Domingo, 19 Noviembre 2017

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¿Síndrome de Estocolmo nacional?

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El 11 de septiembre de 1973 cayó Salvador Allende en la Moneda en Santiago. Hace poco menos de un mes recordamos por trigésimo sexta vez ese acontecimiento histórico.

La derrota de la Unidad Popular fue una señal que nos enviaron del norte americano. Fue una bofetada del amo a sus esclavos. Una advertencia para toda la ancha América de habla castellana y portuguesa.

Nos dijeron claramente: no se atrevan a iniciar ese camino de independencia y menos se atrevan a querer controlar „nuestras“ minas y nuestros depósitos de hidrocarburos. Nuestra economía requiere estratégicamente esas materias primas (deberían llamarlas “commodities” como corresponde para evitar las asociaciones con la propaganda comunista que siempre habló de “materias primas”).

“Si los altos intereses de los Estados Unidos de Norteamérica se vieran tocados, responderemos siempre a cualquier intento de no acatar nuestra política”, nos dijeron claramente. Nos demostraron que primero atacan solapadamente con medidas de espionaje; intervención en los partidos; compra de traidores, es decir toda la paleta. Luego viene la amenaza, la agresión económica y finalmente llegan los “chacales”. Lo vimos y no es invento del autor sino que basado en fuentes de los Estados Unidos que se han dado a conocer.

Uds. -nos dijeron a los esclavos- son parte de la “familia democrática americana” y si se comportan como niños irresponsables y eligen ¡en elecciones libres! a un comunista, se van castigados. Los Estados Unidos son como un padre severo y justo con Uds. El castigo es justo porque Uds. atacaron la esencia de la libertad y la democracia al elegir a un comunista que mas encima expropió nuestras minas en Chile y se amistó con el enemigo mas grande que tenemos en la puerta de nuestra casa y se desalineó de nuestra diplomacia al buscar relaciones con los países rufianes, comunistas. Nosotros somos lo suficientemente maduros como para mantener relaciones con esos países, Uds. no lo son, por eso la representación internacional de Uds. la asumimos nosotros como una pesada carga y responsabilidad de padre.

Ese fue el recado que nos enviaron con la muerte de Allende y los “detenidos desaparecidos”; las torturas monitoreadas por “especialistas” gringos y de otros países; los campos de concentración “a lá Nazi” en fin, los despidos arbitrarios, el control de la prensa y los medios electrónicos, el terror de Estado.

La misma figura la repitieron en diferentes países y siguen en la misma. No conocen otra forma de relacionarse con nosotros. O les regalamos nuestros tesoros o nos atacan y abordan como piratas y se quedan con el barco. “El que no está conmigo y subordinado a mi voluntad está en mi contra”.

El recado fue claro: “Uds. deben hacer lo que nosotros decimos, no lo que hacemos”.


La verdad es que con las lecciones tipo Pinochet; Videla; Somoza; Castillo Armas; Rojas Pinilla y otros, deberíamos haber aprendido la lección.

Lo interesante de esta historia es que como si Allende hubiese querido encarnar la primera frase del Manifiesto del Partido Comunista escrito por Carlos Marx y Federico Engels: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, el presidente mártir “pena” en toda América Latina como un fantasma que proclama su original postulado: “iniciar un proceso de cambios por medio de las elecciones en la sociedad burguesa capitalista”.

Porque no puede haber duda para el observador atento: Hugo Chávez en Venezuela; Evo Morales en Bolivia y el saliente Inacio “Lula” Da Silva (quien el autor entrevistó en los 80 en Santiago y escuchó con asombro que Lula postulaba casi literalmente lo postulado por Allende), así como Rafael Correa en Ecuador. Todos son “discípulos” de Allende y su “revolución con empanadas y vino tinto”. Su “larga marcha por las instituciones” su “proceso de cambios en el marco de las instituciones”.

