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Las hormigas

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Leonardo Moledo de  Página12 de Buenos Aires

Las hormigas

Se acodó en la mesa de La Orquídea, la que está justo al lado de la columna con espejos.

–Eran dos. Fueron las primeras que vi.

Todos lo miramos, expectantes.

–Caminaban tranquilamente sobre mi escritorio. Nunca había visto nada así. De vez en cuando frotaban sus antenas como si estuvieran planificando un paseo.

Hizo una pausa.

–Después, fueron muchas más. Las encontré en la cocina y, más tarde, en todas las habitaciones. Me puse a revisar todos los agujeros de la mampostería, de los zócalos, las bisagras de las puertas para encontrar la boca del hormiguero y librarme de ellas. Registré cada milímetro cuadrado de pared, cada orifico, cada mueble, sin olvidar las rejillas de los baños, el fondo de los armarios o los objetos que descuidadamente habían quedado por años en el mismo lugar. Hice lo que está bien descripto en “La carta robada”, y con el mismo inútil resultado.

Lo miramos con incredulidad.

–Ustedes se preguntarán por qué quería librarme de ellas.

Nadie dijo nada.

–Me complicaban la vida: bastaba con que me levantara por un momento de la mesa, para que se devoraran mi comida; una noche, cuando estaba por acostarme, al entrar al dormitorio las vi arrastrando el colchón hacia no sé dónde. A veces, cambiaban los muebles de lugar, o revolvían mi ropa, o trababan las canillas de tal modo que era imposible abrirlas. He llegado a pasar una semana sin agua.

–Puede ser que ustedes no me crean, todo esto, pero pensé que para combatirlas necesitaba saber algo sobre ellas: eran las llamadas hormigas argentinas, los científicos las conocen como Linepithema humile; con obreras de dos a tres milímetros de longitud y medio miligramo de peso. Son capaces de colonizar con eficiencia casi cualquier ambiente donde haya un poco de humedad y se han convertido en una plaga internacional; se las encuentra en todas partes, y construyen hormigueros gigantes: verdaderas supercolonias o megacolonias. En Europa existen dos de esas agrupaciones, con miles de millones de individuos. Una tiene su epicentro en Cataluña y la otra bordea las costas de Italia, Francia, España y Portugal y constituye la mayor unidad cooperativa de la naturaleza conocida hasta el momento: se extiende por aproximadamente seis mil kilómetros, lo crean ustedes o no.

–Lo creemos –dijo alguien—, está citando un artículo de la revista Ciencia Hoy.

–Lo estoy citando –dijo el hombre– porque cuando lo leí hice una pequeña cuenta: si cada obrera pesa medio miligramo, dos mil pesan un gramo, dos millones un kilo y el peso de miles de millones se mide en toneladas. Si en mi edificio hubieran construido algo remotamente parecido a una megacolonia, tan solo el peso de semejante masa biótica sería capaz de tirarlo abajo.

Nos quedamos impresionados. Ni siquiera al asiduo lector de Ciencia Hoy se le había ocurrido hacer la cuenta.

–Llamé alarmado a la administración del consorcio: casi al instante (es decir, un mes después) mandaron al servicio de desinsectización de urgencia: vinieron tres hombres, enfundados en trajes de astronauta, y amados de brutales tanques de líquido exterminador. ¿Saben? Estas hormigas son difíciles de erradicar: cada hormiguero tiene miles de reinas, y si se acaba con alguna porción de la realeza, siempre queda un remanente aristocrático que, como los nobles emigrados de la Revolución Francesa, no habían olvidado nada y no aprenden nada. Los dejé trabajar, suponiendo que les llevaría bastante tiempo, y me fui al balcón terraza a leer un libro de biología. Una hora más tarde, cuando entré, no había ni rastro de los exterminadores, es decir, rastros sí había: jirones de traje y pedazos de las lancetas homicidas; presumiblemente, las hormigas habían hecho bien su trabajo: adentro de un armario, encontré el fragmento de un pie, que seguramente habían dejado como aviso, o como trofeo, vaya uno a saber.

