Lunes, 16 Octubre 2017

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El Giratorio de Santiago: gastronomía sólida y sin farándula

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Por Juan Antonio Eymin (*)

Esta es quizá una sorpresa para muchos lectores, esos que siempre buscan alternativas gastronómicas atractivas y entretenidas. Esta semana escribimos de una atracción que parece añeja pero que no lo es. Hace 29 años abría sus puertas el Giratorio, ubicado en un edificio recién construido en esos entonces en la comuna de Providencia. En un principio fue toda una novedad para los santiaguinos. Luego, muchos dejamos de visitarlo.

¿Qué ha pasado en todos estos años? Y acá viene la sorpresa: lejos de pensar que el Giratorio era a estas alturas de la vida un vejestorio y un restaurante poco visitado, me sorprendí por la cantidad de público que llena día a día este cilíndrico local. Es visita obligada de la gran mayoría de los brasileños y otros turistas que visitan Santiago además de muchas familias y curiosos que aún desean ver desde lo alto una de las panorámicas más entretenidas de la capital, girando suavemente mientras se almuerza o cena.

Y está renovado. Sus propietarios (las familias Solari y Siempreviva), dedicados por siempre a esto de la gastronomía, se han preocupado de tener este restaurante constantemente al día en lo que a mantenimiento se refiere, al servicio de su personal, a una cocina llena de detalles y productos, y a una constante renovación de la imagen del local. Mal que mal esta preocupación los mantiene en inmejorable posición dentro del circuito gastronómico turístico de la capital.

Y llegué un día como simple curioso a hacer algo de turismo en mi propia ciudad. A mediodía tuve que hacer una fila para tomar uno de los tres ascensores que llevan hasta el piso 16 de esta torre donde sólo gira el último piso. Seríamos tres los turistas y tras los saludos de rigor y el intercambio de novedades, nos asignan una mesa al costado de un ventanal con el fin de mirar un Santiago desconocido desde la altura. Pisco sour para iniciar y curiosamente uno de los mejores que he tomado últimamente. Definitivamente, un local que tiene un buen pisco sour y -siempre lo he sostenido- su comida debe ser también de buena calidad ya que el detalle del limón recién exprimido es un lujo que pocos restaurantes se dignan a ofrecer a los clientes.

Locos para picar junto al aperitivo (8.900). Blandos a decir basta y con varias salsas. Aparte, pan de molde recién tostado, tibiecito con otras salsas para untar. Mientras, tras los cristales, aparecía en nuestras vistas el gigante de acero que construye Cencosud en las cercanías de Vitacura.

El día era ideal. Algunas nubes en el cielo pero la primavera a todo pulmón. De la carta de vinos (desde un Don Melchor de Concha y Toro por $ 59.900 a un Clásico Ventisquero a $7.900). Nos decidimos por un Cabernet Sauvignon Selección de Directorio de la viña Santa Helena ($13.500) y un tradicional Chardonnay Casa Real de Santa Rita ($14.500). Obvio, habría carne y pescado en nuestros fondos.

Nos cuentan que acá la figura del chef no es relevante aunque igual nos conseguimos su nombre. Felipe Lagos está tras los fogones con la colaboración de Mauricio Siempreviva, quien, haciéndole honor a su apellido, ayuda ideando platos y da la aprobación a la carta en general. La imagen acá son los garzones, duchos en la materia y buenos para el portugués. Más que fina, rápida y cordial atención. Y esa es la idea.

Garrón de cordero magallánico sobre arroz silvestre (10.900); Ravioles artesanales rellenos de espinacas, reducción de merlot y toques de albahaca (8.500), y Pulpo grillado con merquén y papas chauchas (9.900) fueron nuestros fondos. Mientras conversábamos de la vida y mirábamos tras los cristales una ciudad llena de edificios y nuevas construcciones, pensaba que quizá los únicos elementos que quedan de los inicios del Giratorio es el piano, los espejos de su techo (que le otorga una atmósfera de culto) y una alfombra difícil de reemplazar. El resto, todo casi nuevo.

Grandes y gustadores platos. Acá no hay nueva cocina, ni aires, ni farándula detrás de la gastronomía que ofrecen. Pero es una cocina que gusta, bien preparada y presentada. Lo mejor, el garrón de cordero. Blando y sabroso. ¿El pulpo? Es posible que hubiese necesitado una visita al siquiatra para que se ofreciera más voluptuoso y blando.

Soy fan del acaramelado de manzanas. Si está en la carta de postres siempre lo pido. Este panqueque tiene una gracia. Hay que hacerlo a la minuta y cuando hay cien personas almorzando en un restaurante cuesta sacar de las tareas habituales a un cocinero para que lo prepare. Es un desafío y sinceramente disfruto maquiavélicamente de la ocasión.

Mientras mis vecinos disfrutaban un tiramisú (a la chilena lógicamente, con queso philadelphia, $3.500), mi panqueque de manzanas verdes (3.900) era sólo para mi deleite. No puedo decir que es el mejor de la capital (es posible que nadie lo haga tan deleitoso como la cocinera de la Trattoria Da Carla), pero era una digna versión de este tradicional postre argentino.

Un café-café para terminar un grato almuerzo. Acá no hay chefs de moda ni nada que se le parezca. La oferta es distinta y gustadora. Dimos vuelta casi tres veces alrededor de un Santiago que poco miramos y que nunca nos conmueve. Me imagino que de noche la vista será aun más espectacular. Tienen un menú ejecutivo a la hora de almuerzo a tan sólo $ 8.900 que incluye entrada, fondo, postre, una copa de vino y café. Además ofrecen %u201Cla hora del té%u201D y cenas que abarca una gran carta que parte de ella degustamos. Definitivamente el Giratorio está más vivo que nunca. Y a pesar de que nos sentimos capitalinos, conocer nuestra ciudad desde las alturas es otra cosa. Es diferente. Y si a eso le sumamos buena gastronomía y servicio, es como para pensar que estamos frente a un clásico de nuestras cocinas.

Casi 30 años tiene nuestro popular Giratorio que nació posiblemente copiado de una idea venida del exterior. 30 años y está más vivo que nunca. Eso es una gracia%u2026 y de las grandes.

Restaurante Giratorio:

Dirección: Av. 11 de Septiembre 2250, Piso 16, Providencia.

Teléfono: 232 1827

(*) Juan Antonio Eymin es cronista gastronómico y fundador de la revista Lobby, primera publicación destinada al sector hotelero y gastronómico de Chile. En la actualidad sus comentarios pueden ser leídos en varias publicaciones. Su independencia le da la libertad necesaria para aconsejar a sus lectores, por eso donde va gusta destacar lo bueno y lo malo.

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