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“Cambalache” de Piñera en el Ministerio

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Christian Palma para Página/12 y Redacción de El Chileno
Con la espada de Damócles de un magro 23% de apoyo en la ciudadanía (encuesta CEP reciente), Sebastián Piñera sigue dando palos de ciego en su trabajo de Presidente de Chile que parece no calzarle por ningún lado. El multimiullonario mandatario que hizo sus millones al calor del poder de la dictadura y usando las “oportunidades de negocio” que ofrecía la impunidad sostenida por el dictador, parece perdido en un laberinto de problemas para los que no tiene solución.

El sinceramiento de su posición mercadista en la educación al nombrar a uno de los corifeos (Harald Beyer) de la tesis de que la educación es un producto como las patatas que se compra y se vende en el “mercao” como lo nombran algunos engolados y cursis chilenos, demuestra que Piñera tiene una sola orientación: blindar el modelo económico; político y social que los beneficia y ello poco tiene que ver con “política” en rigor.
Todos los alegatos futuros sobre la calidad de “ideológicos” que tienen sus adversarios y la oposición nacional, serán una mentira descarada que hasta los chicos de primaria podrán ver, ya que en nombramiento de Beyer es un claro mensaje a la nación chilena: no hay cambios en la educación nacional, sigue siendo una mercancía que se transa en el mercado.
Piñera con esa posición solo cumple con sus mandatarios, ya que entre ellos se encuentra una gran cantidad de dirigentes políticos que son propietarios de “negocios” educacionales que desaparecerían si la educación primaria; media y superior deviniesen gratuitas  como lo exige el 80% de la población de Chile.
La dirigente del Movimiento Estudiantil Camila Vallejo criticó duramente el “Cambalache” del Presidente en su ministerio.
Arrinconado por la renuncia de Bulnes a la cartera de Educación, Sebastián Piñera puso en ese ministerio clave a un hombre considerado “más técnico” por la clase política: Harald Beyer, ingeniero comercial de la Universidad de Chile.
Harald Beyer es un declarado enemigo de la gratuidad en la educación y junto con otros cuatro ex ministros de educación de la Concertación no se ha cansado de rechazar cualquier cambio en el modelo de mercado en ese campo.
Sebastián Piñera, el presidente de Chile, empezó mal el año y lo está terminando peor. Poco antes de que ayer el liberal e influyente Centro de Estudios Públicos (CEP) diera a conocer que el nivel de aprobación de su gestión a cargo del país cayó hasta un histórico 23 por ciento, una salida de libreto de uno sus ministros más duros, el titular de Economía, Pablo Longueira, del derechista partido Unión Demócrata Independiente (UDI), comenzaba a amargarle la jornada.
Lo que hasta ese minuto era un rumor que recorría los patios del Palacio de La Moneda, pero que había sido desmentido por el propio gobernante con la frase “los cambios no se anuncian, se hacen”, fue confirmado inesperadamente por Longueira. Temprano soltó que dos ministros salían del gabinete. Uno de ellos, nada más y nada menos que el titular de Educación, Felipe Bulnes. El otro, el ministro de Agricultura, José Antonio Galilea. La noticia ya no sería entregada –como le gusta hacerlo– por Piñera. Su labor o la de sus asesores se reducía simplemente a dar explicaciones.
La encuesta del CEP no sólo le decía a Piñera que más del 60 por ciento de la ciudadanía reprueba su gestión, convirtiéndolo en el único gobernante tras el retorno a la democracia cuya desaprobación supera el 50 por ciento, sino que quedó más bajo que el ex mandatario Eduardo Frei, quien en la medición de septiembre-octubre de 1999 marcó un 28 por ciento, después de la crisis asiática.

