Miercoles, 18 Octubre 2017

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El Mercurio preocupado por la Asamblea Constituyente: comentario sobre un editorial

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Los editoriales de El Mercurio son un termómetro preciso del animo que afecta a la oligarquía chilena, en determinado momento del devenir político en Chile . El Mercurio como órgano oficial suprapartido de dicha oligarquía (Alianza-Concertación) y por ende de los intereses foráneos que siempre ha representado, cumple su rol a cabalidad y reacciona en forma oportuna y eficaz ante cualquier amenaza a la dominación que ejerce la clase que representa, por mas pequeña que sea, sabiendo evaluar correctamente la peligrosidad de ella por mas chica que aparezca.

Asuntos que a veces dominan completamente la escena polítca de Chile, El Mercurio no se molesta en comentarlos, otros sin embargo, causan una preocupación grande en el “Decano” de la prensa oligárquica chilena. Es el caso de un editorial que comentaremos párrafo por párrafo para intentar echar un poco de luz en el metalenguaje sibilino de los editoriales de ese diario.
Bajo el título “Asambleísmo plebiscitario” El Mercurio editorializa sobre el tema Asamblea Constituyente. El texto es el siguiente (en cursiva El Mercurio. Nuestros comentarios en recta)
“Una vez más se presenta en nuestra escena política la tentación del asambleísmo plebiscitario, impulsado por quienes confunden el fracaso de sus propias estrategias de reforma con una crisis del sistema político y de la democracia representativa.
El título del editorial mercurial es ya agitación y propaganda. La palabra “asambleísmo” describe una fenómeno negativo en la vida política. Es cuando hay un sinnúmero de asambleas que son completamente ineficaces por su número, desorden y falta de coherencia y el término “plebiscitario” es un trapo rojo para la oligarquía chilena que le teme a la manifestación popular masiva como el diablo al agua bendita y El Mercurio lo sabe, de ahí el titulo.
En el primer párrafo despacha anticipadamente a los que postulan la necesidad de una Asamblea Constituyente calificándolos de “fracasados” que no han sido capaces de imponer sus afanes de reforma institucional y confunden dicho fracaso con una crisis del sistema político y de la democracia representativa. Naturalmente que dicha afirmación es falsa ya que mal se puede lograr alguna reforma en el sistema institucional con la Constitución de 1980 si ella exige quorums para ser reformada que son imposibles de lograr en ninguna parte. Es decir es imposible, fuera de impulsar “reformas” cosméticas que no afectan en nada el sistema como lo hizo Ricardo Lagos con apoyo de la derecha en el 2005.
Respecto de la crisis, El Mercurio ignora olímpicamente y desde su blindado “fuerte” en Las Condes, que exista una crisis, lo que también es una falacia ya que cualquier ciudadano y hasta el mas ingenuo y despreocupado puede apreciar, sin hacer mayor esfuerzo, que el país entero en toda su multifacética realidad se encuentra en crisis, en una crisis de espíritu por la que las chilenas y chilenos tienen la sensación de que “esto no da para mas” y la insatisfacción es generalizada.

El presidente de la Democracia Cristiana -al igual como anteriormente lo han venido haciendo voces del PPD- ha propuesto sustituir los cauces institucionales de reforma de la Constitución y del sistema político por fórmulas entre las cuales no se descarta el mecanismo denominado "asamblea constituyente". Lo más preocupante es que esta propuesta, lejos de chocar con un rechazo contundente de la clase política -como habría sido natural esperarlo-, parece encontrar cierta acogida, al menos en varios sectores del PDC -junto con el rechazo de otros sectores de esa misma colectividad-.
Luego El Mercurio en el párrafo precedente del editorial que comentamos, justifica la causa de dedicar tan valioso espacio en sus páginas a un tema que el mismo editorial intenta bagatelizar, desde el despectivo “mecanismo denominado”asamblea constituyente”, informando que el presidente de la Democracia Cristiana y algunas voces del PPD han propuesto sustituir los cauces institucionales de reforma a la Constitución por la mencionada “asamblea constituyente”.
Luego el editorialista de El Mercurio advierte que es preocupante dicha actitud y se demuestra sorprendido de que no encuentre -dicha proposición- un rechazo unánime. Lo que equivale a llamar a que la rechacen. Como quien dice “estamos sorprendidos que los proconsules no hayan desgarrado sus vestiduras por este anuncio tan desopilante”..
Hasta aquí El Mercurio se ha colocado como el cautelador de los intereses generales de la clase que representa y de paso dar un avance de la línea que dictará en todo el artículo, a la mejor manera del Politbüro del Comité Central del Partido Dominante, para  posteriormente iniciar la argumentación en contra.

