¿Chile en huelga de hambre para el Bicentenario?

Imprimir

Mapuches en huelga de hambre llaman a movilización masiva

En una carta abierta señalaron que se ha criminalizado su lucha. Dijeron que el Gobierno, los medios de comunicación masiva y los monopolios del país han transformado sus luchas en acciones terroristas. Al mismo tiempo, volvieron a ratificar su demanda sobre el fin de la aplicación de la Ley Antiterrorista sancionada durante la dictadura de Augusto Pinochet. Y reclamaron el cese del doble procesamiento civil y militar que se les aplica y la desmilitarización de su territorio.

Por otro lado, la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados de Chile aprobó en general el proyecto de ley enviado por el Ejecutivo que busca perfeccionar la ley Antiterrorista.

De esta manera, el próximo martes la comisión trabajará en forma extraordinaria para revisar el proyecto artículo por artículo.

Tras la votación, el presidente la comisión, el diputado PRI Pedro Araya, señaló que hay opiniones encontradas entre los legisladores. Dijo que el principal punto de desencuentro es si el delito de incendio se mantiene o no en la Ley Antiterrorista.

Por su parte, el presidente, Sebastián Piñera, indicó que los proyectos para modificar la Justicia Militar y la Ley Antiterrorista demuestran que el Gobierno escucha los reclamos.

Sin embargo, los comuneros rechazaron estas modificaciones y remarcaron que no depondrán la huelga hasta que se convoque una mesa de diálogo. (PÚLSAR)

Los 34 prisioneros mapuches en huelga de hambre cumplen 66 días de huelga y según se informa desde el sur de Chile pasaron a la mas peligrosa versión de “huelga seca”. La posibilidad de que uno de los huelguistas muera es cada vez mas realista.

Mientras Chile parece derivar a celebrar el Bicentenario en un estado de huelga de hambre masivo.

Una verdadera proliferación de ayunos voluntarios apoyando la causa mapuche, se manifiesta en todo el país.
Siguen proliferando las muestras de apoyo a la causa mapuche. Esta vez, Sacerdotes diocesanos como Pierre Dubois y Alfonso Baeza; de los Sagrados Corazones; franciscanos; de Verbo Divino; numero
sos jesuitas; misioneras dominicas y religiosas de diversas otras órdenes, forman parte de un numeroso grupo de católicos “de vida consagrada” que decidieron iniciar un ayuno, pidiendo una pronta solución para la situación de los 34 prisioneros mapuches.
Los comuneros presos están en huelga de hambre desde hace ya 66 días, y entraron en fase de “huelga seca” este lunes. Las expectativas de vida de dichos procesados por la Lay Antiterrorista legada por el gobierno de Pinochet, son inciertas.
Mediante un comunicado divulgado en la versión electrónica de la Revista The Clinic, los religiosos expresan que “como miembros de la Iglesia, sumándonos a los esfuerzos de los obispos, acogiendo su llamado a orar y reflexionar y también a organizaciones mapuche que en forma pacífica y activa han estado acompañando el dolor de sus hermanos por más de dos meses, hacemos esta Jornada de oración y ayuno solidario por el pueblo mapuche sabiéndonos enviados por Jesús y su Evangelio de Vida, justicia y verdad”.
Con esta nueva muestra de apoyo, los ayunos voluntarios se transforman en una verdadera oleada nacional, dado que a los cuatro diputados en huelga de hambre (Hugo Gutiérrez (PC), Sergio Aguiló, Manuel Monsalves (PS) y Tucapel Jiménez (PPD), se sumó la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH) que agrupa a Estudiantes universitarios y secundarios, también están practicando ayuno voluntario escritores como Nicanor Parra y Pedro Lemebel, el actor Daniel Alcaíno, la Presidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Lorena Pizarro, además de diversos dirigentes y personalidades a nivel nacional. Todo mientras el gobierno todavía no se decide a entablar el diálogo con los huelguistas mapuche y prepara ostentosas celebraciones para el bicentenario, festividad que ya comienza a ganar detractores entre el mundo intelectual chileno.

Mientras el periódico satírico chileno The Clinic publica una nota bajo el título: Huelga de hambre: La disyuntiva de Piñera

Por Pablo Vergara y Jorge Rojas
Hoy los presos mapuches completan 67 días sin ingerir alimento (ni agua, desde comienzos de esta semana) y la crisis se ha convertido en una bomba de tiempo que detonará esta semana en La Moneda, donde el gobierno sigue debatiéndose entre negociar o endurecer la mano, como le exigen sectores de la UDI y de la propia RN.
Esta semana amenaza con ser la más complicada para el gobierno desde que asumió. El Bicentenario, el evento que se ha estado anunciando con bombos y platillos desde hace años, está a punto de convertirse en el telón de fondo de una huelga de hambre que ya consiguió instalar en el país que las demandas de una treintena de presos eran más que razonables y ha obligado a senadores, obispos y ministros a darse cabezazos buscando una solución política a un conflicto que todos miraron crecer.

