André Sougarret (46), el cerebro del rescate del siglo en la mina San José:

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"En los sondajes ocurrieron cosas que no tienen ninguna lógica ingenieril. Creo que 'algo' sucedió"

Llevaba una vida anónima hasta que el 9 de agosto lo citaron a La Moneda, lo bajaron al subterráneo, lo subieron a un auto con escolta y, sin entender nada, se embarcó con el Presidente rumbo a Copiapó. Tras setenta días de trabajo, y a pocas horas de haber rescatado a los 33 mineros, el ingeniero de Codelco ofrece su última entrevista antes de retomar su vida en Rancagua. Aunque es un técnico racional, habla de cosas inexplicables de la operación: "Algo nos ayudó: la fe, la oración, las ganas de todo el mundo de que esto se mejorara...". 

Rocío Montes Rojas Desde Bahía Inglesa

Pocos días antes del rescate del siglo, que logró sacar a 33 hombres que vivieron 69 días a 700 metros bajo tierra, el ingeniero a cargo de la operación tiene ganas de jugar. André Sougarret Larroquete (Santiago, 1964) hace un alto en las labores y, junto a su colega René Aguilar, se aleja de la zona de trabajo. Camina en dirección al campamento Esperanza de la mina San José. Las familias de los atrapados esperan entre el polvo y el sol que curte la piel. Ha llegado prensa de toda América, Europa, África, Asia y Oceanía para ser testigos de la histórica hazaña. El ingeniero ve por primera vez, y con sus propios ojos, la loca ciudadela que se ha instalado a los pies del socavón. Observa cada detalle, se pasea entre 2.500 personas, pero como si fuera un ser invisible, nadie lo ve. Quiere pasar inadvertido y se pone un jockey.

"Fue una travesura", dice Sougarret. "Ahí nos dimos cuenta de la cantidad de gente que había. Era como ir a la Pampilla", relata en su última entrevista antes de partir de regreso a casa. Quiere dar por finalizado este ciclo y retomar su vida. Lo tiene difícil tras el rescate: la gente lo reconoce en la calle y le pide fotografías. El ingeniero se siente incómodo y no cree tener méritos para transformarse en un personaje de interés público tras el exitoso operativo de los 33.

Ingeniero de la Universidad de Chile, casado, tres hijas, sin militancia política, vive en Rancagua y es gerente de minas de Codelco en El Teniente. Es jueves y el reloj marca las 10 PM. Hace sólo veinticuatro horas estaba junto al túnel culminando el exitoso rescate que devolvió la vida a 33 chilenos. No viste uniforme de trabajo ni el casco con que 1.000 millones de personas alrededor de la Tierra lo vieron durante la operación. Quizás por ello se le ve distinto, más joven. Es un tipo simpático y sencillo. No parece tener conflictos con la prensa, como indica su fama. Habla suave y calmado, mientras se toma una sopita de huevo y picotea una ensalada con la mano. Esta conversación se realiza en el hotel en Bahía Inglesa donde se aloja desde el lunes 9 de agosto, cuando en un maratónico operativo fue "capturado" por el Gobierno para comenzar la tarea más compleja de su existencia: devolverles la vida a 33 chilenos.

El "rapto" del 9 de agosto

-¿Puede relatar cómo es que usted llegó a hacerse cargo de todo esto 4 días después del derrumbe del jueves 5 de agosto?

-Me enteré el día viernes en El Teniente. Alguien comentó de este accidente en la III Región. Pero, entre tantas cosas que hacer, no le presté atención. Pasó el sábado y el día domingo en la mañana me llama el gerente general de Codelco y me dice: "André, tienes que estar preparado, porque esta cuestión es grave. De haber algo, mañana te vas a Copiapó. Te confirmo en la noche, porque parece que va a haber una reunión en alguna parte en Santiago". A las 10 PM, ya estábamos acostados, y me volvió a llamar: "Está decidido con el presidente del directorio encargarte a ti y a un grupo de la mina que vayan a ponerse a disposición de la gente que está a cargo del rescate para ayudar". Le avisé a mi señora y me hice una mochila.

