Miercoles, 22 Noviembre 2017

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Camberra, Ankara y otras falsas capitales

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Robert Fisk/La Jornada

Justo atrás de mi casa en Beirut hay un estrecho y sombrío callejón llamado Calle Majoul, y en ella un pequeño negocio con una puerta oxidada donde un armenio vende postales antiguas de Beirut. Esta es una foto del puerto, la imagen del cabús de una locomotora que sale de una pequeña estación. En una calle bordeada por árboles puede verse una carreta cubierta tirada por caballos y a un libanés que lleva el tradicional sombrero cilíndrico y con borla de los otómanos. A lo lejos se ve la catedral maronita de San Jorge. Es el sello de la oficina de correos lo que llama mi atención; la fecha es del 11 de octubre de 1906 y dice “Beirut, Siria”.

 

Claro. En los últimos días del imperio otomano, Beirut era un territorio cuya capital regional era Damasco. Cierto, los franceses ejercían el mando bajo las ruinas políticas que llamaron “capitulaciones”, las autoridades francesas tenían a su cargo las oficinas de correos, pero los libaneses consideraban a Damasco como su ciudad principal. ¿Qué conforma a una ciudad? ¿Debe de tener un río (y estar a la orilla del mar), como afirma un amigo, o es esto una invención? Una ciudad debe tener una capital, o en su caso, supongo, una gran mezquita, ¿pero qué define a una capital?

Bueno, tenemos Bagdad (con el Tigris), El Cairo (con el Nilo) y varias capitales que dan al mar como Trípoli, Argel y Túnez, y supongo que los minúsculos “principados” del golfo (como les llamo yo), ¿pero cómo se puede considerar a Riad capital de Arabia Saudita? Gris, perturbadoramente sin vida, con una mojigatería religiosa palpable, Riad es espantosa. La capital debía ser Dammán, la gran ciudad petrolera saudita junto al mar. Y cómo podemos decir que la germanizada ciudad de Ankara es la capital de Turquía cuando en nuestros corazones –y en los corazones turcos– ésta debería ser Estambul (alguna vez Constantinopla y Bizancio) con su pasado romano, cruzado y de califato. Damasco, sí, claro, ¿pero cuántos lectores conocerán su río? Se trata de de un pestilente y viejo desagüe llamado Barada. Hmmm.

Pero nosotros, los “fuereños”, somos capaces de cambiar capitales a nuestro antojo. Algunas son ridículas. Toronto, el corazón de los negocios de Canadá (originalmente llamada “York”) debería ser la capital como de hecho lo fue alguna vez de “Canadá Superior”. Pero los canadienses tuvieron que decidirse por Ottawa, a medio camino entre Toronto y Montreal para que los francófonos no se ofendieran, pues Ottawa colinda justo con Quebec. Karachi era la capital de Pakistán, también su capital de negocios, pero la “verdadera” capital es la “nueva”, y muerta, ciudad de Islamabad, que es una especie de extensión de clase media de Rawalpindi.

Viajando un poco más lejos, la capital de Australia debía ser Sydney (o Melbourne), pero en vez de eso tuve que conducir por tierras calientes no hace mucho hasta llegar a una vieja estación en una colina que ahora es Camberra, llena de pequeñas ciudades, universidades y aburridos ministerios.

El centro de negocios de Sao Paulo es “mi” capital de Brasil. Pero no, los brasileños tuvieron que inventar como capital la distante ciudad de Brasilia con el fin de que, según me dijo una brasileña en mi más reciente viaje allí, “los políticos puedan huir de su pueblo”. Debo añadir que cuando Napoleón ocupó Portugal, Brasil alojó en su territorio a la familia real. Si los turcos otomanos no hubieran cometido genocidio contra los armenios, quizá la actual capital de Armenia estaría más al oeste que Yerevan.

