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La quimera de la estabilidad financiera

Alberto Rabilotta

ALAI AMLATINA, 14/12/2011.- En su segunda acepción “quimera” significa, según el Diccionario de la Lengua Española, “aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo”.

En las declaraciones y documentos de las cumbres de la zona euro (ZE), pero también del G7, del G20 y del FMI, todos los caminos conducen al Consejo de Estabilidad Financiera (CEF), porque de lo que se trata es de mantener la estabilidad del actual sistema de dominación financiera sobre la economía global. El antecesor del CEF, el Foro de Estabilidad Financiera (FEF), surgió en 1999 como iniciativa del G7, al mismo tiempo que se lanzó la creación del G20 a nivel de ministros de Finanzas y de Gobernadores de los bancos centrales, con el “asesoramiento” del sector financiero privado.
El muy conservador Hans Tietmeyer, en 1999 presidente del Bundesbank -y actualmente vicepresidente del Consejo de Dirección del Banco de Pagos Internacionales (BIS, en su sigla en inglés)- fue designado por el G7 para concebir y crear el FEF. La creación del FEF y del G20 tienen lugar a finales de la presidencia del Demócrata Bill Clinton, quien llevó a cabo lo esencial de la desregulación del sistema financiero para facilitar su expansión global. Clinton lleva a cabo estas acciones en el contexto de la “Tercera Vía”, o sea de la continuación de las políticas neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan por los partidos liberales y socialdemócratas. Los principales socios de Clinton en la Tercera Vía son Tony Blair y Gerhard Schröder.
El politólogo canadiense Tony Porter de la Universidad McMaster de Hamilton escribía a comienzos del 2000, en una ponencia titulada “The G-7, the Financial Stability Forum, The G-20, and the Politics of International Financial Regulations” (1) que la creación del FEF y del G20 podía obedecer a principios que enfatizan el papel de apoyo mutuo entre los Estados y los poderosos actores del mercado (2) , agregando que en su estructura el FEF y el G20 tienen algunas similitudes “a las informales e interconectadas redes de las instituciones, como la Comisión Trilateral o el Grupo de 30 (3), las cuales reúnen a los más altos dirigentes de los negocios, los gobiernos y el mundo académico “para forjar políticas destinadas a la economía global y favorables al capitalismo (y para) legitimar los efectos de la autoridad privada y técnica”.
Y de paso darle legitimidad a los mecanismos políticos destinados a aplicar las recomendaciones del FEF, convertido en CEF y abierto a todos los países del G20 a partir de la reunión del G20 en Londres, en abril de 2009.
Estabilidad y capitalismo, una incongruencia
El pasado 8 de diciembre el autor del muy respetado blog The London Banker (4) –que ocupó una posición en el sistema financiero de la City de Londres – describe las razones por las cuales se opone a la “estabilidad financiera”: Nunca entendí porque la Estabilidad Financiera debería ser un objetivo de política pública. Deseables y medibles realizaciones en beneficio del público deben ser objetivos de la política pública. La Estabilidad es un estúpido e impracticable objetivo en una economía capitalista. Éxitos y fracasos de firmas que compiten entre sí son la base del progreso económico, de la asignación de capitales y de la fijación de precios por el mercado. El capitalismo requiere el reconocimiento del fracaso, y el fracaso siempre causa pérdidas económicas y alguna inestabilidad en tanto que los supuestos del pasado son re-examinados y re-evaluados más objetivamente a la luz de la presente y dolorosa realidad.
Seguidamente London Banker enfatiza que la manera de encarar el fracaso puede contribuir a mejores resultados en el futuro, pero “sólo si los costos del fracaso caen sobre las espaldas de quienes lo causaron y no sobre las de los inocentes. Las políticas de la década de los 90 promovida durante la Gran Moderación por los reguladores (financieros) estuvieron dirigidas a anticipar los fracasos para disfrazarlos, retardarlos y subsidiarlos”, y recuerda que desde la crisis financiera del 2008 los gobiernos han estado más que dispuestos para socializar con los contribuyentes, a través de rescates en serie, los costos de los fracasos magnificados por el apalancamiento.
Recuerda que no siempre fue así. De la década de los años 30 y hasta los años 80 el sistema bancario estadounidense trató los fracasos de manera rápida y certera. Habiendo institucionalizado el rescate en todos los niveles de la economía, continúa London Banker, presenciamos ahora la “japonización” (estancamiento a largo plazo) en lugar de la recuperación de la economía real. Y añade que el objetivo de la “estabilidad financiera”, al igual que el de la “seguridad nacional”, nunca podrá ser objetivamente confirmado. Muy seguido sirve a sus proponentes para disfrazar objetivos ulteriores, o para desviar la atención de malas políticas de ayuda, que dañan en lugar de promover los intereses públicos.
La dictadura de los banqueros
Reaccionando a un artículo de Robert Fisk titulado “Los banqueros son los dictadores en Occidente” y al relato de Patrick Meighan sobre su arresto durante la “Ocupación de Los Ángeles” (5), el 12 de diciembre London Banker escribe en su blog que “los bancos como dictadores tiene sentido para mi”.
