Miercoles, 22 Noviembre 2017

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Algunos alcances sobre el Movimiento Estudiantil y su continuidad

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Camila Vallejo D.
Este movimiento, que es fruto de largos procesos de acumulación, maduración política y consolidación orgánica en el seno del mundo educacional, no sólo ha logrado elaborar un diagnóstico que demuestra la triste realidad del sistema de educación chileno, sino que ha constatado, en su origen y evolución, una causalidad funcional a la reproducción y profundización de las desigualdades en nuestro país. Dado el rol que juega la educación, al constituirse dentro de la superestructura social como herramienta de transformación o reproducción material y cultural de las ideas de un modelo económico, social y político determinado, hoy día no caben dudas de que éste es un sistema conscientemente perverso.

Hemos visto como la educación en Chile contribuye enormemente a la exclusión, la segregación y a la segmentación social. La competencia como elemento movilizador de la calidad educativa, al echar a competir a los actores, ha terminado por eliminar toda posibilidad de que la red de prestadores pueda desarrollarse como un verdadero sistema, y por el contrario ha contribuido a su
fragmentación. La sobre valoración exacerbada de los métodos de evaluación estandarizados por sobre los procesos de formación, terminan por evidenciar las enormes desigualdades de origen y permiten la discriminación en base a ello. La compartimentación de los contenidos en conocimientos útiles sólo para el “emprendimiento”, no permiten formar sujetos integrales y con capacidad crítica. El sesgo deliberado en la formación de los educandos los predestina a ser mano de obra barata del aparato productivo o en profesionales para el mercado. La concepción de bien e inversión individual - en lugar de pública - al momento de financiar la educación, permite que el costo de educar recaiga en cada familia, y sea finalmente su capacidad de pago, lo que determine el ejercicio de su derecho a la educación.

Éste modelo se encarga de la generación de un imaginario sociocultural que promueve principios y valores propios del neo-liberalismo, principios anti éticos como el individualismo, el consumismo, a apatía y el exitismo, y que junto a aspectos económicos y jurídicos, generan las condiciones para legitimar una dominación ejercida por los sectores minoritarios que se benefician del sistema, a costa de las grandes masas de trabajadores, pobladores y Estudiantes que se ven perjudicados y arrastrados en una correa sin fin, donde son siempre ellos quienes asumen los costos a través del endeudamiento, la inestabilidad laboral, la sub-valoración profesional y la cesantía. Mientras llueven las utilidades para las empresas que sin producir o innovar, lucran de manera muy conveniente con lo que -en cualquier otro país- es considerado un derecho.

Ante esta desgarradora realidad, es que la demanda del movimiento estudiantil, que rápidamente hace eco en el grueso de mundo social, se torna una cuestión eminentemente política. Pone en disputa el rol que debe jugar la educación al interior de la sociedad y por ende, su relación con el mercado y el Estado. En este sentido, la recuperación de la educación como un Derecho social y una Inversión Social, no es sólo para generar movilidad social, sino para que la sociedad cuente con una institución dedicada a cuestionar y a criticar objetivamente la estructura, el desempeño y la trayectoria política y social de sí misma (Meller, P. “El problema no es el lucro, es el mercado”) a partir de la democratización del conocimiento y la formación integral de todo su pueblo. Esto último merece verdadera atención, dado que ante la complejidad de nuestra sociedad actual (injusticia social, aumento progresivo de las desigualdades, disminución generalizada de la calidad de vida, violencia estructural, deterioro ambiental, precarización laboral, etc.) no podemos disponer de profesionales y técnicos con una visión fragmentada y limitada sólo a los conocimientos útiles para el emprendimiento individual o colectivo, sino que sujetos, generaciones completas, que cuenten con una mirada integral y amplia de la realidad nacional y mundial, sólo así podremos afrontar la complejidad de los problemas sociales y medioambientales que nos aquejan. En definitiva, se trata de generar dispositivos contrahegemónicos al modelo de mercado, que es este el que aliena a nuestra sociedad y la condena a la mantención de las desigualdades e injusticias actuales.