-Seguramente era pequeña, porque no sabía que ese viaje duraría más de dos meses.

-Era bien chiquitita la mochilita. Yo me fui a acostar y, al otro día, inmediatamente nos pusimos en contacto con las personas de El Salvador que estaban participando del rescate. Nos contaron someramente qué era lo que estaba pasando. En eso me llamó el presidente del directorio, Gerardo Jofré, y me dijo: "André, tú estás designado para ir a ayudar. Pero esto es una cosa al más alto nivel: tienes que aparecer en La Moneda".

-¿Qué pensó usted?

-Pensé que estaban equivocados porque, ¿por qué me van a llamar a mí en La Moneda? Pero me reiteraron: "No, es verdad. Tienes que aparecer en La Moneda porque vas a tener una reunión con el Presidente para ver este tema del rescate". Me llamó el jefe de gabinete de Piñera y me preguntó: "¿Dónde estás?". "En Rancagua", le dije yo. "¿En cuánto tiempo puede llegar a Santiago?". "Una hora y media más". Y partí.

-¿Tenía algún vínculo con el Presidente?

-No, ninguno. No conocía ni La Moneda. Había pasado por fuera, obviamente, pero no había entrado.

-Tampoco conocía personalmente al ministro de Minería, Laurence Golborne.

-No, tampoco. Cero.

-¿En ese momento ya se había dado cuenta de la misión que se le estaba encomendando?

-No tenía idea y no sabía a qué iba. Juraba que había alguna cosa formada y que nosotros íbamos a aportar con lo que sabíamos. El asunto es que llegué a La Moneda, me subieron al segundo piso, y había hartos periodistas. Yo iba con mi casco y la mochila. Eso es todo lo que llevaba.

-Eso era un signo de que no tenía idea en qué se estaba involucrando.

-Andaba con blue jeans y, la verdad, me sentí un poco incómodo, porque todo el mundo andaba de terno. Y yo nada que ver cómo andaba vestido. Me encontré con Nelson Pizarro, que fue gerente de Codelco Norte. Estábamos los dos sentados esperando no sé qué cosa. "Esperen aquí", nos dijeron. A eso de las dos de la tarde nos dicen: "Vamos".

-¿A dónde?

-No sabía dónde exactamente, pero nos bajaron al subterráneo y nos metieron en un auto de esos con escolta y salimos hacia el aeropuerto. Iba muy rápido. Siempre uno mira cuando pasa el Presidente por la calle y ahora yo iba metido dentro. Íbamos en dirección al avión.

-Todo esto suena como una especie de rapto.

-Claro (se ríe). Tuve esa sensación.

-¿Alcanzó a llamar a su mujer y avisarle?

-No. Y tampoco me atreví (se ríe).

-Fue de película.

-Era como de película. Subimos al avión y me di cuenta de que iba Piñera adelante. Yo me quedé atrás, en el lugar donde iban sentados los pasajeros. Y partimos rumbo al norte, a Copiapó. Luego de un rato salieron él y la Primera Dama a saludar. Nos invitó a pasar adelante, donde van los presidentes, y él sacó un block y empezó a dibujar un poquito lo que él entendía que estaba pasando en la mina. Una cosa muy rara, muy general. Y ahí él me comentó que teníamos la misión de hacer el mejor esfuerzo para ir a rescatar a los mineros y que teníamos todos los medios para que esto sucediera. Yo me empecé a preocupar un poco, porque no sabía qué era lo que estaba pasando. No tenía la suficiente información como para decir algo.

-Pero sabía que había 33 hombres bajo tierra.

-Sabía que eran 33 mineros que estaban a 700 metros bajo tierra. Nada más. Nos bajamos en el aeropuerto, nos subimos a una van. Nosotros nos sentamos atrás. En alguna parte del camino, antes de llegar a la mina, se subió el ministro Golborne, y le hizo un reporte al Presidente que iba sentado adelante. De repente el Presidente dijo: "Explíquele mejor a los señores que van atrás, porque ellos tienen que entender qué es lo que está pasando". Tras un largo camino, llegamos al campamento.

