Lunes, 18 Diciembre 2017

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Femenicio cuádruple en Mar del Plata: sospechoso detenido

Página/12 de Buenos Aires.- Una mujer de 30 años, su madre de 60, su hija, de 11, y una amiga, también de 30, fueron asesinadas a puñaladas. La policía detuvo al novio karateca de la dueña de casa. Testigos lo ubican en la zona y en el horario del cuádruple femicidio. Es el único sospechoso.

Los investigadores creen que Osvaldo Martínez mató a su novia y luego a las otras tres para que no quedaran testigos. En su auto aparecieron marcas de sangre; también en las uñas. Hace una semana, el joven había agredido a la chica por celos.
Pudo haber tenido “una explosión de ira”, arriesgó ayer el fiscal Alvaro Garganta sobre el autor del cuádruple crimen platense. Para el juez Guillermo Atencio, el asesino “lejos de ser un psicótico, seleccionó la escena delictiva, esperó el momento en que estuvieran las personas separadas y les dio muerte primero a los que podrían llegar a ser testigos”. Ambos coinciden en que mediaron “los celos” y que había problemas “sentimentales” entre el único sospechoso, Osvaldo Martínez, y su novia, Bárbara Santos, una de las cuatro asesinadas a golpes y cuchillazos en La Plata. Fuentes de la investigación señalaron a este diario que una semana atrás, la mujer fue atacada por su pareja. Ayer, se conocieron testimonios que complican la situación de Martínez, formalmente detenido, quien negó la acusación tras declarar por tres horas.
Un charco de sangre se desparramaba por debajo de la puerta, entreabierta, del departamento 5, cuando la policía arribó en la mañana del domingo al domicilio de la calle 8 en la ciudad de La Plata. Adentro de la propiedad, los cuerpos de cuatro mujeres asesinadas a puñaladas, una de ellas de 11 años, yacían desde la madrugada. Osvaldo Martínez, pareja de una de las víctimas y cinturón negro de karate, quedó detenido en la sede de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de La Plata.
Martínez, de 27 años, y novio desde hacía tres años y medio de Bárbara Santos (30), es un hombre de “contextura física muy fuerte”, lo describió el juez a cargo del caso, Guillermo Atencio. Según revelaron fuentes de la fiscalía, en su declaración, el detenido aseguró que había hablado por teléfono con su pareja a las 22 del sábado. A la una de la mañana, dijo, le mandó un mensaje de texto, que ella no contestó, y entonces él se quedó dormido. Sin embargo, el jefe de la DDI, Juan Ibarra, afirmó a Página/12 que “dos vecinos suyos aseguran que lo vieron llegar por la madrugada en su auto a gran velocidad y entrar el vehículo al garaje”, mientras que un empleado de un kiosco de diarios informó que vio un Clio, como el de Martínez, alrededor de las tres de la mañana en la casa de las víctimas, en el barrio de La Loma, a unas 25 cuadras del centro.
“La detención todavía no está decretada –sostuvo Atencio a la prensa–. La voy a tener que analizar mañana (por hoy), seguramente”, indicó el juez y aclaró que aún no conoce todos los elementos probatorios que reunió el fiscal Alvaro Garganta, respecto de quien dijo tener “plena confianza”.
Sobre algunas de las pruebas, el magistrado dijo creer que “hay un testigo que ha visto, cuando menos, un automóvil que puede llegar a pertenecer al imputado en el lugar”. Luego, describió el lugar del hecho como “un departamento del fondo, con dimensiones pequeñas: dos dormitorios, una cocina y un comedor” donde los cuerpos estaban diseminados “en distintos lugares”.
“Se descubrieron huellas de una sola una pisada, de talla 42, que coincide con el número de calzado de Martínez”, detalló Ibarra. Esos rastros se registran en el pasillo desde la entrada del edificio hasta el último de los departamentos, en que vivía Santos. Y, también, a la inversa: desde la casa de la mujer hacia la salida. “No hay ningún otro rastro de otro calzado”, apuntó el investigador.
En el departamento reinaba el caos, cuando llegaron los efectivos de la comisaría 4ª de La Plata. Había sillas tiradas, el bidet estaba roto y cantidad de objetos estaban desparramados por el suelo. El fiscal destacó que la “escena del crimen denota que hubo resistencia” de parte de la mujer que había sido novia de Martínez, y contó que le llamó la atención que los vecinos del hogar no escucharan gritos de las víctimas. Fuentes policiales informaron que un vecino fue el que llamó al 911 para alertar que había visto sangre en el pasillo del edificio y que la puerta estaba abierta. Al llegar al lugar, los efectivos hallaron los cuatro cuerpos totalmente ensangrentados.
El cadáver de Santos estaba en la cocina, donde se encontró la cuchilla –“de tamaño mediano”, según Ibarra–, en tanto que los cuerpos de una amiga suya, de 30, que estaba de visita y el de su mamá de 60 años, Patricia Pereyra y Susana Bártole respectivamente, aparecieron en el comedor. La nena de 11 años, Micaela Yamila Galle Santos, fue hallada en la cama de su abuela. Respecto del sospechoso, una vecina agregó que la víctima “nunca” le manifestó si tenía problemas de pareja o que su novio fuera una persona violenta. “Las pocas veces que lo he visto, siempre iban abrazados, bien. Una pareja normal se la veía”, agregó la vecina.
“Evidentemente es un femicidio, esté o no como figura del Código Penal”, aseguró a este diario Susana Chirott, experta en violencia de género de la OEA. Señaló que “lo que extraña en este caso es que el hombre no sólo quiso matar a la mujer con quien tenía la relación afectiva, sino también a su grupo de contención”, lo que marca el “ejercicio de un derecho que él creyó tener no sólo sobre el cuerpo de su mujer, sino sobre sus seres amados”. La jefa del Gabinete de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (Consavig), Claudia Perugino, explicó que “es frecuente que estos delitos se intensifiquen para estas fechas, próximas a las fiestas de fin de año, cuando las cuestiones familiares toman una gran significación”. Y criticó la falta de un plan concreto de seguridad para la prevención de estos crímenes que se basan en “la creencia histórica de que las mujeres estamos más en peligro estando en la calle, cuando en realidad los que más nos matan son nuestros afectos”.
Martínez quedó alojado en la sede de la DDI de La Plata.
 

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