En este sentido, entendemos que el Estado como institución que vela por el bien, la democracia, libertad y justicia social, es el que debe proveer de una educación pública, que cubra todas las regiones y niveles de enseñanza, que eduque a todos los segmentos socioeconómicos sin discriminación, que sea pluralista y asegure libertades mínimas para la formación de seres humanos preparados para el ejercicio democrático, tolerantes, críticos y responsables socialmente. Un sistema que no tenga como finalidad la acumulación de capital financiero a costa de los sueños de miles de familias, sino que tenga como finalidad hacer que el país cuente progresivamente con una mayoría de personas que de manera crítica se dediquen al trabajo científico, técnico, intelectual y artístico que requiere su desarrollo social, económico y cultural en igualdad de condiciones.

El conocimiento es nuestra principal herramienta para una posible emancipación social, si no aseguramos el acceso al conocimiento integral y complejo a todos los ciudadanos, difícilmente el país alcanzará el desarrollo justo, y por el contrario, seguirá manteniendo la inequidad que hace posible la apropiación del conocimiento por unos pocos, que se valen de él para someter a las mayorías ignorantes.

Cuando entendemos que la demanda es mucho más que educación gratuita, de calidad y para todos, sino que se erige como posición contrahegemónica al modelo mercantil de educación, nos damos cuenta que aquellos que lo sustentan, difícilmente estarán dispuestos a ceder y arriesgar así sus privilegios. Su modelo está amparado en posiciones profundamente ideológicas y en un conveniente ordenamiento de las relaciones de poder heredado de la dictadura militar. No por nada, después de largos meses de movilización el gobierno, junto con la complicidad de quienes durante 30 años mantuvieron el modelo, sigue repitiendo como disco rayado una propuesta de reforma que aparenta cambiarlo todo para finalmente no cambiar nada. Un discurso (facilitado por los medios de comunicación) que muy hábilmente recoge nuestras demandas y las distorsiona para transformarlas en argumentos que reafirman la perpetuación y profundización del mercado en la educación con absoluta hegemonía.

¿Cómo es que contando con el apoyo de una mayoría de chilenos, teniendo el respaldo de organismos y tratados internacionales, ademas del lapidario diagnóstico de un sistema donde es escandalosa la desigualdad y el abandono del Estado, es posible que nos encontremos hoy sin ningún avance sustantivo en la dirección de un cambio estructural?. La verdad es que el problema comienza a visualizarse como algo que está mas allá de lo meramente educacional y comienza a evidenciar un conjunto de sistemas que operan coordinadamente para el mantenimiento del modelo y sus relaciones de poder, donde la educación es solo una de sus tantas piezas.

Gilberto Valdés, filósofo cubano, en su libro “Posneoliberalismo y movimientos antisistémicos”, reconoce que la explotación económica; el vaciamiento de la democracia representativa; la discriminación sociocultural; la enajenación mediático-cultural; y la depredación ecológica entre otras, son parte de un conjunto de prácticas que permiten la exclusión social, la opresión política en el marco de la democracia formal, el mantenimiento de las elites en el poder, la concentración de los medios como forma de dominio del capital sobre la sociedad para la contrainsurgencia de alternativas que pongan en peligro su hegemonía, y la maximización de las ganancias de grandes empresas multinacionales e internacionales a costa del ser humano y su medio ambiente.

Según G. Valdés, todas éstas prácticas dan cuenta de la existencia de un Sistema de Dominación Múltiple que comprende todas aquellas formas históricas y presentes de dominación, en el ámbito económico, político, social, educativo, cultural y simbólico donde la hegemonía del capital termina siendo una praxis y un modo de pensamiento, de subjetividad que se elabora desde las matrices ideológicas de los dominadores. En definitiva, que los sistemas de dominación abarcan amplios aspectos de la vida diaria y que se reproducen metabólicamente en lo material y económico, pero también por medio de las relaciones culturales más mediadas.

Si revisamos la realidad chilena, nos damos cuenta que la profunda desigualdad que aqueja a nuestro país, la que se expresa en el ámbito educacional pero también en la salud, el trabajo, la vivienda y nuestro sistema democrático, es la consecuencia lógica de la aplicación de esta multiplicidad de formas de dominación, que se consagraron de manera clara con los amarres de la dictadura como base fundamental para el mantenimiento del modelo neoliberal. De ahí que el sostenido crecimiento económico del país del cual se jactan todos nuestros políticos, acompañado de la focalización del gasto social propio de un Estado Subsidiario, si bien ha reducido los niveles de pobreza e indigencia en el país, no ha logrado en más de 30 años disminuir los graves problemas de desigualdad e injusticias sociales, sino que ha conseguido profundizarlos.

Y es que con la imposición de un Estado Neoliberal la inversión, la producción y el aseguramiento de los derechos sociales de los ciudadanos quedaron relegadas a los privados, convirtiendo todo en un mercado de intereses particulares. Aquí prima el desencuentro por sobre la cooperación, el individualismo por sobre la solidaridad, la competencia por sobre la colaboración, y los bienes privados por sobre los bienes públicos. Un modelo que ha significado un gran retroceso en las conquistas democráticas que hicieron de lo publico un valor fundamental para el desarrollo en igualdad de condiciones a nuestro pueblo. El sistema económico y político fue transformado para asegurar la mantención en el poder a un reducido grupo de familias y/o empresarios a través de la apropiación de nuestros recursos y medios de producción tanto en el plano material como cultural, inhibiendo toda posibilidad de desarrollo humano y soberano de las grandes mayorías.

Consciente o inconscientemente este movimiento en su proceso de análisis y deliberación ha escarbado en los orígenes del estatu quo, hasta toparse con el corazón del modelo mas allá de su componente educacional. Ha concluido que va a ser imposible que exista solución estructural al conflicto con un modelo que no es posible erradicar solo con marchas en las calles o mesas de diálogo, porque no hay conciliación de clases posible cuando los que tienen mucho, si pueden parapetarse en los aparatos institucionales, jurídicos, políticos y electorales jamás van a dejar de creer que cada peso que tienen es merecido y que no les corresponde entregarlo aunque provenga del despojo vil de lucrar con los derechos.

El hecho esperanzador es que estas ideas hacen eco en todos los que nos vemos afectados por este modelo de “desarrollo” neoliberal; cada vez somos mas los que nos reconocemos entre los despojados, ultrajados y perjudicados; cada vez son mas lo que abren los ojos para constatar que existen privilegios solo para unos pocos; y así comienza a surgir la visión sistémica del problema y la necesidad de una mayor convergencia y activismo social. Este es el momento adecuado para compartir problemáticas y posiciones y generar así las condiciones para el desarrollo estratégico del movimiento. Es la oportunidad para que propiciemos el acercamiento entre diversas demandas y prácticas emancipadoras que hoy aparecen contrapuestas o no articuladas, y comencemos a erradicar los reduccionismos que predeterminan tareas, labores o ámbitos de acción a los distintos actores sociales, como caminos separados o paralelos. Si no generamos una diversidad articulada, difícilmente podremos llegar a constituirnos como los futuros sepultureros de esta reproducción “natural” del modelo neoliberal.

Por eso es rol fundamental de este movimiento, entenderse en su verdadera fuerza, que ya no reside solamente en su capacidad de presión, sino que se respalda en la capacidad de propuesta y acción política. La sociedad civil, durante más de 30 años atomizada, desesperanzada, sin visión o perspectiva de futuro, ahora se expresa a través de sus organizaciones sociales y sindicales como una masa crítica con la inspiración y motivación suficiente para ser parte de la construcción de un modelo de sociedad distinto. Estamos ante una oportunidad histórica que nosotros mismos hemos generado y de la cual debemos hacernos cargo; una oportunidad que nos empuja a actuar en unidad a pesar de las diferencias; que nos obliga a disputar espacios, a articularnos a nivel a territorial, apostando constituirnos en núcleos de generación de un ideario contrahegemónico, en espacios críticos, de formación y promoción de valores antineoliberales. Que nos obliga en definitiva a entretejer una plataforma política y orgánica, articulada y multisectorial, que sea catalizadora de la construcción de una verdadera alternativa al modelo neoliberal en nuestro país y que sea capaz de disputar el poder para llevarla a cabo.

El movimiento tiene condiciones para pasar de la crítica al modelo y del accionar testimonial y contestatario, a la construcción estratégica y a la acción política efectiva, construyendo mayorías y dotando de viabilidad las propuestas, tensionando el aparto institucional desde dentro y fuera, aprovechado cada grieta o error de este cuidado andamiaje de contención social para derribar todo lo que deba ser trasformado. Solo en esta perspectiva de construcción será posible un nuevo modelo educacional, refundado desde sus bases para responder a otro sistema de desarrollo. Chile no va a transformar de raíz su educación si no enmarca esta lucha en una gran batalla por erradicar todo resabio autoritario, antidemocratico y mercantil de todo el ámbito social, político y económico. La educación emancipadora, igualitaria y liberadora será un primer puente entre el pueblo y la construcción de su destino.
 

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