Los “fugados” del kindergarten

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En el kindergarten del barrio Altona de Hamburgo juegan unos 60 niños de entre 3 y seis años. Es un kinder normal y corriente como hay miles en Alemania.

Los chicos tienen un ritmo rutinario. Cuando hay sol -que es muy escaso en esas latitudes nórdicas-, los chicos salen a jugar al patio. Allí hay columpio, resfalín y el infaltable cajón de arena con baldes y palas de plástico para que los chicos puedan construir castillos o hacer tortas. El cajón de arena es muy solicitado. Allí se pueden concentrar y jugar descansadamente los niños.

Cuando se esconde el sol o viene ese aire frio polar que a veces excursiona por Hamburgo, los chicos entran a las salas dotadas de mesitas con sillas para niños y hacen alguna actividad de las que tienen preparadas las educadoras que los cuidan.

Hace dos semanas, sin embargo, la rutina se vio interrumpida.

A eso de las 10 de la mañana dos amigos que nombraremos Michael (5) y Manfred (6) se escondieron en el seto vivo que rodea el jardín cuando la tía los llamó a todos porque hacía frío. Allí estuvieron hasta que el patio quedó vacío. Salieron de su escondite y se dirigieron a la parada de buses. El mayorcito descifró correctamente el pictograma que indicaba la Estación de Ferrocarriles de Hamburgo en el letrero de la parada. Se subieron al bus y se fueron parloteando todo el camino completamente relajados. Ellos sabían donde iban y porqué.

Se bajaron en la estación y entraron al gran hall de distribución que lleva a los andenes que deben ser como 20 en la estación de la capital alemana del norte.

El policía que se los llevó “detenidos” los encontró parados mirando el cartel del horario de salidas del ferrocarriles. Estaban un poco azorados porque en esos carteles no había pictogramas que pudiesemn ser descifrados.

La compañera del policía, una muchacha de unos 22 años que hace su practica en el cuartel de la Estación, les prometió a los dos huídos que les darían un pastel en el cuartel y que por favor le dijeran que hacían en la estación.

Manfred contestó muy seguro de si mismo: “queremos ir a Mallorca”.

- ¿A Mallorca, en España?

- No, a España no, a Mallorca.

- ¿Y porque a Mallorca?

- Porque allá la arena es mucho mejor para jugar que en el cajón de arena del kinder...

A.rojas@t-online.de