–Si no puedes vencerlas, únete a ellas, me dijo el psiquiatra; y le hice caso: empecé a observarlas con cuidado y a conocerlas: a saber qué comidas les gustaban; por ejemplo, despreciaban las legumbres, pero adoraban las galletitas Express: bastaba colocar una sobre la mesa para que enseguida aparecieran, descuartizándola (mi esperanza era que, colocando galletitas hábilmente distribuidas, ellas mismas me llevarían hasta su escondrijo remoto, algo así como Hansel y Gretel). El fracaso fue total.

–Y entonces –suspiró el hombre– me vi ante la inevitabilidad de aceptar una hipótesis absurda: las hormigas salían de la nada. Pero veinticinco siglos de honrar a Parménides de Elea han hecho que arraigara muy profundamente en nosotros su principio nihil ex nihilo: nada proviene de la Nada (si bien mi amigo M**, ducho en los juego de palabras, sostiene que los egipcios aparecieron ex Nilo). Como diría Borges –ya empezábamos a hartarnos de sus referencias eruditas– levantar la restricción de Parménides nos ponía directamente en las manos de la multiplicidad y la proliferación de los objetos, conservarla (unido al hecho puramente empírico y casual de encontrar una arrastrándose por mi pelo) me llevaba a un callejón sin salida. Un día de concentración y lectura de los libros de Dioscórides me permitió resolver el misterio: como diría Borges, el razonamiento fue simple; la conclusión, monstruosa. Puesto que no venían de ningún rincón de mi casa, era obvio que salían del único lugar que no había examinado: mi propio cuerpo. Parafraseando a Kant: “El cielo estrellado por encima de mí, y las hormigas dentro de mí”, al fin y al cabo, yo también soy adicto a las galletitas Express. Pero imaginar que todos mis órganos habían sido colonizados por ellas, y que sin saberlo yo mismo había devorado a tres exterminadores de insectos –mediado por las hormigas, claro está, pero aún un acto de antropofagia que anunciaba quién sabe cuantos horrores más– me llevaron a una conclusión ineludible: tenía que terminar con ellas.

Y acto seguido, sacó un frasco. “Este es un potente hormiguicida”, dijo, y lo bebió: en apenas dos o tres segundos apoyó su cabeza sobre la mesa, ya inconsciente.

Nos quedamos paralizados, atónitos; ninguno de nosotros había presenciado nunca nada semejante; ninguno de nosotros hubiera esperado semejante final para esa fábula absurda.

Pero antes de que atináramos a acercarnos y ayudarlo de alguna manera, de su boca, de los orificios de su nariz, de sus ojos, de sus oídos, las uñas de una mano apoyada sobre la mesa, salieron torrentes de hormigas, rojas, robustas, decididas, miles de ellas, los miles de millones que habían colonizado su cuerpo y que ahora, antes de que fuéramos capaces de reaccionar, penetraron en nuestros ojos, en nuestros oídos, en nuestras bocas y empezaron a colonizarnos, sabiendo que dentro de nosotros encontrarían un refugio definitivo.

Las mentiras de Perez, senador UDI

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“Las mentiras tienen patas cortas” dice un refrán alemán y el chileno dice “mas luego se pilla a un mentiroso que a un ladrón”.

Nostalgia del presente

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Mario Benedetti

 Entre el intelectual y el mundo que lo envuelve o asedia, siempre ha existido una relación móvil, cuando no errática. No obstante, y a pesar de balanceos y estremecimientos varios, si se examinan con atención uno o varios fragmentos de siglo es posible detectar cadencias aproximadamente cíclicas, que van desde la prescindencia al compromiso, o también desde el arraigo a la evasión, con sendas viceversas.

Ivonne se entregó sin resistencia y se reunió con su familia vacuna.

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02/9/2001

Ivonne se entregó sin resistencia y se reunió  con su familia vacuna.

Noventa y ocho días duró la aventura de Ivonne la vaca subversiva de Baviera. En la foto con su hijo.

Novela negra: Capitulo V

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En este capítulo se relata como Rita y Daniel Weber se conocieron.

