¿Que quieren las chilenas y los chilenos?

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Isidro Peñasco

Mirado sin anteojeras o superposiciones culturales o ideológicas, los chilenos quieren:

Estas condiciones elementales no son “desarrollo”, son “buen vivir”.

El Chile actual ¿está en condiciones de lograr estas necesidades mínimas?

Evidentemente no, por lo menos para la mayoría. Hace mas de 30 años que nos dijeron que alcanzaríamos el “desarrollo”, término que puede significar cualquier cosa y que nunca ha sido definido en la perspectiva de las personas de carne y hueso, reales, existentes en Chile, sino que es una especie de mito, espejismo lejano que nos promete la “felicidad” y la abundancia, pero al que nunca llegamos y cada cierto tiempo nos dicen que en “cinco años mas” o en “diez años mas” y pasan los cinco y los diez y seguimos igual. Con aparatos importados que no somos capaces de producir nosotros, pero nada mas.

El precio que deben pagar las chilenas y chilenos por tener un modo de vida como el descrito (si es que es posible en Santiago donde los niños deben viajar horas en buses repletos para llegar a sus escuelas o esperar horas para que los atiendan en los consultorios o viajar largos kilómetros para llegar a sus trabajos que son mal remunerados y en un ambiente humano tóxico por la competencia y la escasez de ellos), es alto, es decir no está en relación con lo que obtienen.

Los hechos nos dicen que las chilenas y chilenos no quieren vivir como los alemanes o los japoneses. Quieren vivir como chilenos que son.

Por lo tanto el “desarrollo” desde ese punto de vista no es una meta que los chilenos quieran alcanzar a cualquier precio.

Mas aún si lo que ven es que el esfuerzo que hacen, la disciplina a la que se obligan, solo se traduce en que unos pocos tienen demasiado y unos muchos tiene casi nada y mas aún, visualizan cada día que pasa que el “desarrollo” es una quimera parecida a la famosa zanahoria que lleva el burro por delante y que nunca será alcanzada.

Esta insatisfacción se manifiesta de mil maneras. Desde la exigencia de gratuidad en la educación hasta la exigencia de una rebaja en el precio de la bencina o la eliminación del sistema de registro de deudores (DICOM).

Las chilenas y los chilenos parecen haberse refregado los ojos y comenzado a mirar la realidad como es en el país y lo que ven no les gusta, ni lo quieren.

En mil formas todos van llegando a la conclusión que algo anda mal y en esa búsqueda todos, unos mas rápido que otros y unos en forma lucida que otros, llegan a la misma conclusión: nos engañaron; nos contaron un cuento chino; este es una especie de balurdo histórico en que nos muestran un rollo de billetes hecho con papel de diario y que tiene un solo billete por afuera. Es una mentira.

Las chilenas y chilenos llegan fácilmente y cada día que pasa son mas y mas, a la conclusión de que casi nada es verdad en Chile, ni la democracia, ni la eficacia de los “emprendedores”, los “empresarios”, los políticos. Nada es verdad realmente y todo está cubierto por un barniz que disimula la realidad, la dura realidad, esa que cada uno sufre a diario en su casa, en su trabajo, en todas partes.

Chile ha llegado a un callejón con una sola salida: el cambio en la organización social, política y económica y esa conciencia no desaparecerá nunca mas o por lo menos hasta que no cambie todo.

Es decir llegamos a una encrucijada. Se denomina crisis. Unos dicen que es una crisis de legitimidad de las instituciones; otros dicen que es una crisis de los valores y algunos, cada vez mas pocos, dicen que es una “conspiración comunista”.

Pero nadie puede decir que en Chile vivimos tiempos “normales”.

El proyecto que nos impusieron al derrotar a Salvador Allende en 1973 fracasó. No funciona. No ofrece lo que la nación chilena quiere, es decir Chile, las chilenas y chilenos que en rigor SON Chile. Sin ellos no hay país, no hay nación, la idea nacional desaparece.

¿Como lo hicieron para lograr que aceptáramos “lo que hay”?. Porque “lo que hay” existe solamente porque lo aceptamos. Porque no desafiamos esa circunstancia.

¿Como lo hicieron?

