Domingo, 17 Diciembre 2017

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Uno de cada cinco inculpados es inocente

Un 20% de los acusados de delitos y llevados a los tribunales por la policía era inocente y sin embargo estuvieron presos en la cárcel. Un informe cuatrimestral de la Defensoría Penal Pública determinó que entre los meses de mayo y agosto de este año se produjeron 322 casos de acusados que estuvieron en prisión preventiva pero luego de concluida la investigación se determinó su inocencia.

La cifra corresponde al 19,3 por ciento del total de absueltos por los tribunales en dicho período, informa hoy el diario La Tercera, destacando que la información se da en medio de los cuestionamientos públicos entre el Gobierno, el Ministerio Público y el Poder Judicial respecto de los criterios de persecución penal.
En el mismo periodo del año 2010, 365 personas que estuvieron presas siendo inocentes, lo cual equivalía al 22,3 por ciento del total de absueltos.
"Es posible que en un sistema de justicia se llegue a estos números, pero ese 20 por ciento nos parece elevado, sobre todo, porque la prisión preventiva es la última de las medidas cautelares", dijo al diario el defensor nacional, Georgy Schubert, quien consideró que "en Chile no tenemos suficiente conciencia sobre este problema".
En Chile conocemos muy bien lo significativos, importantes y decisivos que son los pilares fundamentales que sostienen el sistema judicial y que lo transforman en un sistema equitativo y respetuoso de los ciudadanos. El habeas corpus y la presunción de inocencia.
El primero obliga al ejecutivo, es decir la policía, a llevar siempre de cuerpo presente al detenido en un plazo prudencial ante un juez. Por eso “habeas corpus” (de cuerpo presente). En Chile ese plazo es largo, 72 horas y por ello Chile ha sido criticado. Recordemos que durante la dictadura ese principio fue abolido y su abolición asumida por la judicatura que desde un comienzo avaló la criminal política de Pinochet y sus cómplices uniformados y civiles.
El segundo principio – presunción de inocencia- es tan importante como el primnero. Nadie puede ser declarado o supuesto culpable del delito que se le acusa mientras no haya una sentencia a firme que así lo haya fijado. Ello tiene por efecto que el acusado es llevado ante un juez y acusado por un fiscal y (habeas corpus), enfrenta al juez el que – de cara a los antecedentes-, decide si debe ser mantenido preso o dejado en libertad mientras se realiza el juicio y hasta el momento en que lo condenen o lo dejen libre por inocente.
Esa situación se denomina “prisión preventiva” porque la única causal por la que se puede dictar es para prevenir la fuga del acusado o porque se teme que siga causando daño social.
Esta “prisión preventiva” es mal usada en Estados totalitarios que no se atreven a abolir derechamente el habeas corpus o la presunción de inocencia o ambos derechos. Lo mal usan cuando los detenidos son mantenidos en prisión por años sin que se le haga un juicio en forma a sabiendas de que son inocentes, pero por razones políticas se los mantiene presos. En Colombia es un procedimiento muy extendido y en países asiáticos también.
Teóricamente y de acuerdo a las declaraciones en Chile debería haber un procentaje equivalente a cero en la “prisión preventiva” de inocentes, sin embargo hay un 20%.
La explicación podría estar en la insistente campaña de la derecha en contra de lo que ellos llaman “la puerta giratoria”.
Agitan diciendo por ejemplo que “los delincuentes son detenidos, llevados ante el juez que los deja en libertad”.
En Chile donde el principio de presunción de inocencia siempre ha sido un vástago despreciado por la justicia y donde tendemos en general a condenar en los medios a los detenidos o acusalos sin mayor revisión de lo verdadera o mentirosa que sea una acusación, los lectores y elevidentes se quedan con la impresión de que los jueces son unos coludidos con los delincuentes cuando leen o escuchan esas frases tremebundas.
La realidad es otra, sin embargo.
Si la “gritería” alocada de la derecha tuviese éxito y cada acusado fuera enviado a la cárcel sin mayor trámite a esperar su juicio, Chile perdería un gran trecho en la democracia, la libertad y la justicia y como la criminalidad en una sociedad tiene múltiples causas y que las principales son sociales, económicas y culturales y los delincuentes ni son ua “raza”; ni nacen delincuentes por “genética” y los delitos los cometen no sólo porque son malos, mal intencionados o por todas esas irracionales causas, es que la justicia civilizada y desarrollada se guía por esos principios y ojalá que nunca los jueces o los legisladores en Chile se dejen influenciar por la gritería errática de la derecha...

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