Y el control de la crisis no está en La Moneda: está en las celdas de las cárceles del sur, donde los comuneros acaban de fijar un timming macabro: este lunes pasaron a huelga seca y es más que probable que de acá al 18 uno de ellos se agrave o muera.

Esta ha sido una de esas crisis que muchos alertaron. Pero el gobierno recién vino a ocuparse seriamente de ella hace apenas una semana. Y aunque reaccionó rápido anunciando modificaciones a la Ley Antiterrorista y a la Justicia Militar, los tirones en la alianza gobernante lo llevaron al empantanamiento. La Moneda perdió la iniciativa cuando los senadores Alberto Espina y Jovino Novoa pusieron peros a las modificaciones con que Hinzpeter y Piñera pretendían apagar el incendio.

Hoy la solución se ve lejana. Si bien el obispo Ricardo Ezatti aceptó actuar como “facilitador” del diálogo y los familiares de los comuneros esperan el llamado a sentarse a una mesa, lo que se ha avanzado en el terreno legislativo es poco. El senador PPD Jaime Quintana, que representa la Araucanía, reconoce que en la práctica la posibilidad que la ley beneficie a alguno de los huelguistas “es muy limitada, puede que a alguno le baje la pena a la que pueden ser condenados, pero a los otros no, porque hay acumulación de delitos”.

La pesadilla del gobierno es doble: al Bicentenario hay que sumarle que en una semana más, Piñera tendrá que plantarse por primera vez en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ver nota aparte en EL CHILENO). Y llegar con una crisis así, es un escenario desastroso. Especialmente de cara a la inmensa campaña mediática que hizo la prensa internacional, especialmente la europea neoliberal con los huelguistas de hambre en Cuba, campaña que -naturalmente- no se ha repetido con los huelguistas mapuches.

Y lo peor para el gobierno es que el problema está lejos de solucionarse con una ley corta o mesa de diálogo. Los huelguistas han señalado que la mesa es parte de cualquier arreglo y que el futuro dependerá de las conclusiones que salgan de esa instancia:

-Los mismos comuneros me dijeron que ese proyecto no los satisfacía, que no era una solución porque estiman que no aclara cuáles son las conductas consideradas terroristas y además va en la línea de aumentar las facultades del ente investigador. Ellos se sienten desilusionados y ese proyecto no va a hacer que desistan de la huelga -explica Pelayo Viel, abogado de los presos de Concepción, imputados por el atentado al fiscal Mario Elgueta.

Hasta acá, los únicos ganadores son los huelguistas, militantes de la Coordinadora Arauco Malleco en su mayoría, que han conseguido instalar sus demandas y reactivar el movimiento pro mapuche, que en el último año se encontraba adormecido a raíz de los golpes propinados por los fiscales y la policía. La vuelta de mano de los presos ha sido potente. Algo que a fines de agosto, en entrevista con The Clinic, Héctor Llaitul -el líder de la CAM- anunció en una entrevista: “Nuestro cuerpo es lo único que nos queda para protestar”. Dicho y hecho.

El gobierno de Sebastián Piñera anunció a comienzos de esta semana que alistaba un plan de alimentación forzada para los mapuches en huelga de hambre. La instrucción es aplicarle sueros, incluso contra su voluntad, a aquellos que se hallaren en riesgo vital. El presidente del partido Radical, el del partido Socialista, y la mayor parte de la Concertación, según rezaba la noticia, no se opondrían a la medida. El dilema, qué duda cabe, es espeluznante. Para nadie es fácil ver morir al prójimo pudiendo salvarle la vida, y mucho menos para un político cuando esa muerte es precisamente el modo elegido para encararle una responsabilidad. ¿Es lícito, no obstante, impedir a la fuerza que un adulto, al tanto de los peligros que corre, consciente de sus actos, persista en su protesta mortífera?. Una alimentación forzada vulnera la autonomía y dignidad de la persona. Para cierta mentalidad religiosa, esto resulta inaceptable. La vida, según estos creyentes, no le pertenece a los hombres, sino a Dios, y sólo Él podría disponer de ella. Pero ya sabemos que si en algún principio se fundan las democracias occidentales, aunque por estos parajes todavía le cueste entenderlo a algunos -el alcalde Ossandon aseguró semanas atrás que con el triunfo de la Alianza había vuelto Dios a la política-, es en la separación de la Iglesia y el Estado, es decir, en la prescindencia de las creencias particulares, por respetables y prístinas que sean, a la hora de concebir las leyes que regirán a la colectividad. Yo soy de los que piensa que, en último término, la vida es el bien más caro que cada cual posee, y de ahí que cuando otro lo roba, lo humilla o maltrata en contra de la voluntad de su dueño, comete un delito gravísimo. Hasta quien no tiene nada más, sin embargo, y a pesar de los juicios morales que pueda provocar en el resto, posee el derecho irrenunciable a disponer de ese bien como mejor le plazca, siempre y cuando al hacerlo no atente contra la vida de los demás. Personalmente, me cuesta mucho entender a alguien que se quita la vida. Soy un convencido de que este cuento del que participamos todos tiene tantas vueltas, que interrumpirlo por las motivaciones de un momento bordea la insensatez, pero eso es lo que pienso yo, y no soy quien para obligar a nadie a pensar lo mismo. Cuando mucho, uno puede desvivirse en convencer al vecino de que vale la pena continuar y de que la historia da sorpresas, y en la medida de las posibilidades y la razón, concederle todo cuanto esté a nuestro alcance para seducirlo. No es fácil hacerlo, sin embargo, con alguien que vive torturado mientras no cese su martirio, y es sabido, de hecho, que la crueldad máxima de un torturador se manifiesta precisamente en impedirle a su víctima que muera cuando es lo que más desea en el mundo. No es mediante la alimentación forzada que el Estado chileno debe salvar a estos huelguistas, sino aplacando sus tormentos. Porque, salvo que consideremos locos a estos 34 comuneros, ha de ser bien grande la sensación de injusticia que sienten para estar dispuestos a morir antes de continuar padeciéndola. El tema mapuche está repleto de aristas, y la huelga de hambre como método de presión infectado de complicaciones. Pero así no más es la condición humana, y no hay manera de acortar caminos. Los comuneros, aunque cueste aceptarlo, tienen todo el derecho a elegir la muerte si las condiciones que exigen para vivir no les son concedidas. Está en manos del gobierno evaluar si se las otorga o priman otros argumentos. En todo caso, hoy todo Chile los está escuchando. Tuvieron que llegar a la agonía para que sucediera.