CAPITULO V

A Rita la conoció hacía dos años, cuando recién había comenzado su “carrera” de “detective privado”, curiosamente y como lo comprobaron posteriormente, casi en la misma forma en que se conocieron Schmidtbauer y su esposa Martha.

Carta de un tal “Dios”

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Carta de un tal “Dios”

Hemos recibido la siguiente carta de un lector que firma como Dios, sin RUT y sin segundo apellido, lo que la hace sospechosa, pero porque su contenido no ofende a nadie y es interesante la publicamos.

Capitulo IV: "El obstáculo" novela negra por Àlvaro Rojas

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CAPITULO IV

Daniel trabajó en el computador hasta casi medianoche. Se informó en Internet de que Schmidtbauer había iniciado su carrera académica en Tubingia cuando fue llamado para organizar la sección de Genética de la Facultad de Biología en los 70.

Aficionado a la pesca.

No encontró ningún otro dato interesante. Era muy tarde. Llamó a Rita.

“Hola. Tengo novedades”, dijo con un tono seco y muy “profesional”.”

“¿Llegó el procurador judicial a quitarte los muebles porque no pagaste la luz?, bromeó Rita con su típico humor sarcástico.

“No. Me contrataron para investigar el crimen de Schmidbauer”, dijo, no con poca satisfacción. Algo así como la que sentía cuando llegaba a casa y le contaba a su madre que se había sacado una buena nota en alemán en la escuela.

Rita no dijo palabra por unos muy largos segundos, con lo que quedó demostrado que la noticia había sido un blanco perfecto.

“¿Schmidbauer. El caso del “asesino fantasma”?”, preguntó.

“Sip!”, dijo sintiendose como un personaje de Raymond Chandler hablando con su amante.

“Entonces podremos trabajar juntos”, dijo con un tono en la voz que Daniel le conocía.

“Bueno, depende de las regalías...”

“¿Que regalías?”

“Bueno comestibles y bebestibles con cargo a los generosos viáticos que paga la prensa”, aseguró riendo.

“Dejate de bromas. ¿Cuando podemos hablar?”

“Hoy mismo si quieres”, dijo para sopesar la importancia que le daba al asunto y seguro de que lo mandaría al diablo.

“Bien. En media hora donde el italiano en la esquina del Pasaje de los Judíos”. Casi se le cae el auricular de la mano. Nunca Rita había demostrado un interes tan grande por un asunto. Mas aún cuando Daniel sabía que Rita era metódica en su vida y que nunca se iba a la cama después de las doce y era casi seguro que ya estaba acostada leyendo algo y se aprontaba a dormir.

El bar del italiano era un local con mesas de madera, manteles a cuadritos rojiblancos y ánforas de plástico con redes y conchas de moluscos de adorno que intentaban darle una atmósfera mediterránea, sin lograrlo. Era muy frecuentado por los Estudiantes. Era barato, y las porciones eran grandes y apetitosas. El detective almorzaba algunas veces allí. El vino no era malo. El propietario lo conocía y a veces conversaba de esto y aquello. Era un italiano de Calabria, de baja estatura, con bigotes negros y el pelo cortado como se lo cortaba el Kaiser Guillermo Segundo. Tenía unas manos grandes y duras y cocinaba el mismo. “Aquí en Alemania no se puede pagar personal”, decía “y en los italianos no confío”, agregaba, sin aclarar porqué.

Cuando llegó al local, Rita ya estaba sentada en una mesa arriconada al fondo.

Olía a sales de baño y el pelo crespo y rojo oscuro lo tenía atado en una “cola de caballo”. Tenía la grabadora puesta en la mesa y el bloc de apuntes listo. Había pedido un Lambrusco. La blusa de seda roja destacaba sus formas de manera muy seductora.

“Hola. Estoy completamente anonadado por tu presencia. Son las 23 horas y diez minutos y tu sacrificaste tu rito nocturno para encontrarte con este personaje. No puedo creerlo”, dijo Daniel.

