El totalitarismo de la ignorancia.

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Carlos Philippe - Periodista (laizquierda.cl)  El control remoto no entrega alternativas. Son vueltas y vueltas entre suspiros de decepción. La televisión abierta está cada vez más mala. Ya no se trata de hablar de lo tópicos de siempre, que la “TV es  basura”, de la falta de diversidad en su contenido o del efecto rating.

Sino que asumir que en el estricto rigor de la teoría de la comunicación es bien sabido la influencia de la “caja tonta” en las conductas de las masas y la opinión pública. La televisión va agarrando tintes de preocupación, donde unos pocos manejan a destajo los criterios de los contenidos y lo justifican. Son cincos canales: Canal 13, La Red, Chilevisión, Megavisión y TVN (sin cable es difícil ver UC Valparaíso y Telecanal, aún de baja envergadura). Todos se financian vía publicidad, es decir que dependen del mercado. Son manejados como un boliche, regentados por empresarios. TVN, canal público, -la ley 19.132 le da carácter de “autónomo, pluralista e independiente”-,  debe autofinanciarse. Regido por un directorio (siete) cuyo presidente es designado por el Presidente de la República y el resto ser aprobado por el Senado. Como si fuera de todos, o sea del Estado, pero sin su regulación. En conclusión, todos los canales están gobernados bajo un mismo modelo. La programación de los canales no ofrece diversidad. Matinales de lunes a viernes, con la farándula como estrella, cultura de futbolistas y modelos. Un constante reality busca la rentabilidad del voyerismo. La televisión se llena de jóvenes guapos que no terminan el cuarto medio. Ganan millones mientras un 60% de los egresados de las Universidades no encuentran trabajo en sus profesiones, y otro tanto recibe salarios precarios. El mensaje es claro. El resto del día saturado con teleseries nacionales e internacionales que muestran los enredos amorosos de la burguesía continental. O con malas copias de programas de países occidentales. La TV le vende ilusiones a una población ilusa.  Los indigentes informativos son el gran problema porque el departamento de prensa es lo más caro (un rostro conocido gana 10 millones de pesos, y el periodista que le escribe las notas apenas 350 mil). Para los informativos la vedette es la delincuencia. Crean estereotipos de tipo Disney (malos versus buenos), le dan poca cabida a la política y a la cultura. Media hora de fútbol, videos de youtube y comentarios de redes sociales. Largos y malos. Chilevisión marca la pauta, los otros canales siguen. Todo por el rating. TVN, el canal de todos, el canal “pluralista”, en su sección deporte ofrece chicas en bikini. Cosa de calentar el ambiente y capturar televidentes. Los noticiarios son chismorreo, chismes. Resulta imposible informarse por esta vía. Los “especialistas” de la televisión argumentan que entregan “lo que la gente pide”. Basan su criterio en un monitoreo de los programas en la población. El rating se mueve como la curva de rendimiento de cualquier bolsa de valores. La fórmula es agotar el éxito. Si la curva baja, los ingresos disminuyen, el retorno no es el mismo. Lo que vende es lo más rentable. Conclusión: lo quiere la gente es la rentabilidad. El Consejo Nacional de Televisión (CNTV) aparece como único ente regulador de los valores que entrega este medio de comunicación. Institución que por ley (artículo 12 de la ley 18.838) obliga a los canales de TV a tener una hora de cultura a la semana. Es así como el canal autónomo de Chile ofrece muy buenos documentales los sábados a la medianoche. Es el lugar que tienen la cultura y las artes en Chile: una hora a la semana. Como cualquier ciudadano puede denunciar un programa, al CNTV se le acumulan los reclamos y aparece como una monja reguladora de los valores morales. Valores morales de monjas y curas: un oxímoron. La nueva ley de TV Digital debía ser la solución para entregar “más y mejor televisión a los chilenos”. Ambiguo, el proyecto es discutido en el Senado. Un grupo de parlamentarios le pide al Gobierno que le quite el carácter de suma urgencia. Lo que parecía una alternativa para las pequeñas señales se ha transformado en un abanico de nuevos negocios para los grandes canales. Si esta Ley es aprobada, veremos Chilevisión multiplicada por cinco. Adiós a los pequeños canales. Ni hablar de un canal público sin publicidad, como RTVE en España. Ni hablar de pluralismo. No es  casualidad que Piñera tardase en deshacerse de su participación en Chilevisión, ni que el Grupo Luksic se apoderase de Canal 13. Ni es coincidencia la precariedad de los sindicatos en la TV chilena. El Gobierno sabe que apurando la ley de TV digital gana tiempo para potenciar su modelo. Acá no hay pluralismo sino imposición de un modelo bien diseñado para mantener estúpida a la población, mientras arrasan con los recursos naturales y vacían nuestros bolsillos. En Chile nos dirigimos hacia un totalitarismo. El totalitarismo de la ignorancia.