El sondeo también le enrostró que la ex presidenta socialista Michelle Bachelet se alza por sobre el 80 por ciento de respaldo sobre los consultados.
Como broche de oro al día negro, la carismática líder estudiantil Camila Vallejo, que se ganó la adhesión de la gente y que coquetea con alguna postulación al Congreso, se metió entre los cuatro personajes mejor evaluados del año, con un no despreciable 44 por ciento de apoyo ciudadano.
Pese a la evidencia, Piñera se las arregló para salir al paso. Su vocero, el ministro Andrés Chadwick, se encargó de sacarle punta a un anterior sondeo de opinión ligado a los centros de pensamiento de la derecha chilena (la encuesta Adimark), el que mostraba un leve repunte en la popularidad. Por esos días, el mandatario se frotaba los brazos y se lo volvió a ver sonriente. Pero sólo fue un espejismo. La CEP echó por tierra esa idea de repunte.
Esto sucede por más que desde La Moneda digan que con los resultados de la última encuesta se quedaron “algo retrasados”, de-sestimando de esta forma el escaso 23 por ciento de aprobación obtenido por el presidente Sebastián Piñera en el sondeo.
Al respecto, el vocero de gobierno indicó que la encuesta del CEP “se tomó a inicios y durante del mes de noviembre, pero tenemos encuestas posteriores que han sido de conocimiento público que le dan al gobierno una adhesión muy superior a la que ha entregado esta fotografía”.
Lo cierto es que la caída en las encuestas muestra que se agudizó aun más la desaprobación de los chilenos, que ya en agosto marcaba el nivel más bajo, comparado con los anteriores presidentes chilenos: Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.
En la oposición no se demoraron en atribuir la caída a la falta de liderazgo del mandatario y al desorden que tiene en su equipo de gobierno. Argumentaron que la encuesta que tiró su popularidad al suelo fue fruto de su sordera ante la demanda estudiantil.
Sin ir más lejos, a poco de que se materializara este nuevo cambio ministerial, el tercero en seis meses en el caso de la cartera de Educación, la propia Camila Vallejo le habló al golpeado mandatario: “La ciudadanía ya no necesita cambios de gabinete. Los chilenos no necesitan más cambios de gabinete, no necesitan más cambalaches”, sentenció.
Y el cambalache de ayer –como dice el tango– hizo que el día fuera una porquería para el presidente. Esto porque, además de perder en las encuestas, Piñera sumó el hecho de que el rostro de las movilizaciones de 2011 ganara en popularidad y con ella, dicen desde varios sectores, el movimiento estudiantil, por más que Vallejo ya no sea presidenta de la Federación de Estudiantes de Chile.
En este escenario, y arrinconado por la renuncia de Bulnes a la cartera de Educación, Piñera puso en ese ministerio clave a un hombre considerado “más técnico” por la clase política: Harald Beyer.
Ingeniero comercial de la Universidad de Chile, integró el grupo ideológico que elaboró la campaña y el programa de Piñera. Durante el año desestimó la duración del movimiento estudiantil, se manifestó en contra del lucro en la educación, pero también contrario de la enseñanza gratis para todos.
Para Camila Vallejo es un acto desesperado “porque el gobierno no ha demostrado la capacidad para tener una política pública en educación. Son incapaces y se han visto obligados a hacer cambios de gabinete, pero sin lograr los cambios importantes”. Habrá qué ver cuánto dura Beyer en una cartera que ya ha cobrado dos víctimas este año.

Por su parte, el flamante ministro de Agricultura, Luis Alejandro Mayol Bouchon, reemplazante de Galilea, pertenece a una de las familias más tradicionales de Chile. Es abogado, empresario y dirigente gremial chileno. Criado en la región de O’Higgins, durante su niñez vivió en el fundo que mantenía su familia en la ciudad de Chimbarongo.

Vinculado con la propiedad de Copeval 3, empresa de la cual su familia fue fundadora a mediados del siglo XX, fue consejero de la Sociedad Nacional de Agricultura por más de dos décadas y director en cuatro oportunidades antes de convertirse en su presidente, en abril de 2009.

Sobre el final del día, en un intento por emprolijar un poco la comunicación gubernamental, el vocero presidencial Chadwick convocó a los periodistas acreditados en La Moneda para confirmar los dos relevos. “Se van por motivos estrictamente personales”, aseguró el vocero, en referencia a Bulnes y Galilea. “Lo sentimos mucho.”

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