Sabado, 16 Diciembre 2017

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¿El escándalo Krassnoff es una amenaza velada del pinochetismo?

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Isidro Peñasco
En Chile tenemos un estilo eufemístico para tratar los temas políticos. Es decir el escenario principal nunca está completamente iluminado en el teatro nacional. Los temas se tratan indirectamente, con eufemismos de acción y lenguaje. Siempre en escenario laterales, concentrados, pequeños y que reflejan como la metáfora de la caverna de Platón, la realidad “grande”, amplia. No se nombran las cosas por su nombre. Siempre se sugiere, se usan metáforas, a veces acertadas otras groseras.

Parece ser el caso del tema que domina la opinión nacional: el homenaje al oficial de Ejército condenado a 144 años de prisión que es uno de los criminales mas  “destacados” del aparato represivo de la dictadura y con una biografía familiar coherente.
Al margen de lo anecdótico de la escena que fue anunciada y realizada por la  municipalidad de Providencia en manos de un ex oficial también vinculado a la represión pinochetista y en libertad -como muchos otros civiles y uniformados- todo el tema, desde el escandalete de la respuesta de La Moneda a la “invitación”; el conocimiento público de una editorial que pone libros panegíricos de la dictadura y del dictador en el mercado y la irritación que causó en Chile el tema, todo el conjunto tiene una “atmósfera” fantasmal: la dictadura está presente, realmente, con sus esbirros incorregibles, con sus mujeres furiosas que gritan “están bien muertos” o los que gritan desde el anonimato: “mátenlos a todos”.
Todo ello -creemos- es un reflejo condicionado, un tanto ciego, pero al mismo tiempo eficaz, al Movimiento de los Estudiantes chilenos que marca un quiebre en la política nacional: la destrucción de los “mitos” como escribe Camila Vallejo en un artículo en Le Monde Diplomatique de Santiago (lo publicamos en la sección Comentarios).
Con la astucia que los caracteriza, los oligarcas y sus lacayos han entendido quizás mejor que los que quieren cambios, que lo actuado por los Estudiantes tiene un carácter estratégico, de largo plazo. Ven que el “modelo” que tanto los ha beneficiado, se cae a pedazos en todos los rincones de Chile. Que las chilenas y chilenos ya no quieren mas y la desilusión se manifiesta en forma moderada, o con rabia y con violencia en contra de las cosas, en contra de los símbolos de la que llamaron “transición” que no fue tal sino que mas bien una continuación de lo mismo pero sin el milico en la cúspide del Estado.
Las chilenas y chilenos comienzan a entender -unos mas claramente que otros- que vivimos en un país de mentiras en el que nada es verdad: ni la democracia es verdadera, ni la justicia; nada es verdad. Todo es una mera retórica que cubre con un manto de mentiras la dura realidad de un país empobrecido; subdesarrollado; lleno de autos importados y aparatos que no fabricamos nosotros y que agoniza en su base por la pobreza, el acoso mercantilista; la falta de esperanza y oportunidades.
Es lo que los derechistas gustan de definir como “acabo de  mundo”. El mundo que ellos impusieron agoniza. Está herido de muerte. El Goliat oligárquico fue golpeado certeramente por el David estudiantil y ya parece percibir que le llegó el último minuto.
Y la reacción es consecuente. Entienden claramente que a partir de ahora Chile inició un camino que terminará con el “desalojo general” de todos los actores que participaron en esta etapa de la historia nacional y que Chile por ser el primer país en el que se experimentó la “terapia de shock” (Naomi Klein) el único y real “ejemplo para el mundo” que hemos dado, el laboratorio en que se ensayaron las políticas neoliberales que serían impuestas por Thathcher y Reagan en todo el mundo desarrollado y que hoy fracasan en Europa y los Estados Unidos, camina a ser el primer país en que ese modelo de sociedad será reemplazado por otro solidario, realmente democrático y libertario.

Como saben que no tienen respuesta a las demandas de los Estudiantes y con ellos a las demandas de todo Chile, es que reaccionan con amenazas y todo el acto “Krassnoff” fue eso: una amenaza.
Chile recibió el recado eufemístico: estamos aquí; somos incorregibles; creemos que lo que sirvió ayer puede servir mañana si se atreven a cambiar la “obra” de mi general, volveremos con toda la furia y la brutalidad representada por Krassnoff. Ninguna prédica “humanista” nos ha cambiado. Somos los mismos que si nos amenazan volveremos.
Es ese trasfondo el que explica la irritación causada en Chile por el tema.
En ese escenario lateral se manifiesta lo que ocurre en el escenario nacional.
Naturalmente que el gobierno, la derecha y la oligarquía nacional nunca aceptarán discutir francamente, derechamente lo que plantean los Estudiantes y Chile entero.
Saben quje no tendrían argumentos para poner en el tapete nacional esa discusión, por eso no “negociaron” con los Estudiantes. No podían, porque saben que esa discusión termina con una Asamblea Constituyente.
Pero ¿existe una posibilidad real de que “saquen los militares a la calle” o que intenten o den un “golpe” militar?
Creemos que no. No porque falte voluntad en algunos que verían con satisfacción una aventura de esa clase que les prometería terminar con toda la faramalla revoltosa, violentista y anárquica que amenaza sus intereses, sus dinerillos ganados a la sombra del dictador. Esa alternativa no es posible hoy porque las condiciones políticas no están dadas. La Democracia Cristiana no está disponible para una aventura como lo estuvo en los 70. Peor aún, la DC está defendiendo su influencia en la clase media chilena, en la juventud que ya no obedece ni quiere hacerlo. Está en un desesperado esfuerzo por recuperar su ascendiente en los sectores medios que son disputados por la Udi y RN, los que a su vez tampoco se embarcarían en esa aventura.
El camino del golpe está cerrado y si alguno lo intenta será una anécdota tan patética como la del teniente coronel Antonio Tejero de la Guardia Civil española en el Parlamento de Madrid el 23 de febrero de 1981.
Sin embargo, las chilenas y chilenos deberán dstar atentos. Los “zombies” pinochetistas gozan de buena salud -como quedó demostrado en Providencia- y Chile debe observar con atención en que andan ya que son dañinos. Los cadáveres políticos de Pinochet; los viudos y viudas del tirano están, viven en Chile y se organizan, se visitan; editan sus panfletos mentirosos que intentan justificar lo injustificable y sobre todo creen realmente que la dictadura fue beneficiosa para Chile.
 

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