La Vieja Europa (como la bautizó soezmente Rumsfeld) es más ordenada. Londres tiene el Támesis, Dublín el Liffey y París el Sena. ¿Que río tiene Madrid? Desde luego no el Manzanares canalizado. ¿Acaso cuenta el río Senne? Desde luego no tienen problema Amsterdam, Copenhague, Oslo, Helsinki y Tallin, ¿pero qué hay de Berlín con su río Havel? Claro, si a ríos nos vamos la capital alemana tendría que volver a Bonn, sobre el río Rin, o al menos al centro de negocios de Hamburgo.

Lisboa está bien con su río Tajo, Budapest, Belgrado y otras capitales en los Balcanes están repletas de ríos y provenientes del Danubio y el Sava; Sarajevo tiene el Neretva, Praga pasa la prueba con el río Moldavia. Varsovia está sobre el río Vistula, pero también mi ciudad “favorita” para ser capital: Cracovia. Aquí nos topamos con problemas. Edimburgo podría ser capital de una “Escocia” independiente, ¿pero acaso el río Forth se compara con el poderoso Clyde de Glasgow?

Volvamos a Oriente. Kabul califica con su río del mismo nombre, ¿pero Teherán, Dushambé (sí, la capital de Tadjikistán)? Luego nos vemos en Jerusalén y el río dorado y ¡ups! Otros problemas. Después de que se creó Israel se declaró a Tel Aviv su capital temporal, pero a finales de los años 40, Jerusalén occidental se convirtió en capital y, tras la guerra de 1967, Israel declaró a la ciudad santa (ilegalmente anexada a su territorio) como su capital “eterna y unificada”. Sin embargo, olvidó llevarse de Tel Aviv a su Ministerio de Defensa. Los pobres árabes no pudieron competir con esto en un principio porque su capital, después de una igualmente ilegal anexión, Ammán, la capital de Jordania (aburrida, con ruinas romanas y un rey) quedó sin salida al mar. El viejo plan de la ONU es hacer de Jerusalén una “ciudad internacional” (en memoria de la capital instaurada por el mandato británico) lo que ha permitido que los palestinos demanden el este (viejo) de Jerusalén como su capital. Bajo el imperio otomano, Jerusalén no era capital de nadie.

En cierto sentido, Jerusalén es una “capital religiosa” para judíos, musulmanes y cristianos. Pero el Vaticano no es capital de Italia ni la Meca es la capital saudita de la misma forma en que Canterbury no es la capital inglesa (al menos los “cristianos” dejan a los musulmanes visitar sus ciudades sagradas, porque los sauditas no). Si la capital de los católicos está dentro de Roma, no fue éste el mismo caso que Aviñón (donde hay un río considerable, desde luego). Esto puede convertirse en un juego de imaginación política. ¿No debería la capital de Irlanda del Norte ser la amurallada Derry, además de que el río Foyle es más bonito que el Lagan? ¿Qué tal si Cork fuera la capital de Irlanda, pues el río Lee es más romántico que el Liffey?

Hitler, desde luego, quería su capital germana en Linz (ya se había construido un acueducto para el río Speer con pilares fascistas) para escapar del viejo e izquierdista Berlín. De forma similar, la Croacia fascista se extendió hacia el Danubio con Belgrado, pero prefirió mantener su capital en el lúgubre Zagreb.

¡Fiu! Supongo que los ríos, con fines de transporte comercial y de estrategia defensiva militar, solían definir a las capitales. Los “centros de negocios” es donde se mudan todos los ladrones banqueros que nos arruinan. ¿Quién puede negar que la verdadera capital suiza es Zurich y no la aburrida Basilea, con su río Rin grasiento, o nuevamente que Toronto es la capital de Canadá, etcétera? Creo que al final, la capital es la que uno cree que es. Beirut es hoy la capital de un país totalmente artificial llamado Líbano. Se puede decir que políticamente su capital real es Damasco, en la “hermana república” de Siria.

Algunos dirán, tras la visita del relecto (?) líder iraní que la “verdadera” capital de Líbano es Teherán. Esa sí que es difícil.

The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

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