Epístola a Hermógenes, “el demócrata”...

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Bravo, don Hermo! Como admirador suyo, quiero resaltar cuánta razón tiene usted en su artículo de “El Mostrador” titulado: “Falta de autoridad”, del 28 de julio, criticando al gobierno actual: “El principal requisito para gobernar bien”  -dice usted- “es ejercer la autoridad”. Nada de elucubraciones sociológicas o filosóficas inútiles.

 

 Directamente al grano: ¡disciplina y obediencia!, he aquí el precepto político magistral. Y uno se pregunta, cómo grandes políticos e intelectuales del mundo, de antes y de ahora, han podido omitir tan profunda verdad. Evidentemente, hay sin embargo, otros grandes personajes de la historia que estarían completamente de acuerdo con usted: Stalin, Hitler, Pol Poth. Pues, sin una autoridad firme, los pueblos tienden a pensar que tienen derechos que nadie les ha dado y comienzan a exigir cosas que no deben. Y el desórden cunde. Como en Chile, lo que usted tan bien describe.

 Bravo, una vez más! Nos complace que siga usted en la brecha repartiendo sentencias y verdades propias de la democracia, a pesar de los años y la supuesta debilidadad de las neuronas.  Siempre atento a denunciar la ilegalidad y la violencia donde quiera que aparezca. Siempre en la huella de ese prócer demócrata  que fue don Augusto, el Sabio ( zafio, dicen algunos canallas), quien siempre estuvo listo  para corrobar sus aciertos con mano de hierro y que, emulando a los antiguos pedagogos, sostenía: “Si la letra, con sangre entra...mis dictados también”. Con esa inspiración y con su dedo acusador dirigido en contra de los enemigos rojos de la decencia y la democracia, sus escritos son, don Hermo, un estímulo para la lucha en estos tiempos traicioneros.

 Como usted bien lo deja entender, el gobierno de Tatán no es el gobierno del Tata. Este no habría permitido que el enemigo marxista siguiera levantando cabeza por todas partes: en los liceos, en las universidades, en las minas, en la administración pública, en las regiones, entre los mapuches, en las calles, en los hogares, en fin, por todo lo largo y ancho del país. Y  es tan grande y sutil la influencia marxista don Hermo, que hasta parlamentarios y miembros de la Coalición, no se quedan atrás para hablar también  de “derechos humanos”, adscribiéndose a una ideología y a un vocabulario decididamente marxista. La verdad es que los terroristas se están multiplicando como callampas después de la lluvia, don Hermo, sin que Tatán diga ni haga nada, tal como usted denuncia. Hasta ha permitido la emisión de series televisivas malintencionadas, como aquella de “Los Archivos...” que sólo pretenden tergiversar la historia heroica del gobierno del Tata.  Series que no dicen nada del Plan Zeta, del plan Cucox, del plan Taca-Taca y quizás cuántos más había en aquel gobierno bolchevique de Allende, para arrasar con esa democracia tan bonita que teníamos antes en que los pobres eran pobres e inocentes y los ricos, ricos sin mayores sobresaltos. Todos con su futuro asegurado para siempre y viviendo en armonía.

 Y ahora resulta, don Hermo, que ese monstruo marxista que pensábamos haber extirpado de nuestro país, no ha muerto, ¡no! ¡no! ¡no!, al contrario, está de nuevo creciendo por todas partes. Para colmo, no sólo en Chile, sino en el mundo entero. En algunas partes se le llama indignados, en otras revolucionarios árabes, en otras islandeses, la furia griega...en fin. Pero el nombre no importa don Hermo, porque son todos comunistas, comunistas de tomo y lomo, nada más.  Es sólo cuestión de estar atentos para descubrirlo.

 En nuestro país, como usted sabe, una de sus últimas metamorfosis es esa masa nacional disfrazada de Estudiantes de todo tipo que salen a las calles a protestar y a exigir cosas imposibles de conceder sin llevar  al gobierno y al pais al caos. Pues estos muchachitos, ya se habrá dado usted cuenta don Hermo, son comunistas, todos comunistas, desde el primero hasta el último. Un verdadero ejército de subversivos y destructores. Con el pretexto de pedir una mejor educación quieren alterar el orden y la paz social. Y han llegado hasta la huelga de hambre para presionar al gobierno.

