión de cara al pueblo y una casi inpensable confesión de sus errores; un cambio de rumbo; una propuesta programática; un apoyo decidido y sin condiciones a los Estudiantes. Nada de eso se oye por el lado de los concertados.

No creo que esté perdida la Concertación pero que los que figuraron en la burbuja rosada del gobierno y la riqueza en los últimos 20 años parece que realmente perdieron la brújula, -no la política que esa nunca la tuvieron- sino que la oportunista. Nada les resulta. Parecen estar hablando entre ellos mientras la nación chilena que habla por los Estudiantes los dejó hablando solos en el camino.

La Concertación parece mas preocupada de si misma que de los asuntos nacionales, las inquietudes del pueblo chileno, de su juventud. ¿Es que alguna vez fue de otra manera?.

A juzgar por lo obrado en 20 años de gobiernos con mayoría en el parlamento, parece que fue así y que los chilenos fuimos simples espectadores de una película en la que nos mostraron los ascensos verticales en riqueza y en la societé de estos personajes, que al día siguiente de las elecciones presidenciales del 2010, despertaron creyendo que seguían durmiendo y padeciendo una pesadilla: “se desencantaron los rotos”: “no desalojaron, como dijo Allamand”; “se acabó todo”.

Es que no podía ser de otra manera. Fuera de que Chile se sacó de encima a los esbirros de la CNI, la Concertación no hizo nada de lo que escribieron sus secretarios y difundieron como “programas”. Nada. Al contrario. Profundizó la desigualdad; vendió todo lo que quedaba por vender al extranjero (recordemos que la venta de ENDESA, por ejemplo, fue durante la Concertación); entregó las minas, el mar, los bosques y el agua potable a los consorcios extranjeros. Le pusieron ruedas a Chile, como quien dice. Parecían afanados pagando favores concedidos que en Chile nadie sabía que eran, esos favores...

Y ahora se declaran sorprendidos porque no los quiere nadie y la derecha a la que sirvieron tan servilmente y tan aficazmente, recordemos que los empresarios llegaban a mearse de gusto con cada decreto que dictaba Lagos, el del “dedo de oro”, esa misma derecha los desprecia como ha despreciado siempre al pueblo.

Una primera aproximación –cautelosa y tímida- a una oferta de senda, camino o trayecto que se podría aconsejar a la Concertación sería que debe “refundarse” y el proceso de refundación debe partir por dicutir de política. Es decir que política quieren hacer al servicio de que programa, concreto, real y que se ajuste a los que anhelan los chilenos. Como corolario de esa reflexión debería organizarse una estructura.

Desafortunadamente lo están haciendo al revés. Están preocupados del instrumento y la música ni la miran.

Bueno la música la tocan los jóvenes en Chile, y los padres, las madres, los empleados, los obreros, los profesionales, los técnicos, los pescadores, los pobladores, los artistas, los escolares. Ellos cantan por las calles de Chile y anuncian con una acertividad brillante lo que quieren, en forma clara y precisa: educación gratis para todos y en todos los niveles, lo que conlleva necesariamente un cambio de paradigma educacional y como un castillo de naipes se agregan los decretos vigentes de la Junta; las leyes secretas y las públicas de la Junta y la constitución de la Junta Militar de Gobierno presidida por el Capitán General, Benemérito Augusto Pinochet Ugarte que es el que sigue gobernando en Chile y tanto es así que hay que hacer una rebelión popular para sacarlo –esta vez defintivamente- del poder en el país.

La pregunta final es ¿que tiene que ver la carta de Escalona que publicamos, con Chile y sus problemas?

Respuesta: muy poco.

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