¿Basta con llamar a la unidad de la izquierda?

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Isidro Peñasco

Hay un debate permanente en los sectores de izquierda chilenos (me refiero a la corriente política multifacética que se ubica “a la izquierda” de la Concertación), el cual se centra en la idea de unidad. Es decir se apela a la necesidad de unirse para enfrentar mejor el capitalismo subdesarrollado que nos arruina y arruina a Chile.

Estos llamados son como la caridad cristiana. Nadie los puede definir como negativos, malos, inadecuados. Al contrario, son buenos porque reflejan buenas intenciones, claridad en el pensamiento político y sirven – y de alguna manera – son deseables.

Sólo que se sabe que con la sola caridad cristiana no se resuelve ningún problema político y con los llamados a la unidad tampoco.

No se resuelve nada porque la vida nos dice que las personas se unen detrás de un objetivo cuando está definido.

No basta con llamar a la unidad de izquierda. La Concertación con ese mimetismo que la caracteriza se hizo pasar por “izquierda” y con tanto éxito que en Europa creen a pie juntillas que Bachelet es “socialista” y “de izquierda”.

Por eso esa unidad debe ser llamada para iniciar un camino concreto, real, destinado a llevarnos a un objetivo. Y el objetivo debe estar claro sin posibilidad de interpretaciones ad hoc o de cualquiera clase.

No basta con decir que queremos el socialismo si no definimos que programa socialista queremos, cómo lo implementaremos y que beneficios concretos obtendrán los ciudadanos de ese programa.

La hegemonía ideológica de la derecha en Chile (Alianza-Concertación) es tan sólida y perfecta que se ha transformado en sentido común, en racionalidad, en obviedades que nadie discute y si alguien las discute, es mirado como alguien que quiere tapar el sol con un dedo.

Por eso mas que hacer insistentemente llamados a la unidad habría que exigirle a nuestros intelectuales y políticos que elaboraran un programa y con ese programa salir a predicar a la base, que la unidad se dará por si sola si dicho programa se encarna.

Es evidente, por otro lado, que es ahí donde radica el problema central de la unidad, ya que la izquierda chilena es variopinta, matizada y tiene de todo “como en botica”.

Tenemos anarquistas; revolucionarios; guerrilleros, reformistas y acomodados. Los hay de todos los pelajes y orígenes de clase y naturalmente la polémica sigue existiendo, no tanto en los medios de comunicación o en las asambleas, sino que en la interior de los grupos.

No menciono el problema de la lucha de clases porque está en un nivel bajísimo por el masajeo ideológico y sobre todo por la hegemonía cultural que domina en el país, especialmente entre los que se consideran “clase media” que son el 90% de los chilenos, que asumen esa condición precisamente por la confusión ideológica en que se encuentra la mayoría de ellos.

Luego están las sectas.

Alguien definió a los sectarios de la siguiente manera: “la secta es la verdad y es buena por principio. Por lo tanto el que está dentro de la secta es siempre bueno. El que no está en la secta es malo siempre porque no está en ella, está equivocado”.

Romper esa lógica es imposible o casi imposible. La única manera es ofrecerle a las sectas un programa que las haga vislumbrar que es útil para sus fines.

La izquierda chilena está dividida en tribus urbanas que se autoalimentan y retroalimentan y se mantienen cerradas, bunkerizadas en sus convicciones, muchas veces realmente dogmáticas “idealistas”.

Nada se logrará con tratar de catequizarlos con alguna discusión o enfrentamiento ideológico, el camino es pasarles un programa en el que sea posible que vean una posibilidad de avance, aunque mínimo y luego llamarlos a que se sumen con los otros que han aprobado dicho programa.

Ni hay duda que ha habido esbozos de programa como el que publicó el Juntos Podemos o el programa de la candidatura de Jorge Arrate, mas atrás tenemos programas buenos como el de la Unidad Popular que es un catálogo de las tareas democratizadoras, modernizadoras y democráticas que en Chile están pendientes.

