La derecha histérica por Apablaza

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Isidro Peñasco

La histérica reacción del gobierno chileno, de la UDI y del segmento mas reacccionario de la derecha chilena por el otorgamiento del estatus de refugiado político a Galvarino Apablaza en Argentina, es una demostración del carácter de aficionados que tienen en política los derechistas.

La histeria es realmente notable. La gritería la deben escuchar los argentinos con cierta sorna: “denuncia a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA”, anuncia la UDI (como si esa organización hubiese alguna vez servido para algo que no sea cautelar los intereses de los EEUU y sancionar los golpes de Estado). Desde otra esquina gritan que llevarán el caso al Tribunal Penal Internacional de La Haya (lo sostiene la ONU) con una exageración que habría sido necesaria en muchas otras ocasiones en que los intereses estratégicos y centrales de Chile estuvieron en peligro o fueron dañados seriamente.

En Chile nunca hemos tenido un sentido muy fino cuando de hacer el ridículo se trata y creemos que estamos “dando un ejemplo para el mundo”, frase muy recurrente en boca de los uniformados en tiempos del dictador y que afortunadamente ha ido desapareciendo del lenguaje público nacional ya que los “ejemplos” para el mundo que hemos dado en nuestra historia reciente no son precisamente “ejemplares”...

Desafortunadamente estamos haciendo el ridículo y estamos mostrando por medio de nuestro gobierno, la cara mas fea de Chile y de su oligarquía, la misma que vive encerrada en su burbuja y es como el rey del cuento infantil que sale a la calle convencido que viste un traje maravilloso como se lo alabaron en la corte y la verdad es que anda desnudo.

No otra interpretación se puede colegir de los dichos del Presidente en Buenos Aires, citados inteligentemente por la redacción del diario Página12 de Buenos Aires:

“Tal vez el cansancio le jugó una mala pasada. Tal vez lo traicionó el inconsciente. Tal vez la Constitución no es su fuerte. Lo cierto es que el presidente chileno, Sebastián Piñera, legitimó involuntariamente la decisión de la Comisión Nacional de Refugiados (Conare) de concederle el asilo político a Galvarino Apablaza Guerra al arrasar con el principio de inocencia y atribuirle sin medias tintas la autoría del delito por el que Chile solicitó su extradición, en teoría para juzgarlo. “Galvarino Apablaza debió haber sido juzgado en Chile porque el crimen lo cometió (sic) en Chile”, fueron las palabras textuales que el empresario devenido presidente pronunció en la madrugada del viernes, luego de la reunión de mandatarios de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) para tratar la intentona golpista en Ecuador. La decisión del gobierno argentino, respaldada por los organismos de derechos humanos, fue rechazada ayer por dirigentes de la Unión Cívica Radical, el PRO y el peronismo ortodoxo.”

Hasta aquí la cita del diario trasandino.

Es realmente preocupante que el Presidente y el Ministro de Relaciones Exteriores hablen en público de “revisar” y “poner en otro plano” las relaciones con Argentina”. Que anuncien “notas de protesta” por un tema diplomáticamente y políticamente marginal, no decisivo para el destino de la Patria.

Es perdonable que  cada cierto tiempo y en el manejo menudo quede a la vista la falta de “arte político” de los que estuvieron en la oposición o gobernando con la dictadura durante los últimos 45 años, pero un desatino como el que leemos en una cobertura extraordinariamente amplia en El Mercurio y su “pendant” popular “La Tercera”, no es de manera alguna justificable.

Se dañan los intereses históricos de Chile por un afán de venganza de un sector político nacional.

Se pone en tela de juicio las relaciones bilaterales por un asunto que requería mas bien trato diplomático del estilo discreto que esta bombástica explosión de sentimientos a la que asistimos.

Mas aún, cuando Jaime Guzmán no es precisamente visto en la Argentina como el beato que le habla a los dirigentes de la UDI en sueños, sino que es catalogado como lo que fue: un colaborador de la dictadura mas brutal y asesina de la historia de Chile, sin que ello naturalmente otorgue la mas mínima justificación a su asesinato aleve y tan brutal como los miles de otros asesinatos que el mismo Guzmán justificó con su silencio o con su colaboración académica a la dictadura.

Es tan evidente que la reacción de estos “reaccionarios” tiene una fuente oculta: el odio al Frente PATRIÓTICO Manuel Rodríguez que fue un factor político central en la decisión de Washington de jugar todo su poder para desplazar a Pinochet del mando directo y realizar la operación que realizaron tan magistralmente: salvar lo principal y entregar lo accesorio.

La historia se conoce y la derecha sabe que fue el FPMR con sus acciones el que decidió a Washington a actuar.

Ellos saben que el modelo, sus privilegios, la riqueza que acumularon tomándose el patrimonio estatal de Chile y toda la parafernalia que mantiene sumidos en la pobreza a un tercio de la población y sobre todo la hegemonía ideológica que gozan en Chile, están basadas en la fuerza, en la amenaza de la violencia militar y hasta ahora el único desafío serio, organizado que han visto en Chile fue el que les plantó el FPMR. Por eso el odio y quizás la explicación de los desatinos que vemos en el caso Apablaza que en Argentina han servido de alimento a la oposición derechista en contra del gobierno y nada mas.