-¿Con qué se encontró en los alrededores de la mina San José?

-Lo primero que vi fue un enjambre de prensa. Ahí él declaró frente a los periodistas que traía dos expertos.

-Fue cuando usted se enteró de que...

-...de que se supone que yo era el experto. "OK", dije, "ésta cosa está complicada".

-¿Qué sucedió entonces?

-Al rato me llamó alguien de la Presidencia porque necesitábamos ir a la carpa de los familiares. Nunca había estado en esta mina, no sabía dónde estábamos, era ya de noche, y caminamos unos pasos hacia el campamento donde estaba la gente. Me impresioné al ver las caras de angustia.

-¿Cuánta gente había?

-Unas 50 personas. Se notaba mucha cara de preocupación y, en algunos casos, de desesperación. Y de desconfianza. Me acuerdo que le dijeron algunas cosas pesadas al Presidente, por el hecho de haber pasado primero a la prensa y después haber hablado con ellos. Fue algo que posteriormente siempre cumplimos: hablar primero con los familiares y después con los periodistas. Eso se me quedó muy grabado. Luego el Presidente explicó que venía con estos expertos, que iba a tratar de solucionar el problema, y que iba a poner todos los medios posibles. Ese momento fue clave para mí, el inicio de todo.

-Usted se dio cuenta de que...

-...de que efectivamente yo me tenía que hacer cargo de la operación. El Presidente se fue y me quedé solo.

¡Abajo hay vida!

-¿Cómo terminó ese lunes 9 de agosto?

-Me reuní en las oficinas técnicas con geólogos, mecánicos, algunos operadores, y me quedé hasta las 11 de la noche, ya con un análisis más detallado. Después llegó la gente que estaba haciendo los sondajes y todos se empezaron a poner a mi disposición. Y yo sin conocerlos y sin entender quién era quién.

-¿Qué hizo esa noche?

-Llegó el resto del equipo de El Teniente, entre ellos René Aguilar, y lo primero que hice fue explicarles el problema de la mina en presencia de los técnicos. Ya estaba craneando qué era lo que podíamos hacer.

-A esas alturas ya sabía que era una tarea titánica y muy compleja.

-Era una tarea compleja, no tenía muy claro cómo solucionarla, pero bueno...Con René Aguilar, con quien trabajo más cercanamente, empezamos a discutir cómo armar esto y organizarlo todo. Había mucha gente: rescatistas, del sondaje, la misma gente de la empresa, etc. Me dieron un listado de nombres de las personas que estaban participando y me vine en la noche hasta el hotel para ver cómo lo íbamos a hacer. Con René Aguilar, sin preguntarle a nadie, decidimos tomarnos la conducción del operativo. Y empezamos a designar equipos, tareas y responsables. Nos empezamos a juntar todos los días muy temprano para asignar labores y definir una estrategia. Entramos a la mina el día martes y recién pude saber de qué estábamos hablando.

-¿De qué se dio cuenta?

-De que había posibilidades reales de que las personas pudieran estar vivas.

-¿Cuáles eran las razones técnicas para pensar que abajo había vida?

- Había tres razones muy sencillas: la mina tenía ventilación, la calidad de la roca era muy buena y, tercero, había agua. Preguntándoles a los trabajadores de la mina empecé a armar un cuadro de cuál era la situación: dónde estaban los mineros atrapados, el lugar en que había ocurrido el derrumbe, etcétera. Con todos esos elementos yo tenía claro que la zona donde estaban trabajando, al fondo, no era precisamente donde ocurrió el colapso. Ya con esos elementos uno podía afirmar que había una posibilidad.

-Usted le contaba estas novedades todos los días al Presidente vía telefónica...