Para este ex banquero que desde hace casi una década analiza críticamente la actual crisis financiera, la dictadura de los banqueros que denuncia Fisk “tiene sentido” porque los reguladores del sistema financiero están al servicio de los bancos, de los especuladores y de las agencias de calificación del crédito: “Es inimaginable para (los reguladores) la idea de hacer política pública a favor del interés público si los bancos la desaprueban. Y de esta manera los bancos logran las regulaciones que ellos prefieren”.
Todo lo anterior explica tanto las causas como el desenvolvimiento de las crisis financieras que se vienen sucediendo en Estados Unidos y los países capitalistas avanzados. Esta subordinación de los Estados al dictado del sistema financiero es evidente en el obtuso empecinamiento de defender los accionistas de insolventes bancos de la ZE mientras se aplican programas de austeridad en los países de la ZE, y con mayor severidad en los países más endeudados y vulnerables al chantaje del mercado financiero.
Al final de la última Cumbre de la UE, en Bruselas, el analista económico Eric Reguly, del diario canadiense The Globe and Mail, escribía que esa reunión fue un fracaso porque evitó tratar los problemas causantes de la crisis en la ZE, la falta de crecimiento económico, y añade que de manera perversa esa cumbre “puede acelerar los problemas. Más disciplina (fiscal) significa mayor austeridad, lo que significa más recortes (presupuestarios) y despidos, e impuestos más altos. Como resultado los déficits no desaparecen, ni tampoco el fardo de la deuda. La UE va hacia una recesión – ¡gran sorpresa! – lo que significa que mayor austeridad será exigida para contener los déficits. Es un circulo vicioso”.
En este contexto de búsqueda de estabilidad del sistema financiero sin importar su costo social y económico, London Banker no descarta “un colapso deflacionista conducente a la inestabilidad política, como siempre sucede porque la deflación destruye el valor de los activos en papeles que en su mayor parte están en manos de los más ricos, del 1%. Y cuando la deflación destruya sus valores, también destruirá su poder, y eso creará un vacío” de poder.
“Hay crisis para largo rato”
En una disertación con las radios públicas de Unasur, el 8 de diciembre en Buenos Aires - reportada por el diario argentino Página/12 -, la presidenta del Banco Central argentino, Mercedes Marcó del Pont, se dijo “personalmente () muy pesimista acerca de cómo se va a desenvolver la economía mundial en los próximos años”, observando que “los diagnósticos que vienen de la mano del pensamiento neoliberal están vinculados con intereses concretos, esencialmente al mundo financiero y están tratando de proteger los bancos y al sistema, olvidándose del resto de la sociedad”.
“Sabemos que los trabajadores y los empresarios son los que realmente pueden regenerar las condiciones para volver a crecer; como no se advierte que en los países desarrollados se esté dando esta discusión, creo que hay que ser conscientes de que esta crisis puede venir para un largo rato”, dijo Marcó del Pont.
Esta observación de la presidenta del Banco Central argentino es totalmente justa para cualquier economista o analista que haya observado el desenvolvimiento de la política económica y comercial durante las últimas décadas, como es mi caso en lo referente a América del Norte: los problemas de la economía real, del crecimiento, del desempleo, de la demanda agregada, del capitalismo a secas para ser breve, no están siendo discutidos ni encarados de manera seria en los países capitalistas desarrollados.
La voz cantante es la del sector financiero, como analizaba el presidente y director ejecutivo del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, Thomas M. Hoenig, el 27 de junio de este año en el marco del “Pew Financial Reform Project and New York University Stern School of Business” (6).
Como London Banker, Hoenig planteaba que los grandes bancos e instituciones financieras consideradas demasiado importantes sistémicamente como para dejarlas caer, por ejemplo los grandes bancos que constituyen el meollo de la crisis en la ZE, “son fundamentalmente inconsistentes con el capitalismo. Están inherentemente desestabilizando los mercados globales y perjudican el crecimiento (económico) mundial.
Aunque parezca contradictorio, y no lo es de manera alguna, el reducto del capitalismo a secas, con sus malas y menos malas consecuencias pero con la ventaja de que puede generar desarrollo, crear empleos y bajar la pobreza, está ahora en muchos de los países emergentes de Asia y América latina. La prueba es lo que dice Marcó del Pont: “los países que están zafando de la recesión son aquellos que han logrado reindustrializarse y recomponer su mercado interno, que es recomponer salario, es recomponer el mercado de trabajo () Argentina y los países de América latina tenemos la enorme ventaja de que hemos crecido a partir de nuestro mercado interno, y ese mercado interno lo tenemos que cuidar y trabajar mucho en la integración regional”. (Negritas de El Chileno)
Para finalizar, en su primera acepción quimera es un monstruo imaginario que, según la fabula, vomitaba llamas y tenía cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón. Y en su tercera acepción es pendencia, riña o contienda. Por eso me parece que quimera define muy bien la ideología de esta dictadura de las finanzas: sus objetivos son monstruosos, irrealizables y han hecho renacer por todo el mundo la rapiña imperial.
La Vèrdiere, Francia
- Alberto Rabilotta es periodista argentino.

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