“Deja tus ironías y cuéntame como fue que lograste engañar a la familia Schmidbauer para que te contrataran,” respondió Rita cortante.

Daniel le contó los detalles. Anotó todo y dijo que el relato le serviría de base para la nota que escribiría para el ejemplar del día subsiguiente. Ya había despachado una nota breve para primera página con el atentado en el Neckar. El diario estaba casi cerrado cuando ocurrieron los hechos. No era necesario pedirle que lo dejara fuera de su nota ya que ella sabía que si lo hacía mandaría todo el posible trabajo conjunto al mismo diablo.

Rita tenía la pizca de suerte que necesita un reportero para cumplir con exito sus funciones. Casualmente estaba en la oficina de Kreuz cuando lo llamaron para informarle que habían asesinado al doctor Schmidbauer en su casa y había tomado el caso anotandose un punto en su recién iniciada carrera periodística.

“¿Tienes otros detalles del caso que no hayas publicado?, preguntó Daniel.

“Nada”, contestó

¿Que tesis maneja la policía?. No leí nada al respecto en tus notas en el diario.

“Creen que se trata del mismo tipo. Manejan la hipótesis de que la víctima es la joven, ya que cuando mataron a Schmidbauer la chica estaba en la sala escuchando la discusión de ambos”.

“O sea que no tienen nada, fuera de un cadáver y la joven herida y un fantasma que recorre Tubingia sin que nadie sepa nada de él, fuera de que opera con eficacia un fusil de precisión y se escurre por los techos como un gato”, dijo.

“Efectivamente”, afirmó Rita. Luego informó que la policía había formado una Comisión Especial para investigar el caso, presidida por Kreuz y que habían recibido (no de muy buena gana), apoyo de la Oficina Federal de Criminalística (Bundeskriminalamt, el FBI alemán) desde Berlin.

El asesinato de Schmidtbauer había causado conmoción nacional e internacional y el gobierno federal tenía un ojo puesto en la investigación por las posibles implicancias políticas y diplomáticas que mostraba el caso. Por último Schmidbauer no era un ciudadano común y corriente y su nombre había figurado como candidatio al Premio Nobel de Medicina en varias ocasiones.

El asunto también tenía un sesgo político por la oposición dura y consecuente de pequeños grupos de base, civiles, que se oponían radicalmente a la genética en general por considerar que era una actividad científica que pretendía intervenir el código de la vida sin saber concretamente que efectos podrían tener las intervenciones humanas.

No era posible descartar completamente la tesis de que detrás del asesinato pudiesen estar algunos de esos grupos, a pesar de que ninguno nunca había manifestado o tendido a un extremismo tan brutal como para asesinar a alguien por su causa.

“Una primera hipótesis puede ser que el asesino tiene una razón monetaria o personal para querer matar a la joven, dijo Daniel, reflexionando en voz alta. Otra tesis podría ser la conexión judía, la joven se llama Rosenthal y es casi seguro que sus padres son judíos, ya que si se confirma que sus padres son askenasi, judíos alemanes, huídos de Alemania por la persecución nacional-socialista, habría una posible respuesta a la pregunta fundamental: ¿“qui bono”?. Habría que investigar por ese lado. También puede ser que haya un motivo de venganza. Yo creo que comenzaremos a entender todo el asunto una vez que sepamos la respuesta a esa pregunta de los jueces romanos. Porque hasta ahora –continuó con su reflexión mientras Rita lo escuchaba con la mano en la barbilla- no sabemos a quien beneficia el atentado en contra de la joven y el asesinato de Schmidbauer.”

“Tu deberías interrogar a Alina”, dijo Rita. “Preguntarle por su familia, por las razones que tiene para estudiar aquí, en fin, por todo. Puede que aparezca         un hilo que nos pueda conducir a algo”.

“Razón tienes joven”, dijo y mirándola a los ojos, esos mismos azul verdosos que reflejaban tan bien los estados de ánimo de Rita. Cuando estaba furiosa y hablaba calmadamente para no dejar que la ira la dominara y poder usar el eficaz instrumento de su retórica y sarcasmo en mejor forma, parecían oscuros. Cuando reía parecían aclararse.

