Lunes, 11 Diciembre 2017

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Un premio que no se merece a Isabel Allende

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Por Isidro Peñasco - No soy yo el  mas calificado para juzgar si Isabel Allende merece o no el Premio Nacional de Literatura. Uno, que no es mal intencionado, apoya la decisión del jurado del Premio estatal.

Incluso por la simpatía de la escritora, que es nuestra contemporánea y a la que vamos leyendo desde hace por lo menos 40 años en sus irónicas columnas en la revista Paula, en su metáfora un poco edulcorada del golpe en “La casa de los espíritus” y una que otra producción posterior a su exitazo con “La casa...” que según ella  misma dice “empezó cuando en Caracas quise escribirle una carta a mi abuelo...”.

Se lo merece y siempre lo quiso.

El tema es otro. Es el Premio mismo.

Como todo en Chile, esta esquina cultural de la actividad del Estado chileno está tan tergiversada, corrompida, como todo el resto y ello es así porque fue tocada por la mano perversa de la dictadura.

Cambiaron su frecuencia de un año a dos. Cambiaron la composición del jurado y sacaron a la Sociedad de Escritores de Chile del mismo y finalmente terminaron por darle el premio a un amanuense de la dictadura que no tenía ningún mérito para recibirlo y de seguidilla a otro personaje mínimo.

Desde esa época no ha pasado nada con el Premio. Sigue igual, como si lloviera.

Es decir es un Premio dictatorizado, como las leyes sindicales, el binominal, la Constitución, todo, en Chile.

Por ello y como ahora mandan los jefes y no los amanuenses, le dieron, sin vacilación, el premio a la super ventas, a la magnífica chilena que vende mas que nadie. Los jefes no tienen que darle cuentas a nadie y se pueden permitir ser completamente auténticos y ademas cuentan con el apoyo de sus ex administradores que hace rato que son las hetairas sumisas de los varones que las usan cuando requieren sus servicios.

La verdad es que Isabel Allende no debería sentirse muy feliz con el Premio Nacional porque no se lo dieron por sus calidades literarias, sino por sus calidades de “marketing”. Se lo dieron por que es una representante perfecta (por favor, olvidar sus cualidades de escritora, que las tiene, pero esas deben ser juzgadas en otro artículo, escrito por otra persona), de como el “mercado” también asigna correctamente los valores superiores de la cultura como la literatura. Es decir siguiendo la lógica simple de la “mano invisible”. Isabel Allende ha vendido 57 millones de ejemplares de sus novelas, es la escritora chilena mas vendedora de toda la historia de la literatura del país, incluso ha vendido mas que los “20 poemas de amor y una canción desesperada” de Pablo Neruda. Desde ese criterio no solo merece el Premio Nacional de Literatura sino que la Orden al Mérito de Bernardo O`Higgins y todos los premios posibles. Es la confirmación viva  de que el mercado no sólo asigna correctamente los recursos mercantiles, pedestres como el precio del azúcar o el costo de las operaciones quirúrgicas, sino que también asigna correctamente los otros valores, los artísticos. Bueno, hay veces que se equivoca como en el caso de Franz Kafka o de Van Gogh, pero eso no es relevante. Primero porque casi nadie sabe de Kafka y segundo porque Van Gogh pinta cosas que no se pueden reconocer como tales o muy difíciles de reconocer.

La calidad literaria de una obra se mide por lo que dicta el mercado; por la cantidad de libros vendidos. Los otros criterios son despreciables porque no se pueden medir en pesos, dólares o libras esterlinas.

Hay una coherencia completa en este criterio. Mas aún, es hasta peligroso caminar por el proceloso terreno de los juicios literarios, puede conducir a premiar a uno que poco vende como Damiela Eltit, con lo que se podría pensar en que el mercado no es el regulador absoluto, omnipresente y omnipotente que es.

Por eso es que Isabel Allende no debería estar tan contenta por el Premio. No premiaron su calidad literaria, premiaron el éxito de su literatura y ella mismas sabe que la calidad y las ventas son dos cosas distintas. Ver Corín Tellado o Paulo Coelho o Brown y la larga lista de „beste sellers“. Aclaremos eso si que ser un super ventas no significa tener mala calidad literaria. Gabriel García Márquez es un super ventas (ha vendido mas que Isabel Allende), pero su calidad literaria no la puede discutir nadie, cuando mas la podrán difamar como algunos enanos intelectuales chilenos, pero negarla con fundamentos, nadie. Es decir como en muchos otros campos la realidad ha probado y prueba cada día que ni el mercado ni la mano invisible son asignadores correctos de valoraciones en este y en muchos otros temas, pero en Chile tenemos que ver con talibanes del mercado y por eso es que se apresuraron a plantar su marca en este tema, también.

Es decir, no se debe, sin pecar de injusto o desatinado, pretender que Isabel Allende debe sentirse „consagrada“ literariamente porque le dieron el Premio Nacional de Literatura. Es un reconocimiento muy merecido y sobre todo es un reconocimiento a toda una vida de escritora.

Finalmente no podemos dejar de consignar que Isabel Allende al aceptar el premio dejó pasar una excelente oportunidad de haber prestado un gran servicio a Chile: haber rechazado el Premio y haber fundamentado su rechazo en algunos asuntos que tienen que ver con la cultura y la educación en Chile. Ella está en condiciones de hacerlo.

Sabemos que es mucho pedir, pero se sabe: „en el pedir no hay engaño“.

¡Cómo la adoraríamos si lo hubiese hecho!. Chile no la habría olvidado nunca si lo hubiese hecho.

Que de los pesos que recibirá se puede reir y donarlos a alguna obra benéfica, es un hecho. No los necesita (y de paso, por esa circunstancia, desmiente uno de los objetivos que motivaron la fundación del Premio, pero ello no es relevante), es millonaria y me alegro mucho de que lo sea porque esos millones están en buenas manos y serán el fundamento para que sus hijos sean felices y sus nietos y quizás sus bisnietos. Uno se alegra por cada persona feliz que hay en este mundo en que reina la infelicidad para miles de millones.

Por eso desde este rincón ninguneado de la prensa chilena la saludamos y le deseamos lo mejor. Lamentamos que no haya tenido el gesto de rechazar el premio, pero a cada uno según sus capacidades. No se le puede pedir peras al olmo. Ya llegarán los tiempos en que en Chile habrá un Premio Literario en serio.

 

Isidro Peñasco

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