Miercoles, 22 Noviembre 2017

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Escribir una novela original ya no es un mito.

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La Literatura se vende al mercado de capitales y entra de lleno a ser objeto de consumo masivo en el mainstream de productos asociados y grandes campañas publicitarias.
El escritor se convierte así en un mero intérprete de un instrumento y una obra preconcebida. El mejor ejemplo de ello es tomar una saga ya exitosa de cualquiera y seguirla copiando o bien "recreando" en la forma, el estilo, el contenido y la fama ya ganada, de un escritor que cautivó el gusto de una gran cantidad de lectores, uno que llegó a "bestseller".

El título de "Lo que no te mata te hace más fuerte" recuerda que los buenos personajes literarios sobreviven a sus creadores. Los tres libros protagonizados por Salander y Blomkvist han vendido 80 millones de copias en todo el mundo (cinco millones en España) desde su aparición hace diez años con Los hombres que no amaban a las mujeres, seguido en 2006 con La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y en 2007 con La reina en el palacio de las corrientes de aire.

Es el patético caso de la historia y personajes inventados por Stieg Larsson que hoy "continúan", por arte y magia del complejo editorial mundial, de la mano de un escritor a contrata. Su objetivo: recrear la saga y hacerla algo similiar - literariamente - a las historias de James Bond - Ian Flemming murió sin saber que su personaje iba a cambiar de cara, de edad, de gustos y origen cuantas veces quisieran los "creativos" de la industria cinematográfica. 

Es, junto a Harry Potter, la serie de libros más exitosa de este siglo con tramas de denuncia sobre el racismo, las injusticias y corrupciones en diferentes órdenes de la política, el sector financiero y la sociedad, el maltrato a las mujeres, la defensa de los inmigrantes y el desenmascaramiento de la derecha y de los países del primer mundo.

La justicia social se hace sexy, lleva implicita la verdad sobre las nuevas contradicciones sociales y la preocupación de los ciudadanos, por temas que están alejados de su realidad cotidiana. Hoy es posible hacer escencias sentimentales, perfumes y resorts que se adecuen en cuestión de unos días al imaginario kitsch de creadores exaltados o bien de estudios de sociología publicitaría medida en los clics de la multimedia.

El valor de la originalidad no existe. La correlación de el elementos detonantes de la realidad policial o de denuncia política conllevan el éxito en un modelo de penetración mental a los usuarios o consumidores.

Solo falta que un llamado poeta, venda al mejor postor, el imaginario Nerudiano reinventado.

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