Isidro Peñasco
Es muy difícil visualizar un cuadro completo y exacto de la situación de la economía mundial. No sólo por la cantidad de datos que requiere el análisis, sino que también por la manipulación, el „secretismo“; la tergiversación que sufren los datos „duros“. La anarquía del sistema de producción capitalista también conspira para formarse una idea.
Sin embargo hay algunos signos y algunos antecedentes claros que permiten colegir en forma no nítida y clara como sería deseable, pero que dan una idea.
La economía mundial sigue en un equilibrio precario y al borde del abismo.
La crisis cíclica del capitalismo sigue su curso -como lo hemos escrito en este medio desde hace por lo menos 8 años. Nos podemos felicitar de haber sido, -con el valioso aporte de Luis Casado en estas páginas y el de otros autores latinoamericanos y estadounidenses- de los primeros en avizorar la crisis, describir su camino y “profetizar” lo que hoy se puede observar en todo el mundo.
Al margen de la auto alabanza que esperamos que nuestros lectores asuman con benevolencia, los hechos son graves.
Marco Antonio Moreno, Magister en Economía y Diplomado en Economía Financiera en su bitácora en Internet escribe:
“Hace justo un año, el 10 de noviembre del año pasado, el jefe del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson anunció que la deuda nacional había excedido los 9 billones de dólares por primera vez en la historia (un billón es un millón de millones). Cuando George Bush llegó a presidente en enero de 2001, era de aproximadamente 3 billones de dólares. Desde entonces, y en siete años, la deuda se triplicó. Esta inmensa deuda es explicada en un 50% por las enormes cifras de gasto militar que en el caso de Estados Unidos es de un billón de dólares anuales, mucho más del doble del gasto de todo el resto del mundo en su conjunto; y el otro 50% es explicado por el exceso de consumo. Los estadounidenses se han acostumbrado a vivir de prestado gracias a que tienen la maquinita para imprimir dólares, pero esta falencia ha comenzado a pasar la cuenta.
La deuda comienza a crecer desproporcionadamente a partir del año 1982, bajo la administración de Ronald Reagan, quien popularizó el concepto de los déficit no importan; pronto cruzó la barrera de los 2 billones y se duplicó, alcanzando en 1989 la cifra de 4 billones. Bajo el gobierno de George Bush padre, la deuda sigue creciendo aceleradamente y alcanza y sobrepasa los 5 billones. Con la administración Clinton, por primera vez, se producen superávit en el presupuesto y la deuda decrece hasta los 3 billones de dólares. Pero bajo la presidencia de George W. Bush, la deuda se dispara de nuevo, rompiendo cada año una nueva barrera que llegó hace un año a los 9 billones y que al terminar su mandato, el próximo 20 de enero, alcanzará la cifra colosal de 10 billones de dólares, esto es un 10 seguido de doce ceros.
Hasta aquí la información de Moreno. La deuda de los Estados Unidos ha superado la marca de los 10 billones hace rato. La deuda alcanza los 14.3 billones de dólares y una detención del aumento diario de ella no se ve en el horizonte.
La deuda es lo que los Estados Unidos deben en el mundo y se conjuga con el deficit presupuestario. Es decir los gastos del Estado que se financian con los impuestos.
La continua presión a la baja de los impuestos a los ricos, la inexistencia de impuestos a la especulación y el desempleo sin solución que se avizore en el “motor” de la economía mundial ,obliga al gobierno a aumentar el déficit constantemente, entre otras cosas por las aventuras guerreras de los EEUU.
Estados unidos gasta mas en armamento, guerras e intervenciones en todo el mundo que el conjunto de los gastos militares de todos los países y ello no es “voluntarismo” o una actitud malévola que tenga alguna alternativa virtuosa, pero sobre ello mas adelante.
