Jueves, 19 Octubre 2017

Actualizado11:38:01 AM GMT

You are here:

Los 4 millones de Hamlet chilenos "Inscribirse o no inscribirse, he ahí la cuestión..."

E-mail Imprimir

¿Se requiere una gran capacidad de relacionar ideas, ver contextos y razonar correctamente para que un ciudadano decida inscribirse en los Registros Electorales e ir a votar para lograr que cambie lo que el quiere que cambie?

La pregunta –un tanto provocadora- se debe responder con un rotundo SI.
Los hechos del artículo que publicamos en la Portada (sección Política) de este medio obligan a pensar que es así, ya que los jóvenes, menores de 24 parecen estar obnubilados. Parecen no entender la situación nacional, el país en que viven y la salida que se ofrece para llevar adelante los cambios que ellos ven como necesarios.
Para cambiar algo en Chile se requiere lo que los comentaristas y “opinólogos” han definido como “reformas políticas”, entre las que se encuentran de menor a mayor: reforma al sistema binominal chileno; reforma a la educación; reforma al sistema de salud; al sistema de jubilaciones; control de los sistemas financieros; control de los monopolios; reforma a la ley que regula la explotación de las minas de cobre y otras. El catálogo es largo y está estrechamente interrelacionado.
Es decir –tomando un ejemplo de un punto de la lista- si se quiere reformar las jubilaciones, el camino es terminar con las AFP y volver a un sistema de aportes paritarios (como existía en Chile), de los empresarios y los trabajadores, que opere en forma solidaria y esté bajo control paritario de los trabajadores y los empleadores con un voto decisivo del Estado. Sin lucro y que trabaje a costo.
Basta imaginarse la magnitud y la profundidad “revolucionaria” que tendría esa sola medida. Para llevarla adelante habría que reformar la Constitución y una serie de leyes; habría que eliminar una serie de oficinas y conjuntos administrativos (Superintendencias...).
¿Se puede hacer –y hablamos solo de una reforma a las AFP- algo así, con movilizaciones en las calles por mas masivas que estas sean?.
No se puede, como lo ha demostrado la mas masiva protesta ciudadana que se conoce en Chile por la reforma a la educación. El Presidente y sus boys se deben morir de la risa, junto con los apernados del Parlamento y todos los que profitan del sistema. Y de hecho se brulan en los hechos porque no han hecho otra cosa que seguir con su “reformita” y se han limitado a reprimir brutalmente a los Estudiantes y gritar que son “intransigentes”, los Estudiantes se entiende.
Hasta ahora no ha cambiado nada. Ni un ápice. Al contrario los “cambios” son para mejorar la situación de los que ganan millones con la educación nacional y la tendencia de arruinar a las universidades, escuelas y liceos estatales sigue su curso y se acentúa con el plan “GANE”. El modelo termina con TODA la educación comercializada.
Todas las otras reformas para iniciar la construcción de un país en forma, con un sistema racional y con una distribución del ingreso decente, pasan necesariamente por los cambios señalados y culminan en la necesidad de una reforma a la Constitución o su reemplazo por otra, sancionada legitimamente por los chilenos.
El otro camino -que también existe- es tomar las armas, derrocar al gobierno, poner un gobierno provisional que llame a una Asamblea Constituyente y hacer una revolución en Chile.
Ese camino no es que esté cerrado por causa de los que gritonean y que claman porque la “violencia” y todo el cuento retórico de los “valores” (esos mismos que sirven para mantener en la pobreza a millones), sino que por causa de la realidad social chilena, por la historia y un sinúmero de otros factores que lo mantienen fuera del imaginario colectivo. En Chile hicimos una revolución armada para imponer la Independencia, derrotamos a los ejércitos de España; nos enfrentamos en una guerra civil entre conservadores y liberales que terminó con la derrota de Lircay; nos enfrentamos en 1891 en otra guerra civil por el salitre. No es que no conozcamos el camino militar. Lo que ocurre es que no lo queremos por razones obvias.
Sin embargo la intransigencia de los que gobiernan y son dueños de Chile nos dice claramente que están decididos a todo como siempre lo han estado y nosotros solo podemos ofrecer a esa fuerza y poder, marchar pacíficamente por las calles de Chile y es tal nuestra debilidad que hasta nos reprimen brutalmente cuando lo hacemos.
¿Que camino queda entonces?
El voto. Incluso con el binominal los podemos barrer del Ejecutivo, del Parlamento y de todos los centros de poder. Si el padrón electoral sube de 8 millones a 12 como debería ser, quiere decir que una alternativa de cambio (está formulada, existe como programa, está todo ya formulado y discutido) podría doblar en casi todos los distritos y circunscripciones y poner una mayoría sólida en ambas cámaras para hacer los cambios que se requieren.
Así se podría realizar la exigencia tácita de millones: “que se vayan todos” y pasarían a ser un mal recuerdo todos los “políticos”; los mangoneadores, los manipuladores, los encantandores de ingenuos, corruptos, oportunistas y vendidos.
¿Porque no somos capaces de entender algo relativamente sencillo y nos mantenemos con una porfía incomprensible en la posición de que “no voy a votar, no me inscribo”?.
Somos mayoría en Chile. Y somos jóvenes en Chile. La gran mayoría de las chilenas y chilenos son jóvenes y deberían decidir todas las elecciones como lo dice el artículo que publicamos en la sección Polítioca Nacional.
Por eso, teóricamente, el inscribirse y votar debería ser prioridad número uno para todos.
Sin embargo no lo hacemos.
El movimiento estudiantil alemán y europeo del año 68, enfrentado a la cerrada e intransigente opisición del sistema establecido, se dividió en dos fracciones: los que querían seguir “el largo camino de las instituciones” y la que se llamó “Fracción del Ejército Rojo” (Rote Armee Fraktion, RAF), guerrilla urbana que por el hecho de no contar con ningún poyo de masas, terminó siendo un grupo terrorista que fue eliminado físicamente por el Estado alemán y dejó una huella de sangre en la historia alemana, sin conseguir ningún objetivo para los trabajadores germanos. Al contrario hizo retroceder a las masas al estado en que hoy se encuentran.
En Chile no tenemos otro camino que el largo por las instituciones y para ello se requiere elegir representantes legítimos. Incluso para cambiar el sistema electoral se requiere elegir diputados y senadores que tengan como mandato ese y otros cambios.
No hay otro y mientras nuestra juventud no entienda eso, seguiremos igual.

Escribir un comentario

Este es un servicio de comentarios de ElChileno. Entendemos que Ud comentará las notas bajo su criterio personal y su responsabilidad e identidad. Las notas son monitoreadas y se publican todos los días a una hora indefinida. Nos reservamos el derecho a borrar entradas que no estén en contexto o cuyo fín sea sexista, clasista, racista, segregacionista o antidemocratico


Código de seguridad
Refescar