No se debería olvidar que la democracia representativa es un refinamiento de las formas primitivas de la democracia, que permite recoger lo mejor del sentir ciudadano y hacerlo compatible tanto con la complejidad de la estructura social -o que incluye el respeto a las minorías- como con la sofisticación en el análisis y la evaluación de las políticas que esa estructura social requiere.
En el párrafo precedente El Mercurio le adjudica a la “democracia representativa” que rige en Chile la calidad de “refinada”, es decir que es un producto de excelencia que ha sido purificado y mejorado de tal manera que es capaz de reflejar y considerar todos los matices que se pueden observar en una sociedad. Parece ignorar El Mercurio que lo que llama democracia representativa no existe en rigor en Chile ya que la Constitución del 80 está de tal manera concebida y apuntalada con una ley electoral y otras leyes que 1.- es poco menos que imposible reformarla, 2. obliga al soberano  a optar por los representantes de dos alternativas, dejando fuera todas las demás y le otorga un regalo a los que pierden la elección de manera tal que basta con un 30% de los votos para elegir un 50% de representantes, lo que es prácticamente un derecho a veto y 3. contribuye a la formación de oligarquías partidarias que controlan las nominaciones de candidatos. Es decir de “representativa” no tiene nada y menos de “refinada” ya que por refinamiento se entiende otra cosa definitivamente.
 

Entregar decisiones complejas y trascendentales para el bien social a fuerzas cuya principal virtud consiste en ser capaces de movilizar a las masas en un momento determinado no sólo sería una vuelta atrás, sino una abdicación de la responsabilidad que incumbe a los propios políticos. Tras el asambleísmo se esconde casi siempre la voluntad de imponer a una parte del país una decisión para la cual no existe consenso; por eso, se trata de una estrategia radicalmente antidemocrática.
El párrafo que precede es realmente “refinado” en su argumentación, mezclando hábilmente mentiras con verdades El Mercurio intenta convencernos que el ejercicio mas democrático posible en una Nación como es la Asamblea Coanstituyente es “radicalmente antidemocrático”.
Para ello asegura que “entregar decisiones complejas y trascendentales para el bien social...” sería una vuelta atrás. ¿Hacia donde “atrás”?. ¿A la constitución de 1925 que es la de 1833 reformada?. Es claro, se refiere a la falta de “refinamiento” que tenía el orden constitucional que El Mercurio ayudó decididamente a derrocar “manu militari” en 1973. Luego expresa el miedo que le tiene la oligarquía a “las masas” que no son otra cosa que el conjunto de votantes que a su vez son el soberano que no solo paga todo en Chile, sino que lo hace todo y sostiene todo el país. El dueño de Chile, el que es tenedor de la soberanía. El soberano no está obligado a jugar en la cancha rayada de vallas y trampas que le pusieron a la Constitución de 1980, para liberarse de un engendro oligárquico como la “ley fundamental” por mas que El Mercurio lo califique de “refinado”.
Teóricamente Chile desde el 11 de septiembre de 1973 a las 13 horas se encuentra en el “Estado de Asamblea” que preveía la Constitución derogada por el golpe para el caso que un grupo sin tener mandato legítimo alguno se tomase el nombre del pueblo para imponer un gobierno.
Este “estado de asamblea” es descrito incluso en la mencionada constitución y consiste en que los ciudadanos se reúnen en todo el país para deliberar e imponer la instalación del orden destruido por los subversivos, como era el caso en esa época. Así es que mal puede El Mercurio intentar hacernos comulgar con la rueda de carreta de que “las masas” conducidas por demagogos tratarían de “imponer” al país decisiones para las que no existe consenso. Naturalmente que El Mercurio trata de hacer pasar sin comentario y dar por sabido que la “refinada” “democracia representativa” opera por consenso cuando cualquier escolar sabe que es por mayoría y nosotros sabemos en Chile que cada día que pasa hay una mayoría transversal que quiere cambiar el orden constitucional y legal chileno a favor de “las masas” que son las perjudicadas por la “refinada democracia representativa” por mas que El Mercurio trate de “venderla” como la mas perfecta de las instituciones que haya visto la humanidad, que cuando se trata de sus dinerillos, El Mercurio y los que representa se ponen líricos.
Finaliza el párrafo diciendo que si no hay “consenso” el intento sería “antidemocrático”. Claro, sabemos que el que decide que es “democatico” y que no lo es es El Mercurio y la clase que representa.
 