 Si usted escucha y lee lo que dicen, su lenguaje los delata de inmediato: hablan de re-nacionalizar Codelco, de reforma constitucional, de plebiscito y hasta de asambleas constituyentes. Puro lenguaje comunista, don Hermo. Y ahora han salido (descubierto dicen ellos) con que los encapuchados que hacen desmanes después de sus manifestaciones, no son Estudiantes, sino carabineros infiltrados. Lo mismito que ya han dicho los mapuches terroristas del sur. (Confidencialmente: cómo irá de mal este gobierno de Tatán, que hasta ésto lo hacíamos nosotros mucho mejor, en tiempos del gobierno bolchevique.) Y el ofertón de 4000 millones de dólares que les ofreció Tatán para cerrarles la boca, efectivamente, no sirvió de nada. Y nuestro Tatán haciendo el ridículo una vez más.

 Como usted lo dice, sin escribirlo, ¡cuánta falta nos hace la mano firme del Tata!, don Hermo. Él tenía sus métodos para hacer desaparecer estos problemas expeditivamente. Incluso para adelantarse sabiamente a ellos. Como amante que era del Estado de derecho, él no admitía que las cosas no anduvieran derechas y sus sentencias eran verdaderos picanazos sobre el lomo de los porfiados. Así nadie se atrevía a levantar la voz o a hacerse el mártir, por cualquier cosa. Así, las gentes de bien, como usted y yo, podíamos dormir en paz. Podíamos progresar sin impedimentos, podíamos acumular  nuestra platita, sin protestas, sin sindicatos, sin negociaciones colectivas. (Todos éstos, inventos comunistas, como se sabe). Nadie se equivocaba con la autoridad del TataAhora quisiera transmitirle una preocupación mía, estimado don Hermo, pues conocida su admirable agudeza para ver bajo el agua y para descubrir la astucia comunista hasta debajo de las piedras, desearía que usted pusiera atención a un hecho del todo sospechoso. Y muy alarmante, desde luego. En innumerables ocasiones, al pasar frente a los patios de diferentes guarderías infantiles y colegios parvularios, he podido observar que muchos niños, incluso los más pequeños, durante sus juegos, levantan un brazo en alto, a veces los dos, con el puño cerrado y lo mantienen así un instante. Y me he preguntado: ¿Es esto un acto espontáneo propio del juego infantil o se trata de un adoctrinamiento precoz y camouflado, ejercido sobre esos niños inocentes que algún día construirán un nuevo país? Acaso, ¿inducido por esas “tías” que los instruyen ?  Como usted sabe, los puños en alto son un claro y conocido signo de lucha, propio de la simbología comunista. Y no sería errado presumir que muchas de esas “tías” fueran comunistas, como ocurre con la mayor parte de esta gente que oficia de profesores y pedagogos de todo nivel.

 Ante el desorden y la falta de autoridad que impera por todas partes  -como usted denuncia- no es improbable que se estuviera creando toda una generación de pequeños aprendices de terroristas, que más temprano que tarde tejerían a lo largo del país una red de subversivos marxistas capaces de todo, con el fin de acabar con la democracia perfecta que hemos construído. En su calidad de experto en este tipo de evaluaciones, agradeceré mucho don Hermo, conocer su criterio y su juicio autorizado sobre estas observaciones mías. Pues, si fueren acertadas, quizás su prestigio y su influencia podrían lograr que el gobierno pusiera atajo a una acción comunista, sin duda organizada, la que tiene lugar bajo las narices mismas de los padres y las autoridades y que amenaza la paz y el bien público futuro de nuestro país. ¡Si usted viera los escalofríos que me da imaginar el desfile por la Alameda de interminables columnas de enanos vestidos de rojo, con el puño en alto, cantando “La Internacional”! ¡Dios nos libre! Por favor, analice este asunto, don Hermo. Lo dejo en sus manos.