Piñera: exageración ignorante

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Piñera nuestro mediático presidente, impulsado por su entusiasmo declaró a la prensa mundial presente en el campamento Esperanza en la mina San José que "Lo que estamos viendo no tiene parangón en la historia de la humanidad".

Bueno, la verdad es que lo tiene –no en la historia de la humanidad – sino que en la historia de la minería subterránea.

Concretamente en Alemania, en Gelsenkirschen- Rotthausen en la Cuenca carbonífera del Ruhr, en la mina de carbón Dahlbusch en 1955.

La „Bomba de Dahlbusch“

Hace 55 años en la mina de carbón de “Dahlbusch” en la localidad alemana mencionada. Exactamente en mayo de 1955 el ingeniero alemán de 34 años Eberhard Au enfrentado al problema de tres mineros que quedaron encerrados a 855 metros de profundidad, diseñó la que sería bautizada como “La Bomba de Dahlbusch”.

El ingeniero construyó un cilindro con paredes de acero de 4 milimetros, un diámetro de 40 centímetros y con la forma de un tropedo submarino o una bomba alargada.

Trabajando día y noche fue fabricada la “bomba” y dotada de anillos en ambos extremos. Mientras construían la cápsula, se perforó un túnel o ducto de 46 centímetros de diámetro. Los mineros fueron sacados de la mina con los brazos estirados hacia arriba encerrados en la “bomba”.

El sistema fue copiado en todo el mundo y sirvió para rescatar a 14 mineros encerrados en otra mina, también en Alemania.

La versión chilena es mejor porque tiene rodamientos y rudas con resortes flexibles en su pared exterior para hacer mas fácil el transporte y tiene un diámetro mas grande ya que los mineros no necesitaron “adelgazarse” estirando los brazos hacia arriba como los alemanes en 1955.

Naturalmente que nadie puede encontrar gusto en hacer de aguafiestas, pero la verdad es siempre mejor que los ditirambos demagógicos, como este excepcional ejemplo pronunciado por el Presidente.

La exageración no puede ser mas exagerada. “Sin parangón en la historia de la humanidad”. ¡Hay que ver, que apuntó lejos Piñera!.

Otro detalle interesante fue la última frase que dijo Luis Urzúa el dirigente de los 33 encerrados en la mina. Como un soldado disciplinado, un general que vuelve de la batalla “entregó el “turno” al Presidente, como quien entrega el mando y cerró el acto, sencillo, parco, con las palabras: “Y que esto no se vuelva a repetir”.

Esa frase es lo que la nación chilena le dice a Piñera, es la vox populi, vox dei. Urzúa como minero con una biografía trágica por el asesinato y desaparición de su padre y el fusilamiento por la Caravana de la Muerte de su padrastro y saliendo de una situación límite y como jefe que es, dijo lo que Chile piensa y ordena a la irresponsable élite nacional: “Y que esto no se vuelva a repetir”.

Piñera respondió con frases hechas, pero cortadas con el fino bisturí ideológico que caracteriza a la derecha chilena. Habló de gratitud, de lealtad. No habló de solidaridad; de espíritu comunitario de los rescatados, de esfuerzo colectivo.

La frase de Urzúa, si es tomada en serio por la élite nacional, debería tener como efecto una reformulación completa de la completa desregulación que existe en la minería chilena.

Compartimos con emoción y cariño el rescate con vida de los 33 mineros. Saludamos con respeto y admiración a los técnicos que concibieron y usando experiencia acumulada diseñaron el plan de rescate y lo llevaron a efecto con una eficacia que sólo se pudo encontrar en la empresa estatal chilena CODELCO.

Junto con todo Chile nos alegramos del final feliz de esta historia de miedo a perder los seres queridos tragados por el cerro implacable, esperanza renacida con un trozo de papel atado a una broca; espera ansiosa del rescate y la felicidad de todos al ver salir del infierno, ya liberados, a los 33 obreros mineros.

Vaya nuestra admiración y respeto a los que realizaron la hazaña.

Desde lejos sufrimos con los mineros y sus parientes. Vigilamos todos los avatares del caso. A veces nos indignamos por el cariz a veces farandulero que adquirió todo el asunto. Otras nos reímos de buena gana con el lenguaje engolado, mal hablado y poco menos que de gringo que no sabe hablar castellano con que nos entretuvo el “vocero” oficial del caso, el Ministro de Minería.

También nos sentimos orgullosos de nuestros compatriotas que mostraron al mundo que nosotros los chilenos sacamos a nuestros mineros solos a pesar de que los genuflexos que nos gobiernan trajeron especialmente a un gringo para que nos “aconsejara” y este terminó jugando un rol marginal ya que nosotros, Chile, no lo necesitamos, al igual como nos los necesitamos opara explotar nuestras minas, pero ese es otro cuento.

Con que alegría vimos como salían de las entrañas de la tierra los rescatados.

Con que orgullo miramos las imágenes de televisión en que mostraban como los ingenieros chilenos hacían “su pega” a la perfección. Nuestros amigos en el extranjero nos llamaron en varias ocasiones para felicitarnos por ser parte de la nación chilena, por ser una parte de Chile que mostraba claramente de lo que somos capaces. Que muchas veces en la historia lo hemos demostrado a pesar de lo chapucera y vendida que es nuestra clase dirigente.