-No sé si diariamente, pero, en la medida en que los distintos planes iban avanzando, lo hacía con alguna frecuencia. Él estaba preocupado, necesitaba detalles técnicos de los avances y de las reales posibilidades. Y con mayor premura cuando, a una semana de llegados, declaramos que teníamos que cerrar la mina. Ese fue un momento bien difícil, complicado, porque achicamos las posibilidades. Nosotros teníamos como estrategia entrar por la mina y, al mismo tiempo, tener los sondajes. Pero ingresamos, llegamos hasta el fondo, y nos dimos cuenta de que el tema era más grave de lo que pensábamos.

-¿De quién fue la idea de los sondajes?

-Cuando llegué ya estaban las máquinas funcionando. Pero cuando se cerró la mina, los ordenamos. Estábamos haciendo varios tiros y no había una estrategia muy clara. Lo que definimos fue que había tres tipos de técnicas de perforación.

-La idea era tener tres planes paralelos.

-Tres planes paralelos que buscaban conceptos distintos: algunos con mayor rapidez y otros con mayor precisión. Estábamos luchando contra el tiempo. Si queríamos ser muy precisos, nos íbamos a demorar mucho. Si queríamos ir más muy rápido, estas cosas se nos podían desviar. Entonces ahí empezamos a jugar: "Ya, vamos a dejar estas máquinas aquí, éstas acá". Generamos el área de planificación, otra de operación y otra de ejecución de las obras.

-Tras analizar que los 33 podían estar con vida, se enfrentaron a varios problemas, y usted alguna vez señaló que los dueños de la mina habían entregado mala información.

-La información no era errónea ni nada por el estilo, pero no tenía los estándares como para desarrollar trabajos de ingeniería a partir de ellos. En una mina hay que entregar el avance mensual, tener los planos de todas las labores que estás desarrollando, y eso no estaba. Por lo tanto había planos que no coincidían con la realidad. Segundo, que la información topográfica no era precisa.

Días de tensión y angustia

-¿Usted es creyente?

-Sí, soy creyente.

-¿Rezó durante estos meses?

-Más de alguna vez y tiene que ver con un proceso de reflexión de por qué estaban pasando ciertas cosas. Porque ocurrieron algunas situaciones que, en algunos aspectos, no tienen mucha explicación.

-¿A qué se refiere?

-En los sondajes ocurrieron cosas que no tienen ninguna lógica ingenieril. Creo que 'algo' sucedió.

-¿El ingeniero de esta operación habla de un milagro ?

-Yo hablaría de suerte. No es una especie de milagro, porque la verdad es que estábamos planificados para que esto sucediera. Pero un ejemplo: nosotros pensábamos que el sondaje iba a tomar una dirección y se iba en otra que nos beneficiaba. Eso ocurrió con el último, que finalmente se convirtió en el Plan B. No teníamos mucha esperanza de que llegásemos, pero el sondaje rompió. Necesitábamos que se verticalizara y cambiara de dirección en el fondo. Y eso ocurrió en el último tramo, cuando es más difícil. Y cayó justo en una esquina de la galería. O sea estamos hablando de centímetros. Tuvimos suerte ahí... o ayuda.

-¿De quién? ¿De Dios?

-Sí, bueno, han pasado cosas... Los números, no sé...

-¿Cree en todas las coincidencias del número 33?

-No tengo una explicación lógica, pero todo el mundo se pregunta, ¿por qué estos números? Algo nos ayudó: la fe, la oración, las ganas de todo el mundo de que esto se mejorara...

-¿Cuál fue el momento de mayor desesperanza?

-Cuando erramos en el primer sondaje debajo de los 700 metros, el 19 de agosto, cuatro días antes de saber que los 33 estaban con vida. Fue bien duro porque pasábamos ya hasta el último nivel de la mina y no hicimos contacto. La gente empezó a perder la paciencia y nos

exigía otra alternativa. Nos pedían que dejáramos entrar a los pirquineros a la mina. Razonablemente había dudas de si efectivamente íbamos a alcanzar una posición tan lejana, en un espacio tan reducido, con un sondaje tan pequeño.