Hasta ahora lo que hemos observado en materia de política económica de los Estados Unidos es que el país ha optado por devaluar el dólar. Con esta política “tradicional” el gobierno quiere disminuir el déficit de la balanza de pagos. Es decir equilibrar las cuentas de las compras en el extranjero con las ventas al extranjero de productos de Estados Unidos y conseguir dos efectos: uno, disminuir el mencionado déficit y darle impulso a la producción interna con la disminución consecutiva del desempleo...
En buen chileno: con el dólar barato abaratan las mercaderías producidas en los Estados Unidos y encarecen las que vienen de otras áreas monetarias (Euro; Yen y Yuan), restringen el gasto de los ciudadanos norteamericanos en el extranjero y apuntalan su propia producción...teóricamente. El problema es que muchas de las mercaderías que se producen en los EEUU tienen componentes internacionales como computadores armados en Taiwán; aluminio de Rusia y un sin fin de “materias primas” o partes y piezas que son producidas en otros países lo que disminuye el deseado efecto mencionado mas arriba.
¿Cual es la raíz , el núcleo del huracán económico que amenaza al mundo?.
En términos sencillos: el capitalismo, el sistema de acumulación que rige en todo el planeta.
El capitalismo se caracteriza fundamentalmente por producir caóticamente, sin planificación central (lo que es calificado como una de sus virtudes por los neolioberales).
Hasta antes de la emergencia de China con su aspiración de transformarse en el “taller del mundo” como lo es hoy, la economía mundial estaba “controlada”. Es decir cada uno tenía sur rol: en el norte los países industrializados (Europa y los Estados Unidos) y al sur los consumidores de productos manufacturados y suministradores de la materias primas baratas y salarios bajos.
Este orden mundial funcionó hasta que llegó el momento que por un fomento desatinado de la oferta, la demanda se fue quedando atrás.
En otros términos: se producía mas de lo que los ciudadanos podían consumir, entre otras cosas porque la presión sobre los salarios era tan grande que las personas abandonaban el mercado por incapacidad de compra y los capitalistas a pesar de que gozaban de utilidades grandes porque la cantidad de trabajo no pagado que recibían del esfuerzo de sus trabajadores había crecido exponencialmente por la presión sobre los salarios y la eliminación lo que han denominado el “estado de bienestar” que no es otra cosa que una especie de socialización de las pérdidas necesarias para mantener la fuerza trabajo, ya que sin educación barata, sin salud generalizada y barata, el recambio generacional de los trabajadores falla. Los capitalistas necesitan a la fuerza de trabajo porque es el trabajo el que genera la riqueza.
Grandes sumas se acumularon en manos de los capitalistas sin que ellos pudiesen invertirlas en capital fijo, productivo porque sería insensato hacerlo en las circunstancias señaladas.
Esa enorme masa de dinero acumulada en pocas manos derivó a la especulación. Fue entregada a los bucaneros de las finanzas que desataron una burbuja especulativa sin precedentes.
Al radicar los gastos necesarios para la reproducción de la fuerza de trabajo en los bolsillos de los trabajadores, desolidarizar la sociedad y aumentar de esa manera la tasa general de plusvalía (trabajo no pagado), los asalariados perdieron capacidad de compra y los capitalistas se quedaron cada vez con menos clientes para sus productos. Al comienzo de la crisis se notó una tendencia de huir hacia los segmentos mas ricos de los consumidores y vimos que la industria comenzó a moverse en el sector de lujo hasta que la realidad los llamó a terreno y comprendieron que sin la demanda masiva, la sobre producción de artículos amenazaba con hacer colapsar todo el sistema.
Si a esto se le suma que la burbuja especulativa sin control alguno generó “papeles” sin valor real alguno, pero si con valor especulativo equivalentes mas o menos a 6 veces el PIB mundial, se completa el cuadro por ese lado.
Si a ello sumamos que China inunda el mercado mundial con sus productos; usa el gigantesco superávit que retienen por su política de exportación y fomento a la industrialización, en la compra de un consorcio detrás del otro, el cuadro se cierra.