Por medio del terror primero y luego de internalizado el terror, por medio del engaño, la educación de millones en escuelas con programas ad hoc; con la ayuda de la televisión, la radio y los medios impresos. Lograron que la mayoría – que siempre es bien intencionada y quiere creer- los tomara en serio o no se preocupara de escucharlos completamente o ni siquiera se molestara en pensar mas allá de los dichos de los que nos engañaron.

Pero la mentira tiene patas cortas y hoy hay millones que ya no les creen, porque se trata de un asunto de fe, de creer en que vamos para alguna parte y queremos ir para allá porque nos dicen que en esa parte encontraremos el catálogo de condiciones que queremos tener. El problema para los que se benefician extraordinariamente de este estado de cosas es que la ilusión se reventó como una pompa de jabón o como un dulce en la mano de un niño: desapareció.

Los “indignados” en Chile no son tales, son desilusionados.

De esto se concluye que da lo mismo si el gobierno se pone duro o blando; si aguanta los movimientos sociales o no los aguanta; si es capaz o incapaz. Chile ya inició su camino.

Lo único que cabe esperar es que ojalá no tengamos que enfrentarnos unos contra los otros. La mayoría en contra de una minoría reaccionaria.

Ojalá que logremos encontrar nuestro camino en forma lo mas pacífica posible. Que no muera nadie; que nadie saque nuevamente la metralleta creyendo que esta segunda vez ganará sin saber que las chilenas y los chilenos venimos de vuelta y los “golpes” las “asonadas” y los “ruidos de sables” no nos impresionan y no los toleraremos. El pueblo es invencible y si hace 38 años no nos imaginamos lo que venia, hoy lo sabemos con certeza y ante esa amenaza sabremos enfrentarlos si caminan por la aventura.

Hay algunos que sacan a relucir el viejo argumento contable: ¿quien financia lo que pides? ¿Donde está la plata?.

La plata está y hay suficiente para todos y hasta para ahorrar. Es que está mal repartida y si hay algunos que tienen demasiado, esa acumulación ni siquiera se justifica porque los que la tienen solo la “tienen” y no genera lo que debe generar la plata: bienestar para todos.

 

Parte de la Declaración de la Independencia de Chile que fue producto de un Plebiscito consulta ciudadana que se manifestó claramente por la independencia:

“...Mas no permitiendo las actuales circunstancias de la guerra la convocación de un Congreso Nacional que sancione el voto público ; hemos mandado abrir un gran registro en que todos los Ciudadanos del Estado sufraguen por si mismos libre y espontáneamente por la necesidad urgente de que el gobierno declare en el dia La Independencia o por la dilación o negativa: y habiendo resultado que la universalidad de los Ciudadanos está irrevocablemente decidida por la afirmativa de aquella proposición, hemos tenido a bien en ejercicio del poder extraordinario con que para este caso particular nos han autorizado los Pueblos, declarar solemnemente a nombre de ellos en presencia del Altisirno, y hacer saber a la gran confederación del género humano que el territorio continental de Chile y sus Islas adyacentes forman de hecho y por derecho un Estado libre Independiente y Soberano, y quedan para siempre separados de la Monarquía de España, con plena aptitud de adoptar la forma de gobierno que mas convenga a sus intereses...”

El plebiscito está en el núcleo fundacional de la nación chilena y ningún gobierno circunstancial puede negarle a Chile esa forma de decidir asuntos tan fundamentales como el rechazo a la Constitución dictada por Pinochet y sus colaboradores.

También los que firman la Declaración de Independencia (Bernardo O`Higgins

Miguel Zañartu; Hpólito de Villegas; José Ignacio Zenteno) aseguran que son los “intereses” de Chile (es decir los chilenos), lo que deben dictar la forma de gobierno que debemos tener. Ninguna ideología, forma o idea extranjera por mas bellamente formulada que sea o seductora que aparezca o digna de ser imitada que sea, debe ser impuesta por sobre esos intereses. Es decir los chilenos somos libres e independientes de darnos el tipo de gobierno que sea consecuente con nuestros intereses.

Hoy en Chile no se sirven nuestros intereses, al contrario el país está al servicio de un conjunto de personas extranjeras y chilenas que cuidan sus intereses particulares y que nos obligan a vivir en la pobreza y el desamparo, el endeudamiento y la ignorancia y que desde hace 38 años nos vienen diciendo que el sistema que los beneficia a ellos particularmente es de beneficio nacional y para todos.