¿Que le pasa al gobierno?

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Pedro Urdemales

Mirá, che, tengo una pregunta, decíme ¿que le pasa a tu gobierno?, me espetó mi amigo argentino al que le digo “Che Copete” y se enoja y me dice “sos boludo vos, boludo del verbo boludo”.

Claro que no tengo respuesta para esa pregunta de mi amigo. ¡Si el gobierno es un misterio!, ¿como me puede pedir a mi que le aclare algo tan sublimemente oscuro y que radica en la mas profunda oscuridad del alma de un rico chileno?.

Que uno sospecha que no hay tal profundidad y que se trata de puras boludeces comandadas por la codicia, es otro cuento.

No puedo responder porque es una adivinanza que le debe estar rompiendo la cabeza a muchas chilenas y chilenos.

Es incomprensible mirado superficialmente, pero si la mirada baja un poco a las capas inferiores de la sicología y de los que gobiernan, uno se va encontrando con algunos elementos de juicio. Por ejemplo la riqueza que los adorna a estos rufianes. Ser rico no significa ser feliz, lo sabemos, pero ayuda mucho. Otra ventaja que da la riqueza es la libertad. El rico se puede mover como quiera, ir donde quiera y hacer lo que se le ocurra, hasta delinquir en cierta medida, porque su plata lo protege y lo ayuda en esa movilidad.

Ergo: Chile para ellos es una plataforma, un lugar donde viven, pero que no necesariamente es el lugar donde deben vivir y que no pueden abandonar cuando se les ocurra, como es el caso de las chilenas y chilenos comunes y corrientes que no son ricos.

Un chileno corriente no puede decir así como al pasar –como lo puede hacer un rico- “este país de mierda me aburrió así es que me voy”.

Muchos le contestarían “aonde la viste, patipelao, “irse del país quiere el perla. ¿Con que ropa querís irte, weón? ¿Ah?”.

Efectivamente, “con que ropa”, o sea con que billete, con que plata se quiere ir. Con la poca que tiene no le alcanza ni para ir a Valparaíso y quiere irse al extranjero.

Por eso los ricos que nos gobiernan poco les importa que les vaya mal, uno porque ya no puede irles mal porque son ricos y segundo, porque se pueden cambiar cuando quieran y vivirán igual como ricos donde se instalen. Que le vaya mal a Chile, les importa un cuesco porque no es a ellos que les irá mal, si ya son ricos...se sabe la plata no tiene patria y vuela de las Islas Caymán a las Vírgenes y a Suiza o Montecarlo o Luxemburgo o Lichtenstein.

Ergo: su vinculacón con el país es mas bien de caracter ideológico, cultural que dictada, esa vinculación, por condiciones materiales concretas.

Por eso es que son tan patológicamente seguros de si mismos, se la creen, se creyeron el cuento, y por eso es que les da lo mismo.

Otro elemento es que los que gobiernan -si Ud. examina sus curriculums- verá que la mayoría de los que conforman el piso superior del gobierno fueron educados en una universidad de los Estados Unidos. Esa experiencia naturalmente que fue fantástica para ellos. Lo pasaron chancho: tenían plata sin límites; deben haber gozado de todas las amenidades que ofrece un campus norteamericano de elite (incluidas las gringas, para los que no son cartuchones del Opus Dei, claro) y deben haber quedado marcando ocupado para siempre con la perfección que reina en ellos y en todo el país. O sea son un poco ciudadanos de Estados Unidos por afición, como quien dice son fanáticos de ese “club” de habla inglesa, son como un “fan club de EEUU” (we love United States, dirán), lo que proporcionalmente hace disminuir su vinculación sentimental o ideológica con el “paisito”, ese largo y angosto donde nacieron y que a veces desearon con todas sus fuerzas no haber nacido aquí sino que en los Estados Unidos.

Se podría agregar que es moneda corriente entre los ricos y muchos otros que no lo son pero quieren creer que si piensan como ellos pueden llegar a serlo (me refiero a los siúticos chilenos) la famosa frase: “es la raza la mala compadre. La mezcla entre los indios y los españoles, uno mas flojo que el otro, no podía dar otro resultado” y el corolario de este silogismo filosófico es “a nosotros debieron colonizarnos los ingleses o los alemanes”. La próxima conclusión es “bien pensado es que nosotros los chilenos somos los alemanes o lo ingleses de América Latina”, conclusión que ya alcanza una especie de surrealismo abyecto de rastrero y colonialista que es, pero se la creen, la juran, dan por verdadero el cuento y desprecian a los popularicos y se desprecian a si mismos, sin darse cuenta los boludos, como diría Che Copete, mi amigo argentino..

Quizás ese elemento también juega un rol porque es de evidencia absoluta que el gobierno desprecia a los popularicos, a las Camilas; los Camilos y Giorgios y junto con ellos al 89% de la población nacional. Porque si no los despreciara hace rato que estaría muy, pero muy preocupado y es evidente que sigue creyendo que está tratando con unos cuantos escolares díscolos que requieren disciplina y aprender a escuchar a sus jefes y obedecer como corresponde en el orden tipo gallinero que existe en Chile.

O sea que entre que se pueden ir cuando quieran sin que les pase nada; entre que el “patriotismo” es mas bien formal y está mezclado con admiración por el país gringo y entre que desprecian a los chilenos, se conforma el cuadro de estos que nos gobiernan (por nuestra estúpida culpa, gravísima culpa), son unos patanes, ridículos, traidores, arrogantes y vendepatrias que desprecian al pueblo y que sería muy bueno que se vayan y nos dejen tranquilos en Chile que hartos problemas tendremos para deshacer las embarradas que se mandaron y las que están preparando y se mandarán si los dejamos...

Por eso es que los padres y apoderados debeian declarar una moratoria o “default” de pagos a las universidades privadas y a los colegios subvencionados con fines de cocivia, lucro o ganancias. ¿Sabe porque escribimos lo anterior? Porque los ricos la única sensibilidad que tienen y la que los mueve a actuar y tomar en serio es esa: la plata. Si les tocan la plata se transforman en unos activos observadores y en buscadores reales de soluciones.