En el caso de Chile, además, un mínimo conocimiento de la historia reciente basta para advertir con toda claridad los peligros del asambleísmo y de la pérdida de valor de la democracia representativa. De allí que los constructores de la transición a la democracia se hayan cuidado especialmente de evitar el intento de resolver los innumerables conflictos que se plantearon en ese período abdicando de sus responsabilidades y entregándoselas a una asamblea. El éxito de la transición chilena -aunque a algunos les parezca lenta, es sin duda un proceso exitoso- se debe en buena parte a dicha prudencia alimentada de la conciencia histórica. Esta conciencia tiene como fuente el conocimiento de la historia chilena del siglo XX, del cual parecen carecer algunas figuras políticas emergidas en época más reciente.

En el párrafo precedente el Decano asume una actitud paternal. Los que hablan de Asamblea Constituyente no conocen el pasado reciente de Chile. Por eso les recuerda que el golpe eliminó lo que el mismo diario denomina „asambleismo“. ¿A que se referirá el oráculo?. ¿Era asambleismo el Congreso Nacional que usaron a su antojo para sus fines particulares y subversivos?. ¿Era asambleísmo la conspiración en los cuarteles, en los buques de la marina y ein los círculos sociales santiaguinos?. La verdad es que nunca lo sabremos. Lo que si es claro El Mercurio les dice a los políticos chilenos que deben mirar a los „padres“ de la transición para imitarlos ein su oportunismo, cobardía y todas las cualidades que los „distinguieron“ cuando escamotearon la voluntad popular y prometiendo Asamblea Constituyente; reforma a las FFAA; revisión de las „Privatizaciones“ y un largo etc. se acomodaron en la administración pinochetisa y no hicieron otra cosa que seguir acomodandose a costa del cheque ein blanco que las chilenas y chilenos les pasamos para que hicieran la transción.

La clase política ha mostrado que es posible alcanzar acuerdos para reformar, incluso radicalmente, las instituciones fundamentales sobre las que descansa nuestro Estado de Derecho, tal como ocurrió con la profunda reforma constitucional de 2005. Este proceso permite prever que, si se producen los acuerdos necesarios y amplios que son indispensables para realizar cambios de semejante jerarquía, tales modificaciones estructurales se van a producir. Pero es mucho lo que nuestro país ha tenido que sufrir para alcanzar el equilibrio institucional que hoy posee, como para arriesgarlo irresponsablemente con propuestas asambleístas que sólo pueden tener sentido en países y situaciones en que las instituciones democráticas son meramente nominales o se encuentran al borde del colapso.

¿Tendrá razón El Mercurio cuando anuncia tácitamente que la institucionalidad chilena no se encuentra en crisis porque el país no lo está?.
Este último párrafo revela lo que quiere obtener El Mercurio con su nota editorial: Un llamado de urgencia para que la „clase política“ a su servicio saque el instrumentario oportunista y manipulador del cajón donde lo tiene guardado y comience manipular esta peligrosa tendencia o exigencia popular por una Asamblea Constituyente.
No debemos olvidar que son maestros en esto de tergiversar la voluntad popular, posar de „revolucionarios“ y como el príncipe del Gatopardo „cambiar todo para que nadie cambie“. Lo hemos visto en los últimos 20 años.
Por eso El Mercurio cuando escribe que „La clase política ha mostrado que es posible alcanzar acuerdos para reformar, incluso radicalmente, las instituciones fundamentales sobre las que descansa nuestro Estado de Derecho, tal como ocurrió con la profunda reforma constitucional de 2005.” está haciendo un llamado en el sentido que consignamos mas arriba, lo que a su vez significa que el tema “Asamblea Constituyente” está madurando en la sociedad chilena ya que El Mercurio no da puntada sin hilo y es previsor y con este editorial y seguramente con otros que vendán, está tratando de conjurar un “peligro” para la clase dominante chilena que se cierne amenazador con nada menos que una democratización real de Chile, la misma que impidieron en 1973...

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