Rn la página web de la Radio de la Universidad de Chile se publicó el siguiente texto:

Familiares y  representantes de los 32 mapuche en huelga de hambre realizaron una grave denuncia: “están siendo torturados”.

Estas prácticas estarían siendo aplicadas por Gendarmería en todos los penales donde se encuentran los presos mapuches en huelga de hambre – Concepción, Lebu, Angol, Valdivia y Temuco- como una forma de presión para que depongan su protesta.

La doctora a cargo de la salud de los huelguistas, Berna Castro, confirmó que a los detenidos se los mantiene en la oscuridad y acusa que “se están usando prácticas de la cárcel de Guantánamo para quebrar a los prisioneros, es una forma de tortura, configura un delito de tortura por parte del Estado chileno, hecho por agentes del Estado chileno, en este caso Gendarmería. Y con el conocimiento de los que gobiernan”.

La profesional informó que no tener luz de día hace que una persona pierda la noción del tiempo, alterando su cerebro y provocando una serie de cambios hormonales que hacen funcionar mal el resto del organismo.

Por su parte, la fiscal de la Corte Suprema, Mónica Maldonado, quien en ocasiones anteriores ha denunciado las malas condiciones carcelarias en el país, conversó con Radio Universidad de Chile y reconoció que a los mapuche se les aplican castigos que transgreden los tratados internacionales y las leyes, al tiempo que informó que hace diez días envío a una fiscal a revisar la situación en Temuco.

Los castigos son en celdas de castigo, oscuras, con 23 horas de oscuridad total y sólo una hora de patio, en fin, condiciones con las que hemos luchado para que se terminen porque van en contra de la Convención Contra la Tortura y también en contra de nuestra propia Constitución. De hecho hace unos 10 días atrás mandé a una fiscal a evaluar esta situación, y me dijo que estas personas se encontraban bien…pero fue hace diez días atrás”, señala Maldonado.

En tanto, los partidos oficialistas tratan el tema con cuidado. Mientras el presidente de Renovación Nacional, Carlos Larraín, dijo “lamentar esta situación”, y llamó al gobierno a “corregir este disparate que le trastorna la existencia a cualquier persona”, el secretario general de la UDI, senador Víctor Pérez, prefirió guardar silencio y criticar los cambios anunciados por el gobierno en la Ley Antiterrorista y  la Justicia Militar, algo que a su juicio es “innecesario”.

Mientras, los 32 presos políticos exigen “acciones concretas”, y pese a la oferta del Ejecutivo enviar con urgencia al Congreso Nacional dos proyectos de ley para acotar la jurisprudencia de la Justicia Militar y modificar la actual Ley Antiterrorista, no han desistido de la huelga de hambre que se acerca peligrosamente a los dos meses.

El Gobierno insiste en el llamado a deponer la huelga y renunciar a la violencia como forma de reivindicación territorial, pero los representantes de los presos indican que “ellos tienen miedo de que no se les cumpla la palabra” y permanecerán a la espera de una mesa de diálogo que revise su situación y un compromiso por escrito que les asegure que se les respetará el debido proceso. Desconfianza que las torturas no hacen más que acrecentar y dar sentido.