-Cuando las familias querían que entraran los pirquineros usted le señaló al Gobierno que si eso sucedía, usted se retiraría de la faena.

-Lo que dije es que bajo mi responsabilidad ninguna persona iba a entrar a la mina. Muchos me pidieron ingresar. El papá de uno de los mineros, que es pirquinero, José Vega, fue a hablar conmigo y me pidió expresamente entrar de noche, sin que yo me diera cuenta. Le dije que eso era imposible. Él me decía: "Póngase en mi posición. Si usted tuviera un hijo dentro, ¿no lo haría?". Me dejó pensando, pero yo estaba convencido de que no era lo correcto. Esos días fueron difíciles, hubo mucha presión.

-¿Incluso del Gobierno?

-Más de alguien me sugirió que si alguno estaba dispuesto a su propio riesgo a entrar a la mina... Pero mi posición fue muy clara: mi objetivo era que las personas que estaban trabajando en el rescate también tenían que salir vivas. No podíamos aumentar el número de accidentados.

-¿Cómo vivió usted ese domingo 22 de agosto, cuando todo el país y el mundo vieron el mensaje de "Estamos bien en el refugio los 33"?

-Fue un momento intenso y, por lejos, el más potente. En ese instante cambió el curso de las cosas: este hecho nos daba tiempo para mantenerlos con vida y hacer lo necesario para poder sacarlos.

-El minero Luis Urzúa dijo tras salir que los mineros hicieron llegar varios papeles y no sólo el de "Estamos bien en el refugio los 33". Había algunos que decía "Mándame pan", "tengo hambre", "cuida a la familia". ¿Esos mensajes se perdieron en el camino? ¿O llegaron y se guardaron?

-No recuerdo que hayan llegado papeles con otro tipo de mensajes.

-Usted lo debe saber: si la primera sonda llegó el domingo 22 de agosto a eso de las 6 AM, ¿por qué se esperó al Presidente Piñera para que él diera la noticia?

-No, no es así. Efectivamente a las seis se hizo contacto. Me llamaron a esa hora que fue cuando se rompió. En ese momento subimos rápidamente a la mina para tener la certeza de que había personas vivas. La única forma de poder verificarlo adecuadamente era ingresando con una cámara de televisión y audio. Para poder hacer eso, había que sacar todas las barras. Ese proceso llevaba por lo menos unas cinco horas. Es cierto que se escuchaban ruidos, pero el día lunes anterior también hicimos contacto con una cavidad que no tenía nada, donde no estaban los mineros, y también la gente escuchaba que estaban golpeando. Nosotros metimos una cámara de televisión y no había nada. Entonces no teníamos la certeza, aunque escucháramos golpes...

-¿Por eso transcurrieron tantas horas antes de que el Presidente diera la noticia?

-La verdad es que los mineros fueron más astutos, porque, cuando nosotros sacamos las barras, lo primero que vimos fue una marca de pintura. Con eso yo dije: "Al menos hay una persona viva". Después aparecieron las dos cartas, y aparecieron varios nombres. Pensé: "Por lo menos hay 6 vivos". Y después apareció el famoso mensaje que todos conocimos y ya con eso hubo certeza de que estaban todos bien. Posteriormente bajamos la cámara de televisión, de acuerdo al protocolo. Por lo tanto, eso de que esperamos al Presidente no fue de esa forma. Se le dijo que se había hecho contacto a las seis de la mañana y él tomó la decisión de viajar a Copiapó. En el momento en que se recibió el papel se le informó al Presidente, que se demoró 10 minutos en llegar desde el helipuerto e informar a los familiares, como era lo correcto.

-Cuando ya hacen contacto con los 33, ¿qué tipo de conflictos tenían?

-Lo primero que uno hubiese esperado es que hayan estado en un estado calamitoso y eso no sucedió. Lo primero que hicimos fue priorizar la alimentación y, poco a poco, fuimos entablando una conversación más profunda sobre lo que había pasado. Por otro lado, ordenamos nuestra comunicación con ellos jerárquicamente. Siempre nos manejamos con el jefe de turno como autoridad en la mina, Luis Urzúa.

