Miercoles, 18 Octubre 2017

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Los revolucionarios que llegaron tarde

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Isaac Gajardo ©
Durante esta semana hemos comenzado a ver cómo el movimiento entra en una nueva etapa, para lo que algunos medios han hecho un verdadero festín diciendo que “el movimiento ha decaído”.

Este supuesto decaimiento se basa en que una serie de Liceos y universidades emblemáticas dentro de la movilización han decidido comenzar a hacer referéndums, asambleas y acciones que han terminado con la deposición de las tomas que ya se mantenían hace aproximadamente seis meses. He tenido la oportunidad de ser espectador especialmente de las tomas de la Casa Central de la Universidad de Chile y del Liceo de Aplicación, que este viernes 17 entregaron oficialmente sus tomas y en esto me ha llamado la atención, aunque no me ha sorprendido, la existencia de grupos que se niegan a deponer las tomas considerando que es la única opción que tiene el movimiento para presionar. Yo no he participado activamente de ninguna toma de estas, pero creo que me siento llamado a dar mi opinión y a llamar a muchos que hoy solo critican a los demás a la autocrítica.

Respeto mucho a algunas personas -y por lo mismo no entraré en comentario sobre ellas especialmente- que han participado activamente de sus tomas y que hoy, a pesar del desgaste y de todos los inconvenientes que ocurren normalmente en una toma, no quieren deponerla y creen que aun las cosas se pueden hacer mejor y que el desgaste se puede evitar. Esas son personas a las cuales se les respeta por haber estado siempre participando e intentando que las cosas se hicieran bien, pero cuando llegamos a algunos que tuvieron una escasa participación dentro de su propia movilización y ahora al ver que existe el riesgo o que ya se está bajando una toma, llegan escandalizados a criticar y a decir que las tomas no se pueden bajar porque, igual como dicen los medios, sería “desmovilizarse”, ahí comienza el conflicto.
 

Todos estamos de acuerdo con que las tomas producen desgastes y gracias a esto hemos podido aprender mucho durante este año. Para saber los errores que se cometieron es necesario hacer evaluaciones y autocríticas con el fin de que el próximo año no se vuelvan a cometer los mismos vicios en los que se recayó en el inicio de esta movilización. Ante esto, lamentablemente hay personas que demuestran que están viendo la acción de una toma como un fin y no como el medio para encontrar una solución a las justas demandas existentes, por eso mismo, el objetivo de esta acción en muchos casos tendió a convertirse en una idea borrosa que terminó por convertir a los espacios en meros lugares donde dormir y hacer una que otra actividad cultural. Por eso surge la idea de evolucionar dentro del proceso social del que estamos formando parte, una evolución en la que deponer una toma no tiene por qué ser el final de la movilización, sino que todo lo contrario, un tiempo de análisis y evaluación para seguir movilizándose, pero esta vez evitando los errores cometidos.

Estos revolucionarios que han llegado tarde, lamentablemente se han dado cuenta que las tomas no se tienen que bajar cuando el desgaste ya es excesivo y a lo mejor ya pasó el tiempo de poder hacer algo para salvarlas. En esa misma línea mi problema tiene que ver con que se actúa antes de que las cosas se desgasten, porque después de desgastado algo como una toma ya solo hay que esperar el fin. Pero ¿qué hicieron algunos que ahora saltan muy revolucionarios desconociendo el desgaste que produce una toma y diciendo que tiene que seguir? ¿Qué hicieron para que no se desgastara tanto? ¿Cuantos de los que ahora critican el desgaste sentaditos desde su casa no han hecho nada para evitarlo? En una interesante discusión que tuve con este tipo de personas a través de las redes sociales, terminé concluyendo que eso se llama ser o un revolucionario de escritorio que solo opina que las tomas deben seguir desconociendo la realidad, o un revolucionario que llegó tarde.

Pero en fin, es entretenido ver como salen los revolucionarios ahora cuando tomas emblemáticas como la de Casa Central de la Universidad de Chile o la del Liceo de Aplicación se están bajando por el desgaste, ahora salen de sus cuevas los tan revolucionarios que no son capaces de comprender que el movimiento necesita evolucionar en todo aspecto, tanto en el organizativo, en el representativo, en los objetivos, como también en los métodos de presión como el que he hablado en esta oportunidad (las tomas).

Hemos logrado crear la conciencia suficiente para que la sociedad chilena sepa que esto no va a desaparecer hasta que entre todos construyamos una solución concreta que termine con los vicios de un modelo económico y político, que traduce todas sus contradicciones reproduciendo la desigualdad a través del modelo educativo. Ahora, esperemos que, cuando el movimiento emprende un nuevo camino, estos revolucionarios que llegaron tarde sean capaces de hacer una autocrítica al rol pasivo que tomaron este año, sumarse a la movilización activamente y continuar esta lucha que no acaba.

Isaac Gajardo ©

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