El Abecedario social

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Estimado lector. Le solicito cordialmente que para leer lo que sigue asuma que el concepto “Chile” es una idea que tenemos “los chilenos” en la cabeza y que no es otra cosa en lo fundamental.

De ese concepto se deriva que todo lo que ocurre en Chile nos afecta en cierta medida a todos. Que los asuntos puramente individuales, es decir que son producto y afectan a una sola persona, son casi inexistentes, ya que los chilenos estamos vinculados por cientos de relaciones que van desde las simples de pareja, hasta las generales políticas que tienen que ver con millones de personas.
Un ejemplo simple: Santiago tiene seis millones de habitantes de los cuales casi ninguno produce alimentos. Las verduras, la carne, el trigo con el que se hace la harina para el pan son productos que miles de trabajadores cultivan; cosechan; transportan; y venden para que los seis millones puedan sentarse a almorzar todos los días. Es decir los seis millones están estrechamente vinculados con los que los alimentan. Es decir nadie en Chile puede alegar que “yo estoy solo en el mundo y todo mi destino, mi fortuna dependen de mi personalmente”. Si fuera así tendría que tener una vaca en casa y sembrar trigo en el patio...
Somos animales sociales como lo definió el filosofo griego Platón hace 3 mil años.
Ahora bien. ¿la riqueza es particular o colectiva?.
Los que tienen mucho dinero y propiedades, empresas, etc. también dependen del resto de los chilenos. Nadie puede realizar un emprendimiento (a no ser que sea un buque manicero o un pañuelo en la calle para vender lápices) sin el concurso de muchas personas y menos mantener el negocio.
La riqueza es producto del trabajo de muchos que es acumulada por unos pocos.
Lo que pagamos por nuestra mantención es producto de nuestro trabajo, sea sueldo o ganancia (que incluye lo creado por los que trabajan para mi), trabajo que es el aporte que hago para tener derecho a gastar y mantenerme.
Es decir el agricultor que plantó la lechuga con la que hice la ensalada recibe una cantidad de lo que pagué por la lechuga para que el pueda mantenerse y gastar también.
Ahora bien veamos que pasa con la educación de los niños chilenos y de los jóvenes.
Si nos entendemos como un país, una nación estrechamente vinculados entre nosotros, la educación de nuestros hijos es un asunto prioritario, central, quizás el mas importante de todos los otros.
La educación tiene un costo. Hay que construir locales escolares; pagar ropa escolar; libros; profesores; administrativos; transporte; es decir la educación es cara y tiene un costo que lo pagamos todos...¿todos?. No, el modelo que nos impuso Pinochet dictó que la educación es un asunto que deben pagar los padres del niño o el joven. Que es un asunto individual como comprar la lechuga o el pan. Que los alumnos son “clientes” de una “empresa” que “vende” servicios educacionales.
Por lo menos esa es la teoría que hemos denominado “neo liberal”, pero los que implantaron el modelo se enteraron de que hay millones de chicos cuyos padres no tienen para pagar la escuela y menos la universidad (eso es porque el modelo también hizo cambios en las relaciones económicas y de trabajo en Chile, pero ese es otro aspecto), por lo que los creadores del sistema decidieron trasladar a las municipalidades el gasto de mantener escuelas primarias y liceos y derivar fondos (lo menos posible) desde el Estado para que funcionaran. También iniciaron un proceso por el cual se fomentaba la creación de “empresas” educacionales con dos medidas complementarias: una, exigirle a las universidades que se autofinanciaran y dos, pagar subvención a los “emprendedores” que quiseran instalarse con el “negocio educacional” y recibir “clientes” para educar.
Es decir los creadores del sistema dijeron que la educación de los niños y los jóvenes es un asunto personal, individual ya que la “sociedad” no existe, es solo un agregado de individuos regido por la “mano invisible del mercado” y por lo tanto no hay “deberes” colectivos ni gastos “colectivos”. Claro: las FFAA ni siquiera las mencionan en este alegato.
Solo que el gasto en educación sigue igual. Está derivado a los bolsillos de los que tienen hijos, pero igual se gasta.
Y se gasta colectivamente porque Chile está mayoritariamente formado por familias, grupos familiares con hijos.
O sea tenemos una discriminación grave: los que tienen hijos pagan la educación. ¿Y los que no tienen?. No pagan nada. ¿Se benefician de la educación nacional?. Es eviente que si, ya que sin educación Chile desaparece. Deja de existir la idea de Chile y en menos de dos generaciones seríamos un ente sin “personalidad” sin educación.
Finalmente: hay algunos en Chile que aseguran que la educación no puede ser gratuita. Efectivamente, no es gratuita, cuesta dinero y no poco. El problema es que Chile no ha dejado nunca de pagar por la educación, el costo incluso se ha visto aumentado en la exacta medida de las “ganacias” de los que profitan con ella. Monto que nos ahorraríamos como Chile, como país, si pagamos la educación desde un fondo general al que aportan todos (es decir con los impuestos de todos los chilenos). No tendríamos que gastar mas. Lo que pasaría es que se educarían todos y se caminaría en dirección a la igualdad de oportunidades, la misma que es interferida por el lucro, la ganancia, que se succiona a los bolsillos de los padres (y solo de los padres) actualmente.
Ejemplos de este mismo absurdo hay otros. El transporte colectivo por ejemplo. El Estado subvenciona al sistema Transantiago. ¿Que subvenciona el Estado?. Las ganancias de los empresarios que operan el sistema y al parecer no lo hacen tan bien. ¿Por qué no asumimos colectivamente y con una empresa del estado (veáse el Metro) la locomoción colectiva y nos ahorranos la subvención?. Nos saldría mas barato y podríamos, por ejemplo, sin problema, dejar viajar a los escolares y Estudiantes sin pago...
Claro, para ello hay que abandonar la creencia de que no somos una ”sociedad” sino que un agregado de individualidades y abandonar la idea de que es la “mano invisible del mercado” la que regula todo y bien y...abandonar la ideología de la que nos hicieron esclavos y seguir creyendo que cada uno de nosotros es el “solito” el artífice de su propio destino, que no hay asuntos colectivos; que cada uno se las arregla como puede sin que la sociedad tenga nada que ver en ese arreglarse...