-En un comienzo la autoridad de Urzúa fue puesta en duda por el resto, según trascendió... ¿Era importante fomentar un solo liderazgo?

-En un grupo grande como éste, de 33 personas, necesitábamos que hubiera orden y mantenerlos ocupados. Que tuvieran una dirección clara de manera de crear confianza y disciplina a la hora de ejecutar el trabajo. Era un tiempo largo el que iban a estar bajo tierra y, por lo tanto, era necesario crear esa organización.

-¿Qué le relataron los mineros cuando usted los visitó en el hospital de Copiapó esta semana?

-De alguna manera, organizaron una estructura por afinidades. Los más jóvenes, los más antiguos, los más cercanos, los que eran familiares, en fin. Lo más probable es que hayan existido conflictos, pero los supieron resolver. Podrían haber peleado por comida, y no me cabe ninguna duda de que ese fue un tema. Sin embargo, pudieron montar una organización tal que les permitió racionar la alimentación el tiempo suficiente.

"OK. Los mineros están fuera"

-¿Cuándo usted tuvo la certeza de que el operativo se iba a producir en octubre?

-Cuando estaban ya las tres máquinas funcionando, por los rendimientos que empezaron a tener. Recuerdo que las dos perforadores, el plan B y C, partieron el mismo día, el 19 de septiembre. Entonces yo le dije al ministro: "Dejemos que pasen unos tres a cuatro días y vamos a tener una primera estimación". Es decir, alrededor del 25 de septiembre tuve una estimación porque todos los días iba haciendo mi propia revisión. Siempre me daba primero el plan B, segundo el plan C y tercero el plan A.

-Siempre confió en el plan B, que finalmente fue el que resultó.

-Sí. De hecho me gané una comida con el ministro, porque él apostaba a la petrolera, al plan C. Y yo le dije que no, que el plan B iba a ganar. Y había una razón muy fundamental: que el plan B usaba una perforación preexistente, que fue el tercer sondaje. Eliminaba una incertidumbre bien importante, que era llegar.

-Esto se lo pregunto porque se ha hablado mucho sobre el manejo de los tiempos por parte del Gobierno. Incluso el Presidente habló de que sería en Navidad...

-Esos diagnósticos eran alimentados por la información que nosotros les entregábamos.

-¿Cómo durmió la noche antes de que empezara el rescate?

-Muy tranquilo porque, cuando vi el video del pozo con "casing", hicimos una prueba, que no anunciamos: bajar la cápsula Fénix antes de colocar este sistema de izaje. Eso fue tres días antes del rescate. Usamos un sistema de huinches, que es el mismo que baja la paloma, lo colocamos, y bajamos la jaula hasta los 610 metros. Y bajó y subió. Entonces dije: 'Ya, estamos OK. Los mineros ya están fuera'. Con eso ya tenía la seguridad. No lo quisimos llevar hasta abajo porque se nos podía subir una persona.

-¿O sea no había prácticamente ningún riesgo la noche que empezó el rescate? ¿O lo dice ahora que todo salió bien?

-Ninguno. La verdad es que nunca dudé de que el viaje sería impecable. Esta operación se hace diariamente en todas las minas que tienen este sistema de transporte en otros lados. El día del rescate no había ninguna posibilidad de falla.

-Durante el rescate se veía por la TV una inmensa bandera chilena que tapaba la vista a los medios, como una especie de biombo, y luego se corrió. ¿Quién decidió que la salida de Fénix se hiciera pública?

-La verdad es que eso no lo manejo. Esa era una cuestión del Gobierno de qué quería transmitir y qué no. Y en un momento a mí me preguntaron, hubo una discusión sobre eso. Nosotros habíamos construido una plataforma para la prensa y era medio ilógico que les diéramos espacio para que miraran y que después lo tapáramos. El argumento era la privacidad de los mineros al momento de salir. Los médicos pensaban que podían salir mal, sufriendo, en fin. Pero la verdad es que, a través de la conversación con los mineros abajo, se notaba que estaban bien y sanos, como finalmente salieron. Ellos podrían haber salido caminando. Yo sé que hay que tomar ciertas precauciones, en fin, pero bueno... Era un momento importante la salida de la cápsula y creo que era trascendente que lo vieran porque nosotros siempre garantizamos la transparencia de este proceso. Y en el último minuto, ¿por qué no lo íbamos a hacer? Lo que sí me complicó fue el tema de los familiares a la salida.

