DETRAS DEL ANTIFAZ

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Eduardo Contreras/El Siglo

El gobierno ultramontano que soportamos hace los mayores esfuerzos por presentar un rostro amable, dizque “cercano a la gente”, aprovechando los múltiples errores y transacas de los gobiernos anteriores.

En las últimas semanas su poderoso aparato comunicacional busca implantar la idea de una “nueva derecha”, una derecha moderna, amplia, liberal, que se distanciaría de la dictadura y sus crímenes como si le fueran ajenos. El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, asegura que este gobierno representa a “una centroderecha inclusiva y tolerante”. El diputado Cristian Monckeberg, que encabeza al sector  liberal de RN más alejado del pinochetismo y que, por la misma razón, pierde las elecciones internas, viaja a un seminario a Ecuador con propósitos similares.

En otras notas de esta misma columna hemos sostenido que Piñera busca en efecto tratar de presentar una derecha de rostro casi humano, más próxima al centro político, y aprovecha para ello su condición de cercano a la Democracia Cristiana. Ravinet en Defensa y Zaldìvar embajador en Argentina, son buenos ejemplos de ese acercamiento y no son ni serán los únicos. Pero las cosas en su esencia son como son y no es difícil comprobar que, quitadas las caretas, detrás del antifaz está la misma derecha arrogante, prepotente, represora, sin principios ni escrúpulos sino sólo con intereses, una derecha que es expresión de grupos económicos implacables, fiel a las políticas de la Casa Blanca y nostálgica de los uniformes.

Para muestra sólo otros tres breves botones que tienen que ver con la actualidad más fresca:

Uno: siguen durmiendo en el escritorio del ministro del Interior las querellas por centenares de ejecutados políticos cuyas familias esperan que se juzgue a los criminales y que fueron redactadas hace meses por los abogados del Programa de Derechos Humanos de esa secretaría de Estado.  Al no cursarlas, Hinzpeter viola la legislación vigente y merecería, a lo menos, una interpelación. La clara contradicción entre el programa y el ministro muestran la complicidad entre la derecha y la dictadura.

Dos:  Pese a la promesa electoral de Piñera que no designaría en cargos de su gobierno a ningún funcionario de la dictadura, continúa haciéndolo con entusiasmo. Y cosechando consecuencias. Es el caso, entre otros tantos, de Sergio Romero, alto funcionario de Pinochet, hoy embajador en España. El diputado comunista español Gaspar Llamazares, a nombre de Izquierda Unida, se refirió en el Parlamento de su país a las vinculaciones de Romero con la dictadura y le recordó su ardorosa defensa de los criminales de Colonia Dignidad y del propio Pinochet. El gobierno del PSOE lo aceptó sin chistar.

Tres: A estas alturas y cualesquiera sea el final de la contienda al interior de la ANFP a ningún chileno le cabe duda del apoyo de La Moneda al empresario español Jorge Segovia. Los antecedentes del hispano explican la simpatía de la derecha. El Mundo, de Madrid, que no es precisamente un medio de izquierda, informa que en España la Universidad SEK, propiedad del espécimen, lleva cuatro semanas en huelga de sus trabajadores y ya ha despedido a 22 docentes. Abundan denuncias por despidos ilegales, no renovación de contratos, persecuciones sexistas, incumplimiento de los estatutos, etcétera. En la SEK española se implantó, entre otros filtros, el test psicológico del matrimonio y de la buena madre. Los decanos Carlos Díaz Güell, Javier Pita y Fernando Béjar denuncian un ambiente de tensión irrespirable y abusos intolerables. Según la misma prensa, el flamante  cuasilíder de la ANFP tuvo juicios criminales contra su propio padre, cuya incapacidad jurídica solicitó. Flor de antecedentes, a la medida del oscurantismo.