Viernes, 24 Noviembre 2017

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Desalojo de intelectuales de la Feria del Libro

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¿Quiere perder una apuesta?

Seguro que no. Porque le apuesto que no se conoce ningún caso en todo el planeta en el que la policía desaloje violentamente y castigando con golpes de pies y puños a un grupo de intelectuales invitados a una ceremonia de inauguración de una feria del libro.

¿Se imagina el escándalo si el desalojo hubiese sido en la Feria del Libro de La Habana?

Nunca en la Feria del Libro de Frankfurt; en la de Guadalajara; la de Bogotá; la Buenos Aires o la que se realiza en La Habana, Cuba, ha entrado la policía y ha desalojado a un grupo de intelectuales por el hecho de que aplaudieron o manifestaron un opinión en voz alta.

No se conoce un sólo caso en la historia de algo parecido. Es tan grotesco, absurdo e inimaginable que sin fotos que lo documenten nadie lo creería.

Simplemente increíble.

Por eso es que en Chile debemos estar orgullosos: en Chile si que lo hacemos, como Ud. puede leer en la nota que publicamos en este medio de comunicación en la portada.

La foto es una evidencia y el relato de uno de los protagonistas lo confirma. Efectivamente la policía uniformada del Estado chileno desalojó de la Feria del Libro a un grupo de sociólogos; cineastas y escritores a punta de puñetazos y patadas y arrastrándolos del local de la Feria en la Estación Mapocho como lo muestra la foto (y tenemos mas fotos).

¿En que país vivimos los chilenos?

¿Volvió la dictadura a Chile?

Parece que es así porque no sólo los desalojaron sino que los acusaron de caminar borrachos por la vía pública. Loas citaron al tribunal.

Estaban invitados a la inauguración de la Feria nada menos que por el Premio Nacional de Literatura José Miguel Varas.

Chile es el país de lo “no lectores”, el país de lo televidentes. Quizás por eso es que la Feria del Libro es algo prescindible, una especie de adorno en el cual se pueden realizar acciones como las descritas.

En muchos diarios de los Estados Unidos se publicaba una viñeta llamada “Increíble pero cierto” en la que se documentaban casos extraordinarios. Anécdotas increíbles pero que eran completamente ciertas y debidamente confirmadas por el que hacía la columna un señor de apellido Ripley.

Esas notas originaron la frase “digno de Ripley”.

A veces tenemos la impresión de que Chile entero trabaja para el señor Ripley porque entre nosotros ocurren diariamente “increíbles pero ciertos”.

 

 

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