Es cierto que Allende fue un adelantado, que a los que lo apoyamos nos tocó luchar en un mundo polarizado que ya no existe, pero no lo es menos que todos los nombrados han ganado su oportunidad de liberar a sus pueblos por elecciones y para asombro de la derecha, ganan las elecciones, con excepción de nuestro Chile que es un caso para Ripley.

¿Es tal el lavado de cerebros, la alienación que nos afecta en Chile, que votamos por representantes civiles del verdugo que nos explota?.

Los que votaron en la última elección eran pobres en un tercio. 30% de los votantes al momento de votar eran víctimas de las consecuencias de la dictadura; de la política impuesta por los amigos y apoyantes del actual Presidente y la mitad, un 15%, votaron por ellos.

¿Quien nos entiende a los chilenos?

Los datos son claros.

La privatización de la economía; la completa autonomía de la política que goza la economía que le permite adoptar decisiones claramente lesivas al interés nacional. Por ejemplo la mina Pacua Lama que arruinará un valle agrícola completo donde viven miles de chilenos. Todo para enriquecer a una empresa con sede en el extranjero que se llevará el oro sin pagar nada y al final quedará el veneno en Chile. La reducción de la política a ser una especie de oficina central de caridad y defensa nacional sin capacidad alguna para orientar la economía, parece que nos ha disgregado de tal manera que nos hemos tragado la peor de las creencias: el destino individual es asunto personal en el cual lo colectivo, lo comunitario, nada tiene que ver. Yo soy responsable de lo que me pase.

Lograron separar ideológica mente la vida personal del destino colectivo. Si la política es un asunto de políticos que mas encima carecen de poder para cambiar algo, aparece como lógico votar por cualquiera. Por un monicaco sonriente, un payaso o un desatinado como Lavín.

Sólo que el tema no es tan simple. Si seguimos así, al final del camino estaremos cómodamente sentados en unos hoyos gigantes vacíos de minerales que enriquecieron a extranjeros y financiaron el bienestar de millones en Europa; Estados Unidos y Japón y muy luego también China, tal cual nos quedamos sentados en las minas de salitre que hicieron millonarios a unos pocos en Chile y la parte del león se fue a Francia; Alemania; Inglaterra y los Estados Unidos y en Chile quedaron los salares y las “oficinas” abandonadas que le sirvieron a Pinochet para mantener presos a miles.

Es tan simple. Si recuperamos para nuestro beneficio las minas se terminan los problemas de financiamiento de todo en Chile: salud; educación; previsión; deporte; arte; fomento a la industria nacional; crédito. Todo. Es como si a un empleados le cuadruplicaran el sueldo de un mes a otro.

Y para ello no estamos “robando” nada, estamos simplemente recuperando lo nuestro.

Ni hablar de los otros servicios que nos prestan con nuestra plata varias empresas europeas: electricidad; caminos y carreteras; agua potable; teléfonos; alcantarillado.

Y nos cobran caro por ello, a pesar de que nosotros podríamos hacerlo solos sin la “ayuda” de españoles; ingleses o franceses. Chile electrificó solo el país; construyó la red de ferrocarriles; dotó de puentes y carreteras al país sin ayuda de españoles; franceses y gringos. De hecho manejamos las minas después de 1971 sin problemas y para beneficio nacional.

¿Es tan terriblemente difícil entender estos asuntos? ¿Porqué los chilenos votan a favor de los que están porque nos sigan “asaltando en descampao” y se roben todo?. ¿Es el síndrome de Estocolmo a nivel nacional? ¿los piratas nos tiene secuestrados y aprendimos a querer el secuestro y los secuestradores?

¿Que impide que los votantes, que los pobres, el tercio mas perjudicado, no logren entender que para que no sigan robando hay que elegir a los herederos de Allende y no a los que dicen serlo y son mas pinochetistas que los pinochetistas mismos?.

¿Que hacer?

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