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De la infancia del capitalismo: la crisis de los tulipanes en Holanda

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El capitalismo desde su infancia mostró lo que es: irracional y caótico; guiado por la codicia y por ello brutal, individualista y acumulador incesante de riqueza en pocas manos y sobre todo con una tendencia a la crisis periódica (ya fue descrita por Marx).

 

En ejemplo de la infancia del capitalismo que hoy parece estar llegando a su límite de vida, es la “crisis de los tulipanes” en Holanda en el siglo XVII.

Este estallido de la primera burbuja dspeculativa documentada del capitalismo fue un periodo de euforia especulativa que se produjo en los Países Bajos en el siglo XVII. El objeto de especulación fueron los bulbos de tulipán, cuyo precio alcanzó niveles desorbitados, dando lugar a una gran burbuja económica y una crisis financiera. Constituye uno de los primeros fenómenos especulativos de masas de los que se tiene noticia. El relato de estos acontecimientos fue popularizado por el periodista escocés Charles Mackay, que lo reflejó, en 1841, en su libro Memorias de extraordinarias ilusiones y de la locura de las multitudes (1841).1

Varios factores explican el origen de la crisis de los tulipanes. Por un lado, el éxito de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y la prosperidad comercial de los Países Bajos, y por otro, el gusto por las flores, especialmente las exóticas, que se convirtieron en objeto de ostentación y símbolo de riqueza.

A su vez, y por razones que en aquel tiempo se desconocían, y que fueron causadas por un virus que afectó a las primeras plantas traídas de Turquía, los tulipanes cultivados en Holanda empezaron a florecer con diferentes colores que aumentaba su exotismo. Hoy se sabe que la causa de ese fenómeno era un parásito de la flor, el pulgón, que transmite un virus a la planta conocido como Tulip Breaking Potyvirus.2

Introducción del tulipán en Europa

Charles de l'Écluse, conocido como Carolus Clusius, fue el introductor del tulipán en los Países Bajos.

El tulipán fue introducido en los Países Bajos en 1559, procedente de la actual Turquía (en aquel tiempo, Imperio otomano), donde tenía connotaciones sagradas y adornaba los trajes de los sultanes. De hecho, la palabra tulipán procede del francés turban, deformación del turco otomano tülbent, viniendo este término del persa dulband y significando todos turbante.

Aunque han sido halladas evidencias del uso ornamental en el Al-Ándalus del siglo XI que indican una introducción en Europa más remota en el tiempo, la versión tradicional atribuye su difusión al embajador austríaco en Turquía, Ogier Ghislain de Busbecq, en el siglo XVI.

Ogier era un floricultor entusiasta, y cuando regresó a Europa en 1544 llevó consigo algunos bulbos a los Jardines Imperiales de Viena. Más tarde, en 1593, el destacado botánico Carolus Clusius dejó su trabajo en los Jardines Imperiales para tomar un cargo de profesor de botánica en Leiden, Holanda, hasta donde llevó una colección de bulbos de tulipanes que crearon un gran interés y entusiasmo.

Clusius comenzó a cultivar tulipanes de variedades exóticas: sin embargo, celoso de su colección, los mantenía guardados. Pero una noche alguien penetró en su jardín y robó sus bulbos. El suelo arenoso holandés, ganado al mar, resultó ser el idóneo para el cultivo de la planta, y el tulipán se extendió por todo el territorio.

Para mucha gente los tulipanes pueden parecer inútiles, sin olor ni aplicación medicinal, floreciendo sólo una o dos semanas al año. Pero los jardineros holandeses apreciaban los tulipanes por su belleza, y muchos pintores preferían pintar una de esas flores antes que un cuadro. Los bulbos de tulipan se desarrollaron, de esa manera, como una mercancía perfecta: escasas, original y sobre todo atractiva para los consumidores. Los bulbos de tulipan comenzaron a tener un precio cada vez mas alto.

.A pesar de que se intentó controlar el proceso por el cual los tulipanes monocromos se convertían en multicolores, los horticultores holandeses no fueron capaces, de manera que lo aleatorio del exotismo contribuyó a elevar progresivamente el precio de cada bulbo. Las variedades más raras eran bautizadas con nombres de personajes ilustres y almirantes de prestigio. En la década de los años veinte del siglo XVII el precio del tulipán comenzó a crecer a gran velocidad. Se conservan registros de ventas absurdas: lujosas mansiones a cambio de un sólo bulbo, o flores vendidas a cambio del salario de quince años de un artesano bien pagado. En 1623 un sólo bulbo podía llegar a valer 1.000 florines neerlandeses: una persona normal en Holanda tenía unos ingresos medios anuales de 150 florines. Durante la década de 1630 parecía que el precio de los bulbos crecía ilimitadamente y todo el país invirtió cuanto tenía en el comercio especulativo de tulipanes. Los beneficios llegaron al 500%.

