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Literatura

Haití, país ocupado

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28/09/2011

Eduardo Galeano 

Haití

Consulte usted cualquier enciclopedia. Pregunte cuál fue el primer país libre en América. Recibirá siempre la misma respuesta: los Estados Unidos. Pero los Estados Unidos declararon su independencia cuando eran una nación con seiscientos cincuenta mil esclavos, que siguieron siendo esclavos durante un siglo, y en su primera Constitución establecieron que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona.

Falleció José Miguel Varas

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24/09/2011

Falleció José Miguel Varas

En su hogar en la calle Ezquiel Fernández de Ñuñoa, a los 83 años de edad falleció este viernes el escritor José Miguel Varas, Premio Nacional de Literatura 2006, según consigna Radio Universidad de Chile en su sitio de Internet.

Radios en escuelas secundarias rurales argentinas

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Presentaron el programa Radios Escolares, que permitirá instalar radios FM en escuelas secundarias rurales, desde Tierra del Fuego hasta Jujuy. Este año se propone instalar un centenar y llegar a 200 al inicio de 2012. Participarán alumnos secundarios y docentes.

La primera Junta de Gobierno de Chile

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La Primera Junta de Gobierno fue el cuerpo colegiado creado por el cabildo abierto de Santiago, el 18 de septiembre de 1810, con el fin de emprender la organización gubernamental de Chile y tomar medidas para la defensa del país, frente la prisión de Fernando VII por Napoleón. Fue la primera forma autónoma de gobierno surgida en el Chile Central, desde su conquista por parte de los españoles. Como institución, por primera vez permitió el protagonismo de la aristocracia criolla en la vida pública. Como hecho político, da localmente inicio al período conocido como Independencia.

“El ruido de las cosas al caer”. Novela ganadora del Premio Alfaguara

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 7 de septiembre de 2011

Gabriel Ruiz-Ortega

Desde lejos, y bien lejos, el colombiano Juan Gabriel Vásquez es el narrador latinoamericano de mayor proyección de su generación (de los nacidos a partir de 1970, claro está). No estamos ante una promesa. Claro que no. Vásquez es desde hace mucho una realidad en cuanto a proyecto de obra y un referente axiomático para todo aquel que quiera adentrarse en los sinuosos caminos de la narrativa en castellano de comienzos del siglo XXI.

Sus novelas “Los informantes” e “Historia secreta de Costaguana” y el conjunto de ensayos titulado “El arte de la distorsión”, que leí hace poco, me brindan las suficientes luces para ubicarlo en la estela de escribas e intelectuales comprometidos con el tiempo que les ha tocado vivir. Vásquez no es pues un mero fabulador. Este talentoso colombiano busca interrogantes y respuestas por medio de la ficción y la no ficción (hay que prestar atención a su faceta de periodista de opinión), convirtiéndose en una especie de ave rara entre sus colegas contemporáneos de oficio, no pocos de ellos alejados, quizá en innecesaria demasía, de tópicos, supuestamente devaluados, como los discursos políticos e históricos.

“El ruido de las cosas al caer” es, por donde se le mire, una novela notable, el crisol de elementos ordenados de lo que el autor ya había explorado en sus novelas precedentes: los senderos ocultos que han forjado a la sociedad colombiana durante su historia. En esta galardonada novela tenemos dos protagonistas: uno ausente (y presente), Ricardo Laverde; y el otro, presente, pero que se diluye existencialmente a medida que nos relata la novela, Antonio Yammara. Dos fogonazos los configuran. Yammara, el sobreviviente, tocado por una suerte de ajuste de cuentas consigo mismo, decide investigar y por ende conocer a aquel que pudo ser su amigo, quien en los años setenta se desempeñó como un actor de reparto en el nacimiento del negocio de tráfico de drogas. Esta empresa personal le costará mucho a Yammara, quien escribiendo y armando la vida de Laverde, disecciona también la historia generacional de miles de colombianos que vivieron una guerra interna signada por los más putrefactos intereses comerciales.

En esta novela hay muchas cosas que caen “hacia arriba”. Cada caída “hacia arriba” es un ruido seco que confronta al lector de turno, a manera de hechizo que lo detiene para inmediatamente avanzar. Indefectiblemente, la trama no está libre de naturales escollos narrativos, los cuales Vásquez sortea con elegancia y fineza. Y en ciertos pasajes, contados, se abusa de una modorra apabullante, en especial cuando Yammara piensa y reflexiona sobre su inesperada función de narrador. No obstante, este reparo no socava estas verdades irrefutables (al menos para mí):

 1) “El ruido de las cosas” es una extraordinaria novela. Pero sigo prefiriendo “Los informantes” e “Historia secreta de Costaguana”.

2) “El ruido de las cosas al caer” resulta, a la fecha, la mejor novela del Premio Alfaguara.

3) El Premio Alfaguara ganó prestigio literario con “El ruido de las cosas al caer”.

a.rojas@t-online.de

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