En la crisis que tuvo su mas espectacular momento en 1929 y que comenzó a principios de los 20 y terminó con la finalización de la Guerra Mundial en 1945 el capitalismo logró pasar de una crisis generalizada de sobre producción en la que barcos cargados con trigo eran despachados para botarlo en el mar o se quemaban las cosechas de café o se detuvo la producción industrial en ramas completas de la industria, a una fase de reconstrucción generalizada en la que los Estados Unidos fueron el financista y el taller del mundo, mientras se recuperaba Europa, abriendo un nuevo ciclo que comenzó a terminar con la entrada de China en el juego y con la implosión de los países con economía bajo control del Estado en Europa del Este y en la Ex Unión Soviética.
Coincidente con el ingreso de China en el mercado mundial se generó la crisis de Japón, la segunda economía del mundo que dura ya casi 14 años de crecimiento que bordea el cero y que la bancarrota ha sido sólo impedida por un gigantesco gasto público y por ciertas características culturales de los isleños orientales (/Keynes manda saludos desde el cementerio).
Curiosamente en Europa y fundamentalmente en Alemania, el país en que la nostalgia por la seguridad es tan grande que cada alemán tiene por lo menos dos o tres seguros para distintos “casos”, han aparecido algunos comportamientos inexplicables para muchos: los ricos acumulan alimentos.
La gente que tiene dinero invertido en papeles o deudas o seguros ha comenzado a actuar de dos maneras según informan las revistas económicas alemanas con estupor: primero liquidan a pérdida sus papeles bancarios. Luego con el dinero en la mano compran paladio; oro; plata y platino. Compran propiedades y acumulan verdaderos almacenes de alimentos de larga duración en recintos que muchos ordenan construir especialmente. “Es como si esperasen que estalle una guerra atómica”, asegura asombrado un analista alemán.
Estas acciones están en oposición diametral a la predica constante de los medios de comunicación de todos los niveles que aseguran para “el futuro” lejano e inmediato la superación de la crisis y que la economía mundial se recupera en forma lenta, pero segura.
El aparato de comunicación del capitalismo desarrollado es tan eficaz que logra que los consumidores no establezcan ninguna relación entre su situación personal y la de sus comunidades con la guerra que campea en toda la periferia Euroasiática y sobre todo la verdadera dinámica tipo dominó que hace realidad la previsión analítica de Marx que señaló que la crisis se manifestaría con la caída en déficit de pagos de los países periféricos, en nuestro caso: Grecia; Portugal; Irlanda; Islandia y próximamente España y ya en la fila de los quebrados, Italia y varios países del Este europeo que gozan de la “democracy and liberty” capitalista recién adquirida con ayuda de los bancos alemanes y franceses.
¿Y Chile?
Ocurren dos cosas. Una, el país es una gigantesca mina de cobre de norte a sur y como una parte la mantiene en propiedad el Estado, Chile vive de ello y dos, la hegemonía en los medios hace posible que los “expertos” cuenten cualquier cuento y les será creído, entre otras cosas porque Chile tiene un profeta multifacético: la televisión. Lo que se dice o se hace en la tele es palabra de Dios. Lo que no sale en la tele no existe. La tele es el sustituto de la realidad.
La crisis, sin embargo es real y es ciega y de añadidura es omnipotente porque nadie puede manejarla sin cambiar profundamente el sistema de producción, controlar la especulación o prohibirla derechamente, es decir sin revolucionar todo el sistema.
¿Que efectos tendrá la crisis?
`Una tendencia creciente al proteccionismo que ya se manifiesta calladamente y bajo cuerdas en Europa y los Estados Unidos y dos, una guerra generalizada o muchas guerras focalizadas que incendiarán todo el planeta para reiniciar una fase de reconstrucción.
El equilibrio económico mundial es precario y toda la estructura puede precipitarse al abismo y de hecho -quizás por falta de datos- no nos hemos dado cuenta que ya vamos cayendo al abismo, alegremente, con la orquesta tocando valses, como en la noche en que se hundió el Titanic.
