La fiebre había comenzado, como con los papeles basura de las hipotecas de Estados Unidos o todos los procesos de especulación que se conocen en la historia del capitalismo.

En 1635 se vendieron 40 bulbos por 100.000 florines. A efectos de comparación, una tonelada de mantequilla costaba 100 florines, y ocho cerdos 240 florines. Un bulbo de tulipán llegó a ser vendido por el precio equivalente a 24 toneladas de trigo. El récord de venta lo batió el Semper Augustus: 6.000 florines por un sólo bulbo, en Haarlem.

En 1636 se declaró una epidemia de peste bubónica que diezmó a la población holandesa. La falta de mano de obra multiplicó aún más los precios, y se generó un irresistible mercado alcista. Tal fue la fiebre, que se creó un mercado de futuros, a partir de bulbos aún no recolectados. El mismo que sigue generando pérdidas inmensas a los bancos y encarece el precio de los alimentos a nivel mundial. Ese fenómeno fue conocido como windhandel, "negocio de aire", y se popularizó sobre todo en las tabernas de las pequeñas ciudades, a pesar de que un edicto estatal de 1610 había prohibido el negocio por las dificultades de ejecución contractual que generaba. Pese a la prohibición, los negocios de este tipo continuaron entre particulares. Los compradores se endeudaban y se hipotecaban para adquirir las flores, y llegó un momento en que ya no se intercambiaban bulbos sino que se efectuaba una auténtica especulación financiera mediante notas de crédito. Otro elemento presente en la crisis de 2008 y en la actual. Se empieza especulando sobre algo concreto y se termina especulando con “aire”, con promesas de pago o de intereses de deudas que no existen. Se publicaron extensos y bellos catálogos de ventas, y los tulipanes entraron en la bolsa de valores. Todas las clases sociales, desde la alta burguesía hasta los artesanos, se vieron implicados en el fenómeno.

Charles Mackay cuenta una historia de la época:

Un rico mercader había pagado 3.000 florines por un raro tulipán Semper Augustus, y éste desapareció de su depósito. Tras buscarlo vio a un marinero (que había confundido el bulbo con una cebolla) comiéndose el tulipán. El marinero fue detenido de inmediato y condenado a seis meses de prisión.

Final de la burbuja

En 1637, el 5 de febrero, un lote de 99 tulipanes de gran rareza se vendió por 90.000 florines: fue la última gran venta de tulipanes. Al día siguiente se puso a la venta un lote de medio kilo por 1.250 florines sin encontrarse comprador. Entonces la burbuja estalló. Los precios comenzaron a caer en picado y no hubo manera de recuperar la inversión: todo el mundo vendía y nadie compraba. Se habían comprometido enormes deudas para comprar flores que ahora no valían nada. Las bancarrotas se sucedieron y golpearon a todas las clases sociales. La falta de garantías de ese curioso mercado financiero, la imposibilidad de hacer frente a los contratos y el pánico llevaron a la economía holandesa a la quiebra.

El gobierno monárquico respondió a los que clamaban por la intervención del Estado para salvarles de la ruina con una frase que bien podría ser aplicada a nuestros tiempos: “La dspeculación con tulipanes fue una fiebre cuyo origen se desconoce y por ser una fiebre no es asunto del Estado sino que de los médicos” y de esa manera dejó a los especuladores en su salsa ruinosa.

Que tal actiud –por lo demás sana- la pueda tomar un gobierno hoy, parece tan imposible como una quimera ya que todos insisten en bombear dinero para los especuladores con el cual los mismos siguen especulando hasta que se arruinan y llegan a golpear las puertas de los gobiernos que ponen mas dinero en sus manos. Lo hemos visto desde 2008 y lo estamos viendo hoy con el caso de Grecia y lo seguiremos viendo con el caso de Italia y España. Claro que esta vez no se trata de tulipanes sino que de millones de puestos de trabajo, ruina de países completos y desastres que nos pueden conducir a una guerra...

a.rojas@t-online.de

 

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