-¿A qué se refiere?

- No sabía que iban a pasar muchas de las cosas que pasaron, en el sentido de que hay ciertas emociones que no se podían controlar. El reencuentro de los mineros con sus familiares era una cuestión privada, creo yo, y se hizo público. Por ejemplo, una niñita, hija de minero, ante tanta gente, tantos medios, ¡estaba asustada! Y no sé si era bueno exponer a niños a ese tipo de tensión y no esperar un momento más privado de reencuentro entre cada uno de los mineros y su familia. Sacarlos, que los médicos los vean y llevárselos me parecía que era lo lógico. Pero, bueno, yo no manejaba este tipo de situaciones.

-No estuvo de acuerdo con que se haya televisado ese momento.

-Ese momento del reencuentro. Creo que es algo personal, eso en realidad tiene que ver más con las personas, aunque hay gente que le da lo mismo. Pero si a mí me hubiera pasado, yo no habría estado dispuesto a compartirlo porque yo creo que es una cosa privada.

-Se le vio emocionado.

-Soy persona y, obviamente, fueron momentos bien emotivos. Cuando salió Florencio y estaba el hijo llorando porque estaba nervioso y ansioso porque quería ver a su papá. También me quebré cuando salió Richard Villarroel. Quizás por la acumulación de tanta tensión. Ver a su mamá muy emocionada decirle "mi niñito"... Fue fuerte.

Sin pena por dejar el campamento

-¿Qué porcentaje de esta operación es netamente chileno?

-Lo que es el diseño de esta operación es netamente nuestro, por lo que creo que en un 95% es chileno. Obviamente hemos comprado elementos y suministros que son extranjeros. Y la NASA, que se involucró en un ámbito médico. Pero desde el punto de vista ingenieril, hubo recomendaciones, gente que opinó, pero no llegó un súper experto que viniera a decirnos cómo había que hacerlo ni nada por el estilo.

-Respecto de su vida privada y profesional, ¿podrá llevar la misma vida que llevaba antes en Rancagua?

-Eso es lo que quiero, la verdad. Creo que en la mina El Teniente tenemos desafíos muy grandes y espero volver a terminar lo que dejé no concluido. Probablemente llegaré con una experiencia de vida muy distinta, pero yo voy a volver a lo mío. Seguro que me van a invitar a contar la experiencia, pero pretendo mantenerla en el círculo técnico donde estoy trabajando.

-¿No le preocupa lo que va a pasar en el futuro con los 33 mineros?

-Sí, mucho. Me preocupa que a los mineros los medios de comunicación los suban y después desaparezcan. Es muy fácil que las cámaras nublen a las personas que probablemente, a lo mejor, no tienen la preparación para discriminar lo que es una cosa momentánea de algo que puede ser más trascendental. Se los dije en el hospital: que se cuidaran, que no vieran tantas luces y que disfrutaran de estar de vuelta con sus familias.

-¿Le da pena dejar el campamento Esperanza?

-No, para nada. Tengo ganas de volver finalmente a mi rutina. Mi familia vino a verme al hotel y tuve un fin de semana que me escapé un sábado y un domingo a Rancagua, pero además de eso no he vuelto a mi casa.

-Antes de irse, ¿no está tentado de bajar por el acceso que dejó la T 130, por donde salieron los mineros?

-Estuve tentado, pero la verdad es que reflexioné y me dije a mí mismo que cómo se me podía ocurrir eso. Si luchamos tanto tiempo por sacar a seres humanos, volver a ingresar sería une tremenda irresponsabilidad