Bicentenario del Congreso Nacional: ceremonia con bemoles

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Àlvaro Rojas

El 4 de julio se reunieron en el Congreso Nacional -radicado en Valparaíso por el dictador Augusto Pinochet, siendo Chile el único país del mundo en el que su Poder Legislativo está en una ciudad alejada 120 kilómetros de la capital del Estado- todos los Parlamentarios, representantes del Poder Ejecutivo, encabezados por el Presidente Sebastián Piñera y del Poder Judicial, mas invitados internacionales, para celebrar la fundación del Congreso Nacional el 4 de julio de 1811 por orden de José Miguel Carrera.

La ceremonia fue solemne como nos gusta a los chilenos y llena de palabras de buena crianza y disimulo, como fue la referencia a los diputados y senadores asesinados y desaparecidos durante la dictadura militar (”víctimas de la violencia política”, dijeron).

Especialmente grotesca fue la entrega de medallas a destacados personeros de la dictadura como el ex senador Sergio Diez, destacado partidario del dictador Pinochet. Diez en un discurso histórico en 1974 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas mintió descaradamente al negar la represión que en el mismo momento en que hablaba en Nueva York, se estaba ejerciendo brutalmente en Chile. Fuera de su actividad política y su complicidad con el dictador.

Todos los reunidos en el Parlamento fueron elegidos por el sistema “binominal chileno” que ha sido descrito como una aberración que logra que se fuerce la existencia de dos bloques que dejan sin representación a amplios sectores de la nación chilena. Sistema que permite instalar una mayoría con un poco mas de 35% de los votos.Los llamados a la “unidad nacional” estuvieron a cargo del Presidente de la República y los tibios llamados a una especie de “concordia” social y una plegaria por los cambios, estuvieron a cargo del senador Girardi, representante de la “oposición”.

“El senador Girardi llamó a los parlamentarios a recoger el clamor de la ciudadanía expresado en las recientes manifestaciones públicas, escuchando la voz de la gente y plasmarlo sus demandas en acuerdos legislativos de amplio alcance en materia de educación pública y desarrollo energético”, es citado por el boletín informativo del Congreso
El mismo informativo cita al senador textualmente: "Es necesario escuchar la voz plural de la gente, voz que resuena en las marchas, en las calles, los liceos, universidades, lugares de trabajo y las casas, una voz que no podemos desoír, que nos insta a cumplir de mejor manera el mandato que nos otorgaron las urnas, representar al pueblo de Chile y el pueblo quiere cambios, profundos, decididos, en una nueva senda y recorrido, que integre a todos, que reparta mejor las riquezas y oportunidades. Este es hoy y para el futuro nuestro principal desafío", concluyó.

Girardi olvidó que el “desafío” que anunció no es de el, sino que del pueblo de Chile que marcha en la calle y tiene sus representantes legítimos que no están en el Congreso Nacional y que ese Congreso es una parte del problema nacional, junto con toda la institucionalidad impuesta por Pinochet y sus ayudantes civiles como el senador Jaime Guzmán que fue condecorado post mortem (fue asesinado en Santiago por un grupo armado).

Especialmente curioso fue el homenaje que le rindieron a las mujeres parlamentarias, lo que destaca la visión que tienen los Parlamentarios y señala claramente que en Chile aun no hemos llegado a la normalidad de la igualdad entre los sexos, ya que por el hecho de rendir homenajes a las mujeres parlamentarias se destaca que su presencia (mínima) en el Congreso es un especie de excepción que merece ser “homenajeada”.

Las referencias a la “tradición democrática” de Chile, reiteradamente expresadas en los discursos, también son poco consistentes ya que la historia de Chile desmiente completamente esas afirmaciones. Chile no ha dejado, en toda su corta historia de 200 años y en su mas larga de la Colonia, de ser un país sin democracia real, dividido en clases, con una oligarquía brutal y sin principios, fuera de los que dicta su actividad comercial.

