¡Socorro… vuelve la URSS! (o algo que se le parece…)

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Luis Casado – 04/11/2011
La crisis financiera planetaria se está pareciendo a un culebrón brasileño, ya sabes, esas series que no terminan nunca y de las cuales siempre queda un capítulo. Iniciada en el segundo semestre de 2007, no pocos la dieron por terminada en el curso del año 2008, pero se ve que es como Bruce Willis: dura de matar.

De los subprimes, o sea los créditos  irrecuperables con los que especuló el sistema financiero estadounidense, pasamos a la deuda soberana, es decir pública, que nuestros “expertos” locales, duchos en el oficio de la desinformación económica, le atribuyen a un exceso de gasto fiscal.
En realidad la deuda pública creció exponencialmente como consecuencia de la quiebra de los bancos privados y su rescate con dinero del Estado, es decir de todos los ciudadanos. La crisis económica que fue una de las consecuencias agravó la situación, porque disminuyó la recaudación fiscal. Se trata pues, de una deuda ilegítima. Tanto más cuanto que los bancos salvados con dinero público, especulan ahora contra los Estados europeos.
El Banco Central Europeo les pasa dinero a tasas ridículas, un 1% o menos, y la banca privada le presta ese mismo dinero, por ejemplo a Grecia, a tasas de un 18% o más. De ese modo hundieron a Grecia y comprometieron el futuro de Irlanda y Portugal. Las víctimas que vienen son España e Italia.
El enésimo paquete financiero que la UE imaginó para “salvar” a Grecia pone a los griegos al mismo nivel que los clientes de La Polar. La deuda griega ha sido repactada innumerables veces, sin pedirle su opinión a los griegos cuyo papel se reduce a soportar drásticas reducciones de salarios y la privatización de todos los servicios públicos, para seguir cada vez más endeudados.
El plan de rescate de Grecia equivale a pasarle un ancla a un tipo que se está ahogando. Cuando el primer ministro griego Yorgos Papandreu anunció un referéndum, es decir una consulta ciudadana antes de aprobar este verdadero suicidio, los mercados bursátiles se hundieron y los líderes europeos lo amenazaron violentamente. ¿Cómo es posible que se le ocurriese utilizar una herramienta democrática?
El presidente francés Sarkozy lo puso claro: “Europa solo puede ser eficaz si la clase política está de acuerdo para aplicar el programa europeo. ¡Eso es la  democracia!”.
En otras palabras la democracia consiste en olvidar la soberanía de cada país y de cada pueblo, para someterse a los dictados de algunos burócratas al servicio de las finanzas. Ya no puede haber, -ya no hay-, diferencias entre izquierda y derecha: la clase política debe estar de acuerdo, obligadamente de acuerdo, “para aplicar el programa europeo” que se resume a poca cosa: el dominio de los capitales financieros y la muerte de la democracia. El semanario parisino francés Marianne dice con razón que esta tesis de la soberanía limitada recuerda los discursos de Leonid Brejnev, uno de los sepultureros de la desaparecida URSS.
Resultado: Papandreu renuncia al referéndum, y muy probablemente será eliminado políticamente en lo que no será otra cosa que un golpe de Estado civil. El pobre hombre fue hasta cambiar a toda la plana mayor del ejército… Se ve que la confianza reina en Europa.
Como si fuese poco, Berlusconi, que es un mafioso pero fue electo democráticamente, acepta que los burócratas del FMI y de la Comisión Europea vengan a controlar las políticas italianas… y las reformas, incluso constitucionales,  que le exigen.
Ni en el FMI ni en la Comisión Europea hay un solo funcionario electo. Ni uno solo. Sin embargo son ellos quienes hacen y deshacen en materia de política económica y financiera (en algo nos parecemos a los europeos…).
¡Socorro… está volviendo la Unión Soviética!