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Enérgica condena a los dichos de Gonzalo Rojas

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24/11/2011.- Los abajo firmantes, todos académicos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, manifestamos nuestra más enérgica condena a los dichos de Gonzalo Rojas, profesor de esta universidad, en una columna publicada en El Mercurio el pasado 23 de noviembre, en la que se hace una explícita apología a los crímenes de lesa humanidad cometidos en nuestro país durante la dictadura militar.

Estos dichos están completamente reñidos con los fundamentos del cristianismo, de la democracia, y con los principios rectores de nuestra universidad. La publicación de Gonzalo Rojas lesiona gravemente a toda nuestra comunidad de cara al país, además de ofender a muchas personas y representa un significativo retroceso en el proceso de construcción de una forma de convivencia democrática y pluralista.
Como miembros de una comunidad deseamos que estas graves declaraciones no queden ajenas a la vida y el debate universitario y esperamos que se explicite ante la opinión pública y al interior de la Universidad Católica la condena de esta expresa justificación de crímenes e invitamos a nuestras autoridades a establecer con claridad el compromiso de la UC con el respeto a la vida y la dignidad de las personas tan groseramente ofendidas por un miembro de esta comunidad. Por otra parte no perdemos la esperanza de que el autor de estos agravios ofrezca las disculpas que correspondan.
Carlos Aguirre, Escuela de Construcción Civil