También están los “iluminados”, los elegidos por los dioses para conducir sabiamente a las masas hacia su felicidad, con mano segura y dotados de sus magnßificas cualidades de líderes. Estos “iluminados” esperan que las mamas lleguen a la altura ideológico política en que ellos se encuentran y por fin los llamen para conducirlas.

Los hay de diferentes calibres y pelajes y todo están sentados esperando que el río popular llegue a sus puertas a golpear para que ellos se dignen conducirlos.

Son una dificultad, pequeña, pero lo son porque si tuviesen un poco de humildad proletaria podrían prestar grandes servicios a la causa.

Debemos ser realistas también. Mas de 70% de los que votan en Chile lo hacen por la derecha, la Alianza y la Concertación y estamos viendo que se confirma un análisis que ya hice con motivo de la candidatura de Ricardo Lagos: son dos caras de la misma moneda. Son lo mismo y el gobierno actual es “mas de lo mismo”.

¿Tenemos una respuesta eficaz, movilizadora para enfrentarlos?

Hasta ahora parece que, fuera de asuntos puntuales, no la hemos mostrado.

Por ello es mas que urgente que iniciemos desde ahora la discusión en todas partes y trabajemos por cristalizar, concretar un conjunto de propuestas nacionales y sectoriales con la que al igual que los evangélicos con la biblia hebrea, salgamos a convencer a la gente, a toda la gente.

Desde luego no necesito señalar que ese trabajo ya se hace en Chile. Lo hace la UDI con sus mentiras y su demagogia en las poblaciones, las que van acompañadas de “regalitos” como paquetes de arroz y otros.

Un camino puede ser la exigencia por una Asamblea Constituyente que implica a todos y abre un debate que pone en discusión todo lo obrado por la dictadura (que de eso se trata hoy por hoy).

Ese llamado es rupturista y creo que es la idea mas ninguneada en la prensa nacional. No creo que haya otra idea o propuesta que sean mas radicalmente silenciada que esa y ello es un buen signo. Quiere decir que es considerada peligrosa por la derecha.

En todo caso Chile siempre ha estado conectado con las corrientes políticas mundiales y hoy por hoy el neo liberalismo no sólo viene en retirada en América Latina sino que ya su fracaso y derrota se manifiesta en la vieja Europa, lo que abre para nuestro futuro una perspectiva.

En el centro económico hegemónico de la UE que es Alemania los popes del neo liberalismo no se atreven a pontificar como lo hacían hace unos años, pocos años. La Canciller Angela Merkel eliminó de su discurso la palabra “privatización”. El avance privatizador sobre los seguros de vejez, los servicios de salud, el ferrocarril alemán (60 mil kilómetros de líneas férreas, tranvías en las ciudades, etc.) tampoco fue privatizado y los neoliebales deben conformarse con ganar un poco de espacio colateral y lo mas calladamente posible porque si la opinión pública se entera de alguna privatización se forma de inmediato la resistencia civil en la base. Los alemanes hace rato entendieron que la prédica mesiánica neo liberal no es otra cosa que un pretexto para sacarle plata del bolsillo a la gente y para debilitar las organizaciones de trabajadores y llenarle los bolsillos a los bancos, las financieras y los especuladores y accionistas anónimos que viven en algún balneario de la costa mediterránea a costas del trabajo de los enanos que cada día que pasa ganan menos o tienen menos dinero a disposición.

La “onda” todavía no llega a Chile. Como siempre somos un poco tardíos, pero ya llegará como llegó, aunque brutalmente, a Argentina en el 2001.

El recurso a la teoría económica del siglo XVIII (Smith y Ricardo) parece mas bien un esfuerzo de auto convencimiento del capitalismo para evitar su transformación o desaparición. Una especie de mejoría antes de la muerte.

Naturalmente que es muy especulativo anunciar la muerte de un paciente que parece estar tan sano y rozagante como el capitalismo, pero los síntomas son bastante preocupantes, especialmente en América Latina...