Radio Bemba Informa...ESTE HOMBRE ES PELIGROSÍSIMO

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Hola familia, si en efecto Juan Carlos Onetti era un hombre peligrosísimo a pesar de que en su vida a la unica persona que había matado era a si mismo a punta de cigarrillos ,whisky y onettianas mujeres pero que,como los boxeadores con las trompadas,tenía la pluma prohibida. No son muchos las personas en esta inmensa pelota -que arbitrariamente llamamos Tierra- que estando deprimidas hayan leido un libro de tapa de engañoso color verde que lleva como breve y lúgubre titulo"La vida breve"y no hayan perdido toda verde esperanza y no hayan especulado con la idea de abreviar la vida con un tiro de mágnum 44 con bala dum dum impregnada de cianuro enriquecido en el paladar mientras un lazo de cuero de búfalo trenzado atado a la viga de un techo le encorbataba el cuello para asegurarse que si la bala no hacía su trabajo el lazo terminaría con la obra inconclusa que lo conduciría al acostón totalizador y definitivo con la Pelona.

Como bien dijo la critica literaria mexicana Mercedes Fonesca Domínguez " En "La vida breve" se condensan los quinientos años de desesperanza y melancolía tanguera del Río de la Plata"…No se conoce hasta el momento  en los territorios que van desde el desertico Rio Grande a la gélida y pinguinal Tierra del Fuego a ningun hombre, por bragado que este fuera, que habiendo salido de un fracaso sentimental-por ellas aunque mal pagen-no haya caido en un devastador ataque de misoginia después de leer el aterrador relato "el Infierno tan temido" –  que el gran Agustín Lara no llegó a concer para componer un Perfidia a la enesima potencia.. Juan Carlos Onetti- y en menor medida Benedetti con sus burocraticos color oficina pública de "Montevideanos"- instalaron en nosotros un terror metafísico por ese Uruguay que ellos describen como un pais de jóvenes viejos en que los viejos mueren jóvenes. Habiendolos prevenidos de los peligros que corren solo nos quedad decirles Welcome to the Machine de los Horrores. Con ustedes all the way from Uruguay …Juan Carlos Onetti. Que Dios los coja confesados y se apiade de sus almas. Hasta aquí hemos llegado,más allá se extiende la Terra Incognita que los vientos alicios del optimismo guien a sus carabelas…

Nos fuimos

Go ahead Juan Gabriel explícaselo

Si hay una cosa más temible que leer a Juan Carlos Onetti, es releerlo

Releyendo La vida breve

Juan Gabriel Vázquez

"Es una auténtica paliza, de la que sales agotado como si hubieses combatido con Cassius Clay en su mejor momento, y tú, además, con una mano atada a la espalda". Pues en esa pelea llevo yo metido varios meses ya, como quizás sabrán algunos lectores, y mi último round ha sido con (contra) La vida breve, que leí por primera vez hace unos quince años. La experiencia esta vez ha sido radicalmente distinta, porque La vida breve, como todas las grandes novelas, cambia mientras cambian sus lectores; y además porque entre las dos lecturas está El viaje a la ficción, el ensayo que Vargas Llosa publicó el año pasado y que dedica varias páginas a poner patas arriba la novela de Onetti, a destriparla y a mostrarnos las tripas.

El ensayo de Vargas Llosa gira alrededor de esta idea sencilla: la obra de Onetti es toda una larga y terca huida hacia mundos que no existen. Ya sea porque no soportan el mundo que les ha tocado en suerte, ya sea por cualquier otra razón, los personajes de Onetti fabrican una realidad alterna y se instalan en ella. Si eso es así (y es así), La vida breve es una especie de cifra, de símbolo perfecto, de toda la empresa de Onetti. La novela comienza con un acto imaginativo: Brausen, el narrador de la novela, escucha desde un lado de una pared lo que su vecina, la prostituta Queca, dice en el otro lado. Imagina a la mujer; imagina a su acompañante. Más tarde nos enteramos de que Brausen tiene buenos motivos para huir, por lo menos imaginariamente, de su vida actual: por un lado, a Gertrudis, su mujer, acaban de amputarle un seno; por el otro, están a punto de despedirlo de su trabajo.

Brausen se pone entonces a imaginar una historia para venderla en forma de guión. Imagina unos personajes que vagamente imitan los de su realidad: el doctor Díaz Grey se basa, más o menos, en él mismo (pero Díaz Grey lleva en general una mejor vida); Elena Sala se basa, más o menos, en Gertrudis (pero Elena Sala tiene los pechos enteros, y el doctor lo constata en la primera consulta que tienen). Esos personajes y la realidad que los rodea viven y se mueven en una ciudad inventada para ellos: Santa María, la gran creación de Onetti, su Macondo o su Comala. Pero el asunto es que el guión nunca llega a existir. En lugar de escribir la historia, Brausen huye hacia la ciudad, se instala en ella como su creador, a tal punto que los habitantes de Santa María erigen una estatua al fundador Brausen, y el doctor Díaz Grey llega a invocar su nombre en sus oraciones: "Brausen mío".

La vida breve es un fascinante inventario de imposturas. Brausen llega a su casa una noche cualquiera, se pone a dibujar el mapa de esa ciudad que ha inventado, y es imposible no pensar en Faulkner, que también tenía un mapa de su ficticio condado de Yoknapatawpha. Pero ahí están también la Mami y el viejo Levoir, que suelen poner un mapa de París sobre la mesa para imaginarse citas de amor en esas calles pintadas. Es que todos en la novela añoran una realidad distinta. Lo curioso de La vida breve es que el mundo allí inventado invade el mundo real, le da forma y, como todas las grandes ficciones, acaba por superarlo. Aunque uno quede, como he quedado yo, agotado en el proceso.