Francisco Albornoz, Escuela de Teatro

David Altman, Instituto de Ciencia Política

Pedro Alvarez, Escuela de Diseño

Soledad Aravena, Facultad de Letras

Macarena Baeza, Escuela de Teatro

Eduardo Barros, Escuela de Administración

Carolina Becerra, Facultad de Matemáticas

Monica Bengoa, Escuela de Arte

Javier Cancino, Escuela de Diseño

Alejandro Carrasco, Facultad de Educación

Rubí Carreño, Facultad de Letras

Luz Cereceda, Instituto de Sociología

Francisco Chateau, Facultad de Arquitectura

Valeria Cofré, Facultad de Letras

María José Contreras, Escuela de Teatro

Marcela Cornejo, Escuela de Psicología

Pablo Corro, Facultad de Filosofía/Instituto de Estética

Diego Cosmelli, Escuela de Psicología

María José Cot, Instituto de Historia

Felipe Court, Facultad de Ciencias Biológicas

Patricio Cumsille, Escuela de Psicología

Rodrigo de la Iglesia, Facultad de Ciencias Biológicas

Natalia del Campo, Facultad de Comunicaciones

María José Delpiano, Instituto de Estética

Alfonso Donoso, Instituto de Ciencia Política

Claudia Drago, Faculttad de Educación

Alejandro Durán, Escuela de Diseño

Mario Durán, Escuela de Ingeniería

Luis Flores, Facultad de Educación

Eduardo Fermandois, Instituto de Filosofía

Matías Fernández, Instituto de Sociología

Xavier Figueroa, Facultad de Ciencias Biológicas

Gisela Frick, Facultad de Arquitectura

Ricardo Fuentealba, Escuela de Arte

Valerio Fuenzalida, Facultad de Comunicaciones

Eugenio Garcés, Facultad de Arquitectura

Rodrigo García, Facultad de Teología

Ricardo Giesen, Facultad de Ingeniería

Carlos González, Facultad de Letras

Susana González, Escuela de Psicología

Sebastián Gray, Escuela de Arquitectura

Sergio Gutiérrez, Facultad de Ingeniería

Rodrigo Henríquez, Facultad de Educación

Pablo Hermansen, Escuela de Diseño

Rocío Hidalgo, Facultad de Arquitectura

Ximena Illanes, Instituto de Historia

Marta Infante, Facultad de Educación

Andrés Kalawski, Escuela de Teatro/Dirección Audiovisual

Edmundo Kronmüller, Escuela de Psicología

Francisca Lange, Instituto de Estética

Ana María Leñero, Facultad de Física

Marcelo Lagos, Instituto de Geografía

María Rosa Lissi, Escuela de Psicología

Juan Pablo Luna, Instituto de Ciencia Política

Gloria María Martínez, Escuela de Teatro

Neva Milicic, Escuela de Psicología

Patricio Miranda, Escuela de Trabajo Social

Marcela Moncada, Escuela de Arte

Mario Morales, Escuela de Psicología

Germán Morales, Escuela de Psicología

Andrés Moreira, Instituto de Geografía

Cristián Opazo, Facultad de Letras

M. Carolina Pavez, Escuela de Arte

Marcelo Preite, Facultad de Química

Andrés Pucheu, Escuela de Psicología

Gerardo Pulido, Escuela de Arte

Fernando Purcell, Instituto de Historia

Rolando Rebolledo, Facultad de Matemáticas

Paula Repetto, Escuela de Psicología

Alfredo Riquelme, Instituto de Historia

Sergio Riquelme, Facultad de Educación

Eugenio Rodríguez, Facultad de Educación

Carolina Rojas, Escuela de Trabajo Social

Claudio Rolle, Instituto de Historia

Domingo Román, Facultad de Letras

Diego Romero, Facultad de Física

Gabriela Rubilar, Escuela de Trabajo Social

Olaya Sanfuentes, Instituto de Historia

Anita Sanyal, Facultad de Educación

Francisco Schwember, Escuela de Arte

Christian Sebastián, Escuela de Psicología

Daniela Serra, Instituto de Historia

Ana María Stuven, Instituto de Historia

María Paz Tagle, Escuela de Psicología

Mike van Trek, Facultad de Teología

Jaime Valenzuela, Instituto de Historia

Laura Valledor, Facultad de Educación

Rodrigo Varas, Facultad de Ciencias Biológicas

Orlando VIgouroux Jaime, Escuela de Arquitectura

Ignacio Villegas, Escuela de Arte

Pablo Whipple, Instituto de Historia

Guillermo Zamora, Facultad de Educación

Claudio Zamorano, Escuela de Psicología
Este es el texto publicado en El Mercurio por Gonzalo Rojas:
Krassnoff, lecciones de nuestro pasado reciente
El caso Krassnoff vuelve a recordar la importancia de la historia reciente de Chile. Sépanlo, jóvenes: no podrán liberarse de las lecciones de nuestro pasado reciente. Recuérdenlo, adultos: fuimos los protagonistas y no podremos esquivar las consecuencias de nuestros actos.
Unos, vimos venir la marea revolucionaria; otros, por propia voluntad y convencidos de su legitimidad, la impulsaron.
¿Sabían éstos que iban a encontrar una fuerte oposición en gran parte de la sociedad chilena? Sí, pero no les importaba, porque su convicción ideológica era más fuerte que la realidad. Era el sí o sí de la enajenación revolucionaria.
¿Eran conscientes de que cuando quisieran imponer sus posturas violando toda la institucionalidad democrática iba a haber Fuerzas Armadas que se iban a resistir invocando el bien de Chile? Por supuesto: la resistencia de los blancos en Rusia, la de los nacionales en España, la de los coreanos y de los vietnamitas del sur, eran suficientes ejemplos de cómo los pueblos libres les piden a sus Fuerzas Armadas que los defiendan de la agresión totalitaria.
¿Comprendían que si perdían el primer combate tendrían que pasar a la clandestinidad y que en esa condición serían perseguidos sin tregua? Por supuesto, y estaban perfectamente preparados para esa circunstancia, sabiendo que por cada golpe terrorista recibirían un golpe represivo.
¿Conocían las técnicas para sobrevivir y golpear durante un período de férrea persecución? Así era, y eso posibilitó que mientras tenían numerosas bajas en su guerra subversiva, pudieran también asestar terribles golpes que costaron muchas vidas de civiles y uniformados.
¿Ignoraban la preparación de las Fuerzas Armadas para resistir a sus embates? De ninguna manera; sabían que en todo el continente eran miles los oficiales que rechazaban el marxismo y la guerrilla, y que se habían preparado para enfrentar esa amenaza. Quienes hoy son llamados "víctimas" conocían de sobra a su enemigo, al que querían victimizar. Y, por cierto, estaban dispuestos a morir matando.
¿Estaban seguros de poder ganar el combate que ya desde Chillán en 1967 habían planteado en términos de lucha armada? No, pero su voluntarismo era más fuerte que toda racionalidad. Tenían varios miles de hombres en armas -entre el PC, el PS, el MAPU y el MIR, casi 10 mil-, pero sólo los comunistas entendían que la correlación de fuerzas los llevaría a la derrota. De ahí su "No a la guerra civil", o sea, no todavía, porque no podemos ganarla aún.
Pero -sin duda se plantea el lector- éstas eran posturas sólo defendidas e impulsadas por esos grupúsculos de paramilitares que llevaron el proceso a sus extremos, mientras que los civiles militantes de los partidos de izquierda eran buenas gentes que sólo promovían un idealismo socialista democrático.
No. Todos estaban en la misma.
Unos desde dentro del aparato del Estado, intentando instrumentalizarlo para convertirlo en todopoderoso; otros, desde fuera, pero protegidos por él hasta que la Ley de Control de Armas los comenzó a arrinconar; y algunos, entrando y saliendo del Estado: en Investigaciones, y en el GAP, y en Indap, y en la Cora...
El caso Krassnoff le hace bien a Chile; impide que se imponga esa verdad orwelliana que incluso ya parece haberse instalado en La Moneda después de 20 años, sin que haya un mínimo de conciencia histórica, ni siquiera en ministros que trabajaron en comisiones legislativas para construir un nuevo país.
¿Hubo injusticias y abusos en Chile desde 1965 en adelante? Que contesten primero, respondiendo por sus propias acciones, quienes impulsaron una revolución a sangre y fuego que terminó abrasándolos.
 

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