Jueves, 19 Octubre 2017

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No soy feminista porque no quemo sostenes ni me dejo vello en las axilas

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Bernardita Ruffinelli
Al leer la columna de Teresa Marinovic en El Mostrador, recordé por qué es necesario que conozcamos el pensar de otros, y abramos nuestra mirada a la experiencia de quienes nos rodean. La columna de Marinovic me pareció perturbadora, añeja e irrespetuosa para con aquellas mujeres que hemos decidido apostar por una vida que incluye tanto más que ser madres; y que hemos, deliberadamente, optado por el desarrollo intelectual, personal y económico desde nuestras capacidades y sin depender de un macho proveedor.

Marinovic explica que no es feminista, porque quiere ser madre y quiere ser considerada unidimensional desde esa perspectiva; pero ¿cómo alguien puede pensar que el feminismo tiene que ver con una exclusiva lucha anti maternidad? Eso es no tener idea del significado de la palabra feminismo.
Yo, por ejemplo, no quemo sostenes ni me dejo vello en las axilas; y si dijera que por eso no soy feminista; me lincharían. Hagamos entonces el ejercicio de dejar el feminismo de lado; y simplemente elaboremos en el “ser mujer” y dejemos claro que no estoy por declararnos superiores y que adhiero a la premisa que nos llama complementarios.
Porque seamos sinceros, hombres y mujeres somos capaces de sobrevivir sin el otro, de no ser por la extinción de la especie, que nos obliga a procrear en conjunto y que convenientemente ha puesto un instinto y una necesidad natural de querernos cerca; pero que no es más que química básica.
El macho proveedor es una especie en extinción, al menos en mi mundo, probablemente no en el mundo de Teresa; y en mi mundo se extingue porque las mujeres hemos tomado el control de nuestras propias vidas, dejado atrás el yugo de la dependencia económica y social que tanto sufrimiento costó a nuestras antepasadas, y por el cual debieron soportar maltrato, humillaciones e infelicidades eternas.
La mujer gomero ha entrado en caída libre y me alegro; y la que hoy es mujer útero, lo es porque quiere, y no porque el escenario social no le permite otra cosa; así como Teresa Marinovic, que disfruta de su maternidad como única fuente de plenitud y aprovecha a su marido desde la perspectiva del Macho Alfa.
Sólo me queda compadecer al marido de las “Teres chilenas”, que hoy disfruta posiblemente de su condición de proveedor y le encanta que su mujer se dedique exclusivamente a la casa y los niños; compadecerlo porque si en algún momento tiene la loca idea de querer contar con su mujer como apoyo en sus proyectos, o si lamentablemente pierde su situación de confort laboral; se dará cuenta que el útero no es milagroso; y que a veces es necesario haber trabajado el músculo que habita los interiores del cráneo, aunque sea sólo como ejercicio.

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