Un país en el que cada vez que surgió en su seno un poco de racionalidad y una lucha por mayor democracia, desarrollo real, esos intentos fueron aplastados con las armas. Desde Lircay con los liberales que querían desarrollar a Chile sin prestamos ingleses y con una industria y un comercio bien asentado, siguiendo con Balmaceda que intentó que el salitre fuese chileno y no inglés y fue derrotado por la misma clase que hoy gobierna en Chile, hasta el golpe militar de 1973 en que fue derrotado y ahogado en sangre el intento del Presidente Salvador Allende de modernizar el país. Sacarlo de sus ataduras anacrónicas y ya independizado y libre, poner a Chile en el camino de la verdadera democracia, que no es una parafernalia, una bambalina que esconde el verdadero escenario de la desigualdad y sólo sirve de pretexto para tapar la existencia de una sociedad profundamente inequitativa, brutal y dominada por un clase nepotista y poderosa que vive en un mundo de privilegios y riqueza insolente como es el caso actual de Chile.

La élite política chilena, heredera de la dictadura, estaba en pleno en la ceremonia. Es decir los que la apoyaron y profitaron de ella y los que administraron su “herencia” nefasta para Chile sin hacer los cambios que habían prometido. Allí reunidos se auto celebraron, se golpearon las espaldas entre ellos y se repartieron medallitas conmemorativas, mientras el país entero marcha conducido por sus dirigentes legítimos y exige Asamblea Constituyente; exige gratuidad en la educación, exige que se establezca el derecho a la educación, el mismo que perdimos cuando nos derrotaron con Pinochet a la cabeza.

Lo dicho por Girardi revela la intención de la alianza de partidos que el representa en instalarse a la cabeza, tomar la representación, del movimiento social que reclama sus derechos en Chile, maniobra en la que la Concertación de Partidos por la Democracia es experta y le ha dado frutos muy sustanciosos en el pasado.

Girardi, en la lógica de “olvidemos el pasado”, llama a escuchar la “voz de la “gente”, usando el eufemismo tan útil de “gente” para referirse al pueblo de Chile. Asegura que “no podemos desoír” a la “gente” como si no hubiesen desoído durante 20 años a los chilenos de a pie, a los que se encalillan en millones para estudiar; a los que deben vender sus casas para operarse – si es que tienen oportunidad de hacerlo- a los que los anotan en DICOM; a los que los estafan con las tarjetas de La Polar y otros comercios al detalle; a los que jubilan estafados por un sistema previsional extranjerizado y privatizado; a los que nunca se ha escuchado en su clamor de justicia por los crímenes de la dictadura. El senador Girardi y sus correligionarios no escucharon el clamor de Chile por recuperar la dignidad nacional y nacionalizar las riquezas minerales del país ya que ellos las "privatizaron"; entregaron a consorcios extranjeros la masa biológica del mar; privatizaron los canales del sur; el agua potable y nunca escucharon al pueblo y ahora, precisamente ahora que no están en la caja controlando el presupuesto nacional, desgarran vestiduras y se echan ceniza en el pelo por “la gente”; “el clamor” y llamar a “no desoír”...

Desde otro punto de vista, el Congreso Nacional está asentado en una mancha de ilegitimidad fundamental. No sólo por el citado sistema Binominal, sino que por la Constitución de Pinochet, dictada a la fuerza y en condiciones de estado de sitio, sin registros electorales y con una “votación” que, apenas terminado el acto electoral, fue denunciada como una completa manipulación. La misma que la Concertación trató de legitimar con una reforma ridículamente transparente al poner la firma de Ricardo Lagos en su “segunda” promulgación, luego de haberle hecho un par de reformas cosméticas.

Este “pecado original” de legitimidad ensombrece y pone en una luz fantasmagórica todas estas celebraciones, por mas que sea trasmitida en brillantes colores por la televisión; por mas que El Mercurio informe en forma “seria” y solemne sobre ellas y por mas que los participantes -todos privilegiados miembros de la élite social, política y económica de Chile- traten de aparentar que sí son legítimamente representantes del pueblo de Chile..

En fin, una ceremonia como decíamos, de auto felicitación, celebración y condecoración en la que los chilenos poco es lo que tenemos que ver.