Martes, 17 Octubre 2017

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¿Mentirá Piñera en la ONU?

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Isidro Peñasco - Si bien no es oficial, se rumorea en Santiago que Sebastián Piñera dirá en la Asamblea General de las Naciones Unidas que con la llegada de su persona y los partidos que lo apoyan al mando del Ejecutivo en Chile, se cerró la transición.

El Mandatario participará el miércoles 22 en la reunión sobre Objetivos de Desarrollo del Milenio en la sede de la ONU y al día siguiente en el 65° (sexagésimo quinto), período de sesiones de la Asamblea General.

Es notable la insistencia con que los políticos de la derecha (Alianza y Concertación), insisten recurrentemente en declarar por cerrada „la transición“.

Mirado desde una perspectiva histórica no ha habido transición alguna. Lo que hubo y hay, es un mero cambio de personal, primero uniformado y metralleta en ristre y después -cuando yo no fue posible seguir matando y „desapareciendo“ -  de riguroso civil. Lo único que ganamos con los detenidos, heridos y muertos en las “protestas” fue que la CNI (la sucesora de la DINA), desapareció. Nada mas. Todo el resto del aparato dictatorial siguió “igual Pascual”.

Desde que se dictó la constitución y sus leyes orgánicas en 1980 y sumando todas las reformas que siguieron, algunas cosméticas y otras de cierta importancia, el esqueleto fundamental, las líneas centrales que le dan coherencia al texto constitucional chileno, no han cambiado y con ello no ha cambiado nada importante.

Ni en la forma ni en el contenido.

En la forma, por ejemplo, Chile es uno de dos países en el mundo que tiene el Parlamento en una ciudad distinta y a cien kilómetros de distancia de la capital, para nombrar la mas visible.

El sistema electoral binominal es ad hoc para lograr que con el 30% de los votos se obtenga el 64 de los asientos parlamentarios. Ello asegura a la derecha dura (Alianza) una presencia desproporcionada en el Parlamento.

El Tribunal Constitucional, que es un ente que está por sobre toda la institucionalidad chilena y que puede quitarle vigencia a una ley debidamente despachada por el Parlamento, sin que haya posibilidad alguna de que esa decisión de un grupo de personas sin mandato popular pueda ser revisada, eliminada o no aceptada por el Poder Legislativo que si es elegido popularmente (a pesar de que existe un vicio grave de ilegitimidad en esa elección, por el binominal).

El principio de subsidiareidad que es una de las bases del sistema legal chileno, impide que el Estado pueda fundar empresas, comprarlas, arrendarlas o controlar sus acciones si lo considera necesario para el bien común.

Ese principio se lo debemos a un profesor alemán de derecho público que fue invitado por Jaime Guzmán a la redacción de la Constitución que nos rige, que fue redactada -como es de conocimiento público y debidamente probado – por un grupo cerrado, sin consulta previa, sin discusión nacional y sin participación de la ciudadanía y para mas remate fue aprobada en un “plebiscito” sin registros electorales, con papeletas de votación transparentes y con los resultados ya fijados antes de la votación como lo han revelado algunos oficiales de ejército que organizaron la “votación”. El referendum fue realizado cuando estaba en vigencia el estado de sitio en Chile y había centros de tortura; cárceles secretas y una completa discrecionalidad de la autoridad para detener y mantener detenido sin ser presentado ante un juez a cualquier ciudadano a capricho de los agentes del estado dictatorial. Chile no tenía constitución vigente, ni parlamento ni judicatura independiente cuando se realizó el “plebiscito”. Una fantasmagórica reunión de “Comandantes en jefe” fungía como “Parlamento o “Legislativo” y dictaba “leyes” a su capricho y antojo, las mismas que siguen vigentes hoy inlcuidas leyes “secretas”...el absurdo no conoce límites en nuestro país.

¿De que “transición hablará el Presidente de Chile en las Naciones Unidas?.

Es lamentable que un mandatario nacional se pare en el podio de la asamblea mundial y mienta, aunque esté convencido de la mentira que dirá ante el mundo.

Piñera -si asegura que la “transición” se terminó en Chile – mentirá porque jurídicamente no ha sido así, ya que la ley fundamental de Chile está afectada de un vicio de ilegitimidad y de duda en su origen.

Tampoco ha habido transición alguna en el ordenamiento jurídico que sostiene esa constitución. Las leyes orgánicas constitucionales y la constitución misma son casi inreformables por los quorums que exigen las votaciones para hacerlo y por causa de que un grupo importante de parlamentarios no deberían estar en el Congreso porque fueron elegidos por el sistema binominal que es también viciado y anti democrático.

El problema político central de Chile es precisamente ese: la transición se eternizó y los chilenos vivimos en un país en tránsito, un país en que en algún momento del futuro podrá ser democrático, pero que en los hechos no lo es, porque ni  siquiera institucionalmente lo es. No hablemos de la democracia social, que debe ser el correlato necesario de la otra, la política.

Chile es una sociedad en la que viven 4 millones de personas en la pobreza y lo hacen desde que la dictadura se instaló en el país. Hay un grupo gigante de chilenos que están demás, para ellos no hay (ni ha habido ni habrá), trabajo, no hay educación seria que merezca el nombre de tal, están marginados de la medicina de calidad, del consumo y de una vida digna.

Sobran y seguirán sobrando porque la organización económica nacional así lo exige para existir y para sostener los privilegios de una minoría insaciable.

Por eso en Chile no hay democracia social ni nada parecido a la igualdad de oportunidades para los chilenos todos.

De esta manera Piñera mentirá en las Naciones Unidas si no es mejor aconsejado y se limita a hacer un discurso de formalidades, que su proyecto político, su origen de clase y su ideología no le permiten ni siquiera acercarse a otro presidente que habló en las Naciones Unidas y dijo la verdad, completa y no a medias.

Los de siempre aplaudirán a Piñera. El Mercurio comentará que el Presidente hizo un discurso “histórico” y de “Estado” como les gusta vanagloriarse. La turba de aplaudidores lo aplaudirán hasta que se les caigan las manos de tanto hacerlo. Pero ninguna de esas alabanzas será capaz de desmentir que Piñera mintió en la ONU.

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