“La esposa de Schmidbauer es una excelente fuente también”, agregó Rita.

“Creo que tenemos tres “víctimas”: una de ellas muerta y otra herida, porque al muchacho no hay que descartarlo. A la esposa de Schmidbauer se la puede descartar porque según tu relato –coincidente con el de Gabriel- ella no estaba en la sala cuando fue asesinado el Profesor.”

“El hijo –Gabriel- puede también entregar información, dijo Daniel. “¿Me puedes contar algo sobre esa conexión con la industria de piensos para animales que mencionas en tu artículo?.”

“Schmidbauer estaba embarcado en un proceso de investigación que tiene un valor muy grande para la industria alimenticia en general y para la crianza de animales en especial. Tratar de obtener una bacteria o un grupo de ellas que sean capaces de transformar restos de las cosechas en un pienso rico en proteínas para la alimentación de vacunos, ovejas, caballos, cerdos y aves de corral. Como quien dice los científicos operarían como el enano Rumpelstilzchen transformando la paja en oro con su ciencia genética...

“Se utilizan como piensos muchos cultivos modificados genéticamente, productos derivados de ellos y enzimas derivadas de microorganismos modificados genéticamente, dijo Rita, que había consultado muchas fuentes para un artículo sobre el tema. Se estima que el volumen del mercado mundial de piensos asciende a unos 600 millones de toneladas. Se utilizan piensos compuestos principalmente para las aves de corral, cerdos y vacas lecheras y se preparan con una amplia gama de materias primas, como maíz y otros cereales, y semillas oleaginosas como soja y nabina y harina de pescado. Se estima que actualmente se cultiva con variedades modificadas genéticamente el 51 por ciento de la superficie mundial dedicada a la soja, que se cultiva preferencialmente con variedades genéticas en la pampa húmeda de Argentina”, agregó Rita.

“Con ello se terminaría la dependencia de la harina de pescado, el maíz de los EEUU y otras materias primas que son caras y que se usan en la fabricación de piensos para la agricultura.

“Naturalmente que la industria y los sectores interesados miran con mucho interés la investigación de Schmidbauer, -continuó explicando Rita-, especialmente de cara a la baja del consumo de carne de vacuno que los ha afectado muy gravemente desde el caso de “las vacas locas” y el aumento de la consciencia de los consumidores acerca de los efectos del exceso de consumo de carnes rojas. De hecho los mayoristas de carne ya buscan centros de producción en Brasil y Argentina para abastecer el mercado con “carne limpia”.

“Para informarte muy bien sobre el caso te recomiendo que pidas una entrevista con el Gerente de GENOTECNIK, la empresa que financia en parte la investigación que seguía Schmidbauer. Puede que por ahí salga algo, a pesar de que no creo que ellos hayan querido eliminarlo. También puede haber un hilo de celos profesionales en el caso, no se. Hay que trabajar mucho. Tendrás que ganarte el pan con el sudor de tu frente”, dijo Rita y lo miró sonriente, quizás alegrandose de antemano por los malos ratos que le esperaban en este caso, el mas importante que había tenido en su corta carrera de detective privado y para ella de igual importancia para su iniciada carrera periodística.

Se separaron luego de comer una deliciosa ensalada con jamón de Parma y aceitunas, alcaparras, vinagre balsámico blanco acompañada de pan andaluz “hecho en casa” como dijo el tabernero y una botella del mismo vino tinto que había pedido Rita, un Lambrusco semiespumante levemente dulce y con la calidad decisiva para un personaje como el detective: barato.

El huaso Contreras y el presidente Piñera

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El huaso Contreras y el presidente Piñera

 
El cuento es viejo: la inundación había alcanzado la casa y la orden era evacuar, pero el huaso Contreras no quería hacerlo. Cuando el agua le llegaba a las rodillas vino una camioneta a buscarlo.

Novela "El obstáculo" Capítulo III

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Donde se exponen algunos hechos de la biografía de Gerd Schmidtbauer, el padre adoptivo de Gabriel.

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