El 2011 se va, viene la década de la libertad: gracias estudiantes

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Isidro Peñasco
Este primer año de la segunda década del siglo 21 de nuestra era, abrió los diez años que siguen en Chile en forma espectacular. Como la obertura de una ópera que recién comienza. Los compositores de esas obras musicales acostumbran a poner en la obertura -que es puramente musical-, elementos principales o el “leitmotiv” de toda la obra que será representada.

En el caso de Chile y siguiendo la figura planteada, nuestra obertura de la ópera social; política y económica que será representada en el escenario nacional en el curso de la década que se inicia, estuvo marcada por el Movimiento Estudiantil. Lo escribimos con mayúsculas como nombre propio por la amplitud, profundidad social, política y la omnipresencia que tuvo en la isla al fin del mundo que es Chile y sobre todo por su originalidad, su novedad, que tan bien calza con la mirada límpida, honesta de la juventud que lo llevó adelante.
Esta obertura marcó y puso en segundo plano todos los acontecimientos ocurridos en Chile y para nuestro alivio, dejó en calidad de murmullo los dichos y diretes de los políticos e intelectuales que generalmente dominan la escena con sus paparruchas, sus retorcijones retóricos para justificar lo injustificable; hacer que se acepte lo inaceptable y en general “dorar la perdiz” para que no caigamos en cuenta -los chilenos de a pie y que pagamos todas las cuentas y los mantenemos espléndidamente con nuestro trabajo- de que están robando y sacando la riqueza (y material y realmente: el oro) de Chile, mientras nosotros caminamos, endeudados, mal vividos; reprimidos con la ilusión en la cabeza de que marchamos derechito al desarrollo, esa promesa vaga y que nadie se puede imaginar como es ese “desarrollo” y que generalmente es algo así como una quimera en que todos felices comiendo perdices. Los que lo conocemos desde adentro sabemos que consiste en que TODOS (con algunos marginales menos) consumen y consumen y terminan obesos o angustiados por el “desarrollo”.
En fin, este año nos libramos de los decires de los que habitualmente llenan las paginas de los diarios y las pantallas de la diosa máxima del Olimpo chileno: la “Tele”. El vacío fue llenado por las marchas de los muchachos y las muchachas. Llenas de humor y creatividad, con esa liviandad de la juventud que es dictada por la energía que los impulsa; la honestidad y generosidad que los caracteriza.
Nos vimos regalados por el rostro bello de Camila Vallejo y la aguda inteligencia de Girogio Jackson que nos ofrecieron una satisfacción grande cuando pudimos verlos como ponían en su lugar a los “Honorables Parlamentarios” de una comisión de educación y como les explicaban con “peritas y manzanitas” porque el sistema educacional de Pinochet dictado por el “Santo” Jaime Guzmán es aberrante, injusto y no es coherente con lo que debe ser Chile.
Chile, esa idea que tenemos los chilenos en la cabeza y que nos une en un sentimiento de pertenencia, fue remecido por el Movimiento Estudiantil.
Repentinamente y sin que ninguno pudiera explicarlo muy claramente los paradigmas; las ideas; la representación de la realidad que teníamos todos en la cabeza a punta de repeticiones majaderas en los medios y sobre todo en el sistema educativo, cambió radicalmente.
Ante los ojos posiblemente asombrados de millones apareció el Chile material y el inmaterial organizado en estructuras inmodificables en toda su miseria de injusticia; aberrante desigualdad; expoliación desde el extranjero.
Chile pudo ver que el telón de mentiras se rajó de arriba abajo y nos pudimos mirar como realmente somos y lo que realmente somos: un país colonizado subdesarrollado del tercer mundo que volvió a la situación que estaba a fines de los 60, antes de que el movimiento popular avanzara lo que avanzó y abriera la senda del desarrollo de verdad que ni es regalo de extranjeros ni es un asunto de “manos invisibles”, varitas mágicas de Harry Potter o producto del genio de unos que aseguran que saben y la verdad es que son una facinerosos y ladrones. Al contrario es producto de un esfuerzo general en el que nadie está demás, en que cada uno aporta realmente con lo que puede y con lo que sabe; un esfuerzo en que no se pierde un solo talento y en que desde la mas sencilla artesanía se desarrolla una industria poderosa y fuerte que alimenta a todos bien y suficientemente y para siempre.
A ojos vistas y por la juventud, Chile -que somos los chilenos- asumió su realidad y los que creen que debemos “dar vuelta la hoja”; que lo de los Estudiantes fue una anécdota no muy agradable en la vida nacional, pero una anécdota sin mayores consecuencias, ¡como se equivocan!, ¡como se auto engañan!.
Chile cambió porque su juventud mas lúcida cambió y además lo demostró ante el país.
Desde este comienzo de década ya nada será igual en Chile. Ya no está en manos de los que decidieron por nosotros desde el golpe militar hasta la asunción de Piñera en La Moneda, seguir “encantandonos” con mentiras y con ilusiones. Ahora solo se trata de un como los desalojamos o como los obligamos a que se den vuelta la chaqueta -como son expertos en hacerlo- y se sumen a los cambios que vienen.
Será un parto fácil y suave o uno difícil y largo, pero la criatura ya está en el vientre de la madre y nacerá.
Quizás en esta década Chile realmente comience a ser un país independiente, soberano, rico y poderoso que se integre en la comunidad latinoamericana y los chilenos aprendamos a aceptarnos como lo que somos y no como algunos interesados quieren que seamos o como nos imaginamos en nuestra fatídica alienación que debemos ser.
Ya iniciamos el camino y a los pueblos que marchan nadie los detiene.
Gracias Estudiantes; gracias juventud chilena.
¡Aún tenemos Patria